Episodio 51-60
#51
Después
de encontrar una farmacia cercana, I-won compró un medicamento para el
resfriado y una pomada. Mientras pagaba, vio parches adhesivos para el dolor en
una estantería. Tomó una bolsa y la puso sobre los medicamentos de Jang Beom.
"Esto
también, por favor".
Solo
había movido a Jang Beom de la cocina a la cama, pero le dolía todo el cuerpo.
Claro, la razón principal era que había estado pegado a él durante los últimos
días.
I-won
soltó un quejido ante el dolor sordo que sentía en la cintura y las piernas.
‘Ni
cuando trabajaba en obras de construcción usé parches para el dolor’.
Definitivamente,
tendría que ver a Jang Beom con menos frecuencia.
Hoy
lo había confirmado. Si Jang Beom lo seducía con su cuerpo, I-won no podía
resistirse, y si seguían así, se quedaría en los huesos en poco tiempo. Incluso
si estaba dispuesto a soportarlo, no quería que Jang Beom viera su cuerpo
cubierto de parches.
Al
salir de la farmacia, I-won llamó a su madre. Había recordado algo que había
olvidado decir antes de salir de casa.
"Mamá.
Hoy no vayas al hospital con Haeju, quédate en casa".
No
podía permitir que su madre llevara a Haeju, que estaba resfriada, con Jeong-min
en ese clima tan frío.
Normalmente,
I-won se habría quedado con Haeju mientras su madre iba al hospital. Pero como
había salido corriendo de casa de repente, su madre debió de sentirse bastante
desconcertada.
I-won
decidió decir lo que había estado guardando para cuando su madre aceptara de
buen grado a Jang Beom.
“Beom
hyung dijo que va a pagar los gastos del hospital, que contratemos un cuidador.
De 4 a 8 de la tarde será fijo, y si necesitamos en otro horario, solo hay que
llamar al hospital”.
Sentía
que ya podía decírselo sin problema.
Su
madre tardó un rato en responder y, al hacerlo, sonó algo avergonzada.
—
No sé cómo vamos a pagar todo esto.
“Yo
lo pagaré después”.
Aunque
no sabía si sería dentro de diez o veinte años, pensó I-won al terminar la
llamada con su madre.
‘Si
quiere recuperar todo eso, tendrá que quedarse conmigo toda la vida’.
Con
paso ligero, I-won volvió a casa de Jang Beom y fue directo al dormitorio. Se
tiró en la cama junto a él, que aún dormía profundamente, y se quejó.
“Señor,
¿te duele mucho?”.
Al
tocarle la frente, notó que la fiebre que lo abrasaba había bajado bastante
desde que fue a la farmacia. No parecía necesario llevarlo al hospital de
inmediato.
I-won
suspiró con alivio mientras acariciaba suavemente la frente de Jang Beom.
‘Menos
mal que mamá dijo que sí antes de que este hombre cambiara de parecer’.
Aunque
fue él quien dijo que no lo vería hasta que su madre lo aceptara, en el fondo
estaba muy ansioso. Tenía miedo de que Jang Beom conociera a otra persona
mientras él no daba señales. Por eso presionó a su madre para que respondiera
rápido.
Para
alguien como Jang Beom, que seguramente había tenido muchas parejas, terminar
una relación no debía ser gran cosa. No parecía que fuera a sufrir
especialmente por una ruptura con I-won. En cambio, él probablemente no comería
durante al menos una semana.
I-won
retiró la mano del rostro de Jang Beom y cruzó los brazos debajo del mentón.
‘Ni
siquiera parecía triste ayer’.
Cuando
la madre de I-won le pidió a Jang Beom que no lo viera más, y cuando I-won le
dijo que no se verían sin su permiso, él solo reaccionó con indiferencia. Hasta
daba pena haber estado tan preocupado por si se sentía herido.
Por
eso, no le molestó nada que Jang Beom lo tratara de forma tan fría hace un rato
en la cocina.
‘Parece
que sí le molestó un poco’.
I-won
se enderezó sobre la cama y le dio un beso en la mejilla a Jang Beom.
En
ese momento, Jang Beom, que parecía profundamente dormido, frunció el ceño y
giró levemente la cabeza. Abrió los ojos y lanzó una mirada aguda a I-won antes
de preguntar:
“¿Cuándo
llegaste?”.
¿Eh?
¿Se había golpeado la cabeza cuando cayó en la cocina?
Parecía
haber olvidado por completo lo que pasó antes de desmayarse en la cocina.
Con
expresión confundida, Jang Beom miró de reojo su dormitorio y la cocina,
rascándose la nuca. Parecía no distinguir bien entre sueño y realidad. Quizás
la fiebre le nublaba los sentidos y pensaba que todo había sido un sueño.
I-won,
con el rostro cada vez más rojo, se cubrió la mitad con los brazos cruzados y
mintió sin querer:
“...Ahora
mismo”.
Le
daba vergüenza haber confesado su amor tan entusiasmado por la pasión del
momento. Aunque era sincero y no le importaría si Jang Beom lo recordaba, si lo
confundía con un sueño, tampoco importaba.
Podía
confesarlo de nuevo. Y si se le daba otra oportunidad, quería hacerlo en una
situación más romántica. Cualquier cosa sería mejor que tener las piernas
abiertas sobre la mesa.
Sacudiendo
la cabeza para borrar esa imagen, I-won dijo.
“Despierta
y toma el medicamento. Creo que te has resfriado, así que la compré”.
“……”.
Jang
Beom lo miró fijamente durante un rato antes de preguntar:
“¿Viniste
solo a darme medicina?”.
“Ah”.
Si
de verdad pensaba que lo que pasó en la cocina fue un sueño, era lógico que se
sorprendiera por la visita repentina. Después de lo de ayer, no debía ser fácil
para él imaginar que la madre de I-won cambió de opinión en tan pocas horas.
“Sí.
Y también para hacerte un flan de huevo”.
Ante
la expresión confundida de Jang Beom, que fruncía las cejas, I-won agregó.
“Mamá
dijo que está bien que te vea”.
Apenas
dijo eso, le entró la curiosidad de ver cómo reaccionaba Jang Beom.
Cuando
tenía fiebre y estaba medio dormido, parecía un poco molesto, pero también
aliviado. Lo único claro era que le había besado de inmediato, como si
estuviera feliz. Ahora, I-won lo miraba con atención, tratando de leer alguna
emoción en su rostro ya recuperado.
Jang
Beom pareció un poco sorprendido, levantó la cara de la almohada y parpadeó.
Luego, volvió a dejar caer la cabeza con un tono indiferente.
“Qué
bien”.
La
respuesta apática de Jang Beom hizo que I-won se enfurruñara de repente.
“¿Eso
es todo?”.
¿Qué
es esto? ¡Si tú también dijiste que me amabas!
Jang
Beom había dicho claramente ‘yo también’ cuando I-won le confesó su amor. Si
eso era verdad, ¿no debería reaccionar con más emoción? Tanto cuando dijo que
no lo contactaría más como ahora que sí podrían seguir viéndose.
Parece
que Jang Beom, en medio de la emoción del sexo, dijo algo que en realidad no
sentía.
I-won,
de pronto molesto, perdió las ganas de hacerle flan de huevo. Se levantó
bruscamente de la cama y dijo con frialdad.
“Me
voy”.
“Antes
de irte, tráeme una botella de agua. Para tomar la medicina”.
Jang
Beom, acostado de lado, se cubrió con la manta y dijo.
I-won,
que se había visto obligado a hacerle un favor justo cuando estaba de mal
humor, frunció los labios y lo miró con furia.
Pero
al ver a Jang Beom temblando de frío bajo las mantas, no pudo evitar
compadecerse de él y terminó por traerle el agua.
Jang
Beom tomó la botella de agua y, con esfuerzo, se incorporó.
Se
sentó sin fuerzas en el borde de la cama, tosiendo, mientras abría el medicamento
para el resfriado.
Esa
imagen hizo que a I-won se le ablandara el corazón de repente, así que volvió a
sentarse a su lado con gesto preocupado y preguntó.
“¿Prefieres
agua tibia?”.
Entonces,
Jang Beom, que estaba bebiendo agua, giró bruscamente la cabeza y soltó un leve
puf.
Parecía
que se aguantaba un estornudo para no contagiarle el resfriado a I-won.
I-won
le acarició suavemente la espalda mientras él contenía la tos encogiéndose de
hombros.
Cuando
la tos se calmó y volvió a girarse hacia I-won, Jang Beom parecía estar
reprimiendo una sonrisa, moviendo ligeramente los labios.
De
verdad debía de estar bastante mal.
“¿Quieres
flan de huevo y algo de gachas?”.
“No,
ve. Ya casi es hora de que trabajes”.
Con
voz temblorosa, Jang Beom habló y señaló el reloj de la pared con un movimiento
de la barbilla.
Si
no salía de inmediato, llegaría tarde al trabajo.
I-won,
tras ver la hora, miró a Jang Beom y preguntó.
“¿Estarás
bien solo estando enfermo?”.
“¿Cuándo
ha habido alguien conmigo cuando estaba enfermo?”.
“Diciendo
eso, me dan aún menos ganas de irme”.
“Por
eso lo dije. Para que pienses en mí todo el día mientras trabajas”.
Jang
Beom, de pronto sonriendo pícaramente como si no estuviera enfermo, volvió a
ponerse serio enseguida y añadió con naturalidad.
“Vete.
Te vas a contagiar”.
Como
no podía faltar al trabajo de repente, I-won se levantó.
A
paso lento, casi arrastrando los pies, cruzó el umbral de la habitación cuando
Jang Beom lo llamó con voz baja.
“I-won”.
Iwon
se detuvo y se giró.
Jang
Beom seguía sentado al borde de la cama.
Mirándolo
con naturalidad, Jang Beom dijo.
“¿Quieres
vivir conmigo?”.
#52
“¿…Perdón?”.
I-won
repitió mecánicamente, sin comprender del todo lo que acababa de escuchar. Las
palabras que siguieron de Jang Beom fueron aún más impactantes.
“Que
si dejaría de hacer cosas de gánster… ¿vivirías conmigo?”.
I-won
se quedó congelado en el lugar como un juguete que de pronto se quedo sin
batería.
***
Jang
Beom observó con curiosidad a I-won, que parecía haberse averiado de repente.
‘Qué
divertido’.
Parecía
realmente impactado por la propuesta de vivir juntos. I-won tenía la boca
entreabierta y la mirada perdida en algún punto del vacío. Se notaba que su
mente estaba corriendo a mil por hora con todo tipo de pensamientos.
Parecía
que le iba a tomar un buen rato procesarlo, así que Jang Beom tomó el cigarro
que había dejado sobre el cabecero de la cama. Sin apartar la vista de I-won,
lo encendió. Dio una calada tan profunda que el humo le hizo fruncir el ceño.
‘Seguro
que ya se está haciendo sus películas’.
Le
intrigaba saber con qué respuesta loca saldría esta vez.
De
algo estaba seguro, I-won iba a rechazarlo. Era un chico de veintidós años que
apenas había conseguido el permiso de su madre para empezar a salir con
alguien. Vivir juntos no solo era algo demasiado prematuro, sino también poco
viable dadas sus circunstancias. En su familia de tres, tenían que mantenerse
unidos para cubrir el vacío que había dejado Woo Jeong-min, quien había sido el
verdadero sostén del hogar.
Además,
Jang Beom también necesitaba tiempo para dejar todo. No iba a ser fácil, tal
vez le tomara uno o dos años. Incluso si I-won decía que sí, no podrían mudarse
juntos de inmediato.
Aun
así, ver a I-won congelado por semejante bomba fue tan divertido que decidió no
explicarle nada más y dejarlo en ese estado de shock.
Mientras
observaba el atuendo de I-won, pensó.
‘Si
ibas a decirme que me amabas, deberías haber estado preparado para escuchar
algo como esto’
I-won
vestía exactamente igual que en el sueño que había tenido Jang Beom.
No
era solo por la ropa, sabía perfectamente que lo que pasó en la cocina no había
sido un sueño. Jang Beom no era tan inconsciente como para confundir sueño y
realidad estando sobrio. Esa mañana había tenido tanta fiebre que parecía que el
cerebro se le derretía, y en su confusión matutina, lo confundió por un momento
con un sueño.
Además…
‘Fue
como algo sacado de un sueño’.
Era
difícil de creer que algo tan bueno fuera real. Ver a I-won esa mañana,
escucharlo decir que lo amaba… y ni hablar de su cuerpo languidecido de forma
provocadora en la cocina, todavía embriagado por el deseo.
Jang
Beom seguía mirando a I-won, que todavía parecía estar en modo error.
‘Esto
va a tomar todo el día, me parece’.
Si
I-won volvía a perder su trabajo por su culpa, seguramente concluiría que ‘realmente
no debía juntarse con alguien tan problemático’. Era momento de que espabilara.
Justo
cuando pensaba que era una pena no poder escuchar la divertida respuesta que
esperaba, I-won murmuró.
“No
tengo pasaporte”.
“¿Qué?”.
La
respuesta completamente fuera de lugar hizo que Jang Beom frunciera el ceño. I-won
tenía la expresión de alguien que acababa de recibir una misión más grande de
lo que podía manejar. Sus ojos se movían nerviosamente de un lado a otro.
“Para
casarnos tendríamos que irnos al extranjero. Y yo no tengo pasaporte, ni dinero
para un boleto de avión. No, espera, es que… en mi situación actual… Si algún
día me caso, pensaba que tú leerías el discurso en la boda”.
¿En
serio? ¿Ya llegó hasta ese punto? De verdad, cuando se trata de imaginar cosas
imposibles, I-won era todo un experto.
Aunque,
bueno, Jang Beom ya sabía que eso venía de su naturaleza cautelosa. Era alguien
con muchos motivos para pensar demasiado ante cualquier pequeño cambio. Lo más
probable es que al oír la propuesta de vivir juntos, su mente se haya ido
directa a la idea del matrimonio, y se haya quedado colapsada de ahí en
adelante.
‘Está
claro que no contempla ni en sueños la idea de convivir sin estar casados’.
De
verdad, no sabía si considerarlo recatado o descarado.
Jang
Beom apagó el cigarro en el cenicero y dijo.
“No
te estoy diciendo que vivamos juntos ya, así que deja de pensar en cosas raras”.
“¿De
verdad?”.
I-won
alzó la vista, buscó su mirada y, al ver que no mentía, pareció aliviado.
Luego, con los dedos jugueteando nerviosamente, preguntó con cautela.
“...Pero
lo de dejar tu trabajo… ¿es en serio?”.
Solo
estaba adelantando algo que tenía pensado hacer de todos modos. Aunque lo
dejara, su naturaleza no iba a cambiar mucho.
De
todos modos, Jang Beom asintió con la cabeza.
“Sí”.
En
ese momento, I-won sonrió con una expresión tan radiante que a Jang Beom se le
cayó la mandíbula por un instante y parpadeó, sorprendido.
“Ah”.
Por
alguna razón, su cuerpo se tensó y I-won, que estaba de pie en el umbral de la
habitación, corrió hacia él de un solo paso.
Sin
detenerse, I-won abrazó a Jang Beom con fuerza y se
dejó
caer en la cama, gritando.
“¡Sí!
Si quiero”.
“Oye.
Puedes resfriarte”.
Jang
Beom, inusualmente nervioso, giraba la cabeza de un lado a otro para evitar a I-won,
quien seguía intentando besarlo. Su corazón latía con fuerza.
I-won,
quien finalmente logró besar a Jang Beom con sinceridad, habló alegremente.
“Cuando
sea, me casaré contigo. Entonces viviremos juntos”.
Jang
Beom cambió de opinión al instante.
“Bueno,
si pudiera resfriarme, lo habría hecho antes”.
Jang
Beom se encogió de hombros, agarró la barbilla de I-won y lo besó de nuevo. Su
rostro aún era lo suficientemente pequeño como para sostenerlo con ambas manos,
y su cabello y piel desprendían un aroma limpio... sin aroma. Sus labios tenían
la cantidad justa de volumen, y al mordelo con los dientes, era tan dulce que
uno se preguntaba si saldría jugo, y no sangre. Jang Beom frotó la espalda de I-won
mientras hundía la mano en su boca bajo su camisa. Su textura suave y tersa le
recordó la imagen de su espalda blanca sin una sola imperfección.
La
espalda de I-won, surcada de delicados músculos, brillaba como una luz a la luz
de la luna. Jang Beom frunció el ceño al ver la parte inferior de su cuerpo,
que se contrajo y levantó la cabeza.
“¡Joder!
Esto no es ni siquiera como una bestia en celo”.
Si
seguía así, no le quedaría semen en el cuerpo.
I-won
debió de sentir la erección de Jang Beom, así que levantó la parte superior del
cuerpo agarrándose a la cama. Jang Beom se humedeció los labios brevemente,
lamentando la repentina caída de sus suaves labios. I-won se puso rojo como un
tomate y lo miró avergonzado.
"Vete.
Me encargaré de esto yo mismo".
También
recogió a un hijo fantástico esta mañana. I-won, tumbado en la camilla con las
piernas abiertas, era una imagen demasiado buena para olvidar después de haber
eyaculado una vez.
I-won
se arrastró hacia atrás y parecía estar a punto de levantarse de la cama, pero
se detuvo al ver que los pantalones de entrenamiento de Jang Beom se habían
subido de repente. I-won levantó la vista hacia Jang Beom y le dirigió una
mirada de arrepentimiento. Esa mirada incluso le pareció ominosa a Jang Beom.
‘Ah.
Este tipo otra vez...’.
Como
era de esperar, I-won enganchó los dedos en la banda de sus pantalones de
entrenamiento, haciendo que su pene medio erecto saliera, y murmuró con
expresión avergonzada.
"¿Puedo
chupártelo?".
Jang
Beom, que se puso completamente erecto al instante, se cubrió la frente y los
párpados con la palma de la mano.
Me
estoy volviendo loco por culpa de este tipo. Si a I-won lo despidieran hoy de
la carnicería, no sería culpa de Jang Beom.
***
Al
final, I-won no pudo ir a trabajar. Llamó al dueño de la carnicería desnudo en
la cama de Jang Beom. Se cubrió la cara, empapado de culpa y autodesprecio, con
la otra mano y escuchó el pitido.
Por
suerte, aún era antes del horario de oficina. El dueño contestó al teléfono
enseguida.
"Jefe,
¿viene Sang-hyeon hoy?".
Sang-hyeon
era el único hijo del dueño y salía a ayudar con el trabajo con su esposa todos
los días cuando la carnicería estaba llena. Después del reciente examen de
admisión a la universidad, había salido con más frecuencia para aprender a
cocinar. Si Sang-hyeon estaba allí, quería tomarse el día libre.
—
Oh. Ya salió.
"Entonces,
lo siento mucho, pero ¿puedo tomarme el día libre? No me siento bien".
Era
cierto. Pensó que sería buena idea comprar un parche cuando compró la medicina
de Jang Beom. La alegre voz del dueño se oía al otro lado del teléfono.
—De
acuerdo. Descansa un poco y llámame mañana si estás enfermo.
I-won,
que estaba boca abajo con los codos sobre el estómago, colgó el teléfono y
hundió la cara en la cama. Jang Beom, que estaba desnudo como I-won, debió de
leer su expresión abatida y le preguntó mientras le frotaba las nalgas con
descuido.
"¿Por
qué? ¿Te cortaron el contacto por mi culpa otra vez?".
"No".
I-won
apartó la mano torpemente y respondió secamente. Jang Beom, obedientemente,
retiró la mano y se tumbó boca abajo sobre I-won, apoyando el puño en su
frente. ¿O por qué más te enojaste?
No
es así.
I-won,
que se había estado quejando de su frustración y de repente se sintió
arrepentido, levantó la cara y dijo con mal humor.
Es
patético. Estoy faltando al trabajo por esto.
El
primer día que visitó la casa de Jang Beom, se quedó profundamente dormido y no
pudo ir a su trabajo de medio tiempo en una tienda de conveniencia. Se había
prometido a sí mismo que nunca volvería a cometer una imprudencia así, pero
solo fueron tres días. Jang Beom se dio la vuelta y se tumbó en la cama,
resoplando.
‘¿Qué
digo otra vez? No es nada’.
#53
I-won
se irritó y farfulló.
“No
quiero ser negligente”.
“¿A
quién le importa si eres diligente?”
“No...
no es que quiera que a alguien le importe”.
I-won
se quedó sin habla porque nunca había pensado en ello. Tampoco recordaba haber
odiado a la gente negligente. Incluso cuando el jefe Choi, que dirigía una
empresa de limpieza, se quejaba de que los niños de hoy en día se daban de baja
si el trabajo era un poco difícil, pensaba que podría ser así.
Para
ser honesto, I-won tampoco era originalmente del tipo diligente. Le gustaba
jugar y quería ser querido. Hubo un tiempo en que lo más importante del mundo
era parecer guapo y genial.
No
sabía cuándo empezó a odiar tanto la sensación de ser negligente. Parecía que
era después de que asumiera parte de la responsabilidad de la vida familiar.
I-won
dijo honestamente lo que se le vino a la mente.
“Me
siento culpable cuando no trabajo y me divierto”.
Tenía
que dedicar tiempo y energía a la vida, y no era suficiente. Y el tiempo que
pasaba con Jang Beom era demasiado agradable. Cada vez que eso ocurría, se
sentía mal por su madre, Haeju y Jeong-min.
Aunque
Jang Beom parecía inexpresivo, sus ojos parpadeaban como si no entendiera nada
de lo que decía I-won. Ciertamente, Jang Beom era del tipo que se entregaba a
sus deseos. Además, no parecía sentir mucha culpa.
Cuando
sus pensamientos llegaron hasta aquí, I-won sintió de repente una sensación de
extrañeza. Ahora que lo pensaba, no era sólo I-won quien no había trabajado
bien en los últimos días. Más bien, Jang Beom le había dedicado demasiado
tiempo a I-won desde hacía mucho tiempo.
“¿No
trabaja, señor?”.
“¿Trabajo?”.
Jang
Beom respondió con los ojos perezosos, y giró los ojos.
“El
trabajo... lo hacen los empleados”.
I-won,
que nunca había salido de la posición de subordinado, se quedó boquiabierto y
gritó con sinceridad.
“¡Guau!
Qué asco. Estoy muy enfadado”.
“El
jefe siempre tiene tiempo. Sólo tiene que dar órdenes”.
“¿Pero
vas a cerrar el negocio?”.
Jang
Beom había prometido claramente que dejaría lo que estaba haciendo. Entonces ya
no sería un jefe. Jang Beom respondió con una expresión tranquila.
“Sí”.
I-won
imaginó de repente a Jang Beom trabajando en algún lugar como un empleado
normal y ladeó la cabeza. No encajaba en absoluto.
“Entonces,
¿qué harás después, señor?”.
“Bueno.
Pensé en abrir un restaurante de samgyeopsal y jugar y comer con el dinero que
ganes”.
“Eres
un mantenido, ¿qué pasa? No me gusta”.
I-won
giró la cabeza hacia el lado opuesto de Jang Beom. Quizá tuviera que mantener a
Jang Beom.
Aunque
respondió torcidamente, en realidad no era tan malo. Fuera lo que fuera, era
cien veces mejor que Jang Beom golpeando a la gente y yendo a la cárcel. Jang Beom
agarró suavemente la barbilla de I-won y dijo en un tono que había eliminado
por completo la broma.
“No
te preocupes, no te dejaré morir de hambre, hagas lo que hagas”.
Se
sintió extrañamente aliviado por las palabras que, de haberlas dicho otra
persona, habrían sonado a palabrería. Entonces, de alguna manera, sintió que
podía disfrutar de un poco de diversión.
I-won
le preguntó a Jang Beom mientras le masajeaba las orejas.
“¿Quedamos
el lunes?”.
“¿Qué
quieres hacer?”.
“Quiero
ir a un parque de atracciones”.
Había
un lugar al que solían ir de excursión cada vez que terminaban los exámenes
finales en el instituto. El lugar, que entonces le parecía aburrido, ahora le
parecía un lugar más que lujoso.
Por
eso quería ir con Jang Beom. Por ahora, Jang Beom era la única persona que
podía hacerle feliz sin ninguna reserva. Eso era algo que ni su madre ni Haeju
podían hacer.
“Claro”.
“Hup”.
Al
mismo tiempo que respondía, Jang Beom insertó su pene, que se había erigido
rígidamente sin que I-won lo supiera. I-won no se sorprendió y sólo respiró
hondo. Aunque sentía un calor doloroso por la hinchazón, la sensación de que el
interior se llenaba por completo era tan satisfactoria.
***
Comió
huevos al vapor y gachas para almorzar.
Después
de tener sexo tres o cuatro veces, Jang Beom tuvo hambre rápidamente, como si
el resfriado hubiera desaparecido, así que fueron a comer hamburguesas juntos
por la tarde y volvieron a hacer la compra. En la mesa de la cena había
samgyeopsal y verduras para envolver, y kimchi, que habían comprado en el
supermercado.
Por
la noche, I-won, que se había preparado para irse a casa, le dijo a Jang Beom
cerca de la entrada.
“Parece
que tienes una buena vida. Tienes casi todos los utensilios de cocina”.
“¿No
los trajiste tú?”.
I-won
negó con la cabeza con una expresión que no entendía. Entonces Jang Beom rodó
los ojos hacia el techo como si recordara, y pronto dijo, ‘Ah’.
“Parece
que Deokhwa los compró. Antes de venir de Seúl, sólo me encargué de conseguir
la casa y le dije Yoo Deokhwa que la hiciera habitable”.
I-won
volvió a mirar la espaciosa sala de estar. De alguna manera, la imagen de Deokhwa
mirando un catálogo de una tienda de muebles y diciendo, ‘Hazlo así’ le vino a
la mente de forma natural.
Ahora
que lo pensaba, I-won, que recordaba que Jang Beom había dicho antes que el
jefe sólo tiene que dar órdenes, soltó su sinceridad sin pensarlo.
“Eres
un jefe de mierda”.
No
sólo le pedía que hiciera recados irrelevantes para el trabajo, sino que también
le pegaba cuando se enfadaba. Si no fuera su amante, I-won podría haber pensado
que Jang Beom era un ser humano muy molesto. Era guapo a los ojos de I-won,
pero era lo suficientemente malo como para que los empleados lo maldijeran.
Jang
Beom frunció el ceño y preguntó.
“...
¿El jefe Yoo dice eso? ¿Que soy una mierda?”.
“Sí”.
Cuando
I-won asintió obedientemente, Jang Beom miró fijamente al vacío con sus ojos
penetrantes y movió los labios como si estuviera masticando una maldición. Pero
Jang Beom también necesitaba conocer sus problemas.
I-won
se dio la vuelta hacia la puerta de la entrada de la casa y se puso los tenis.
“Me
sobró samgyeopsal y kimchi, así que hice arroz frito. Caliéntalo por la mañana”.
“¿Te
vas a casa?”.
Jang
Beom, que parecía querer acompañarlo hasta la puerta, se puso los zapatos y le
preguntó a I-won, pegándose a su espalda. De repente, el espacio se hizo
estrecho, así que I-won se agarró a la puerta y terminó de atarse los zapatos.
“Voy
al hospital de mi hermano”.
Tenía
que turnarse con su madre para cuidar de la casa y del hospital hasta que Haeju
se recuperara del resfriado.
I-won
pasaría la noche en la sala de Jeong-min y, cuando volviera a casa por la
mañana, su madre cuidaría de Jeong-min hasta que llegara la enfermera. Mientras
tanto, I-won podría dormir con Haeju de vez en cuando y luego ir a trabajar al
restaurante de carne.
“De
acuerdo”.
Jang
Beom respondió a la noticia de que iba al hospital y tomo las llaves del coche.
Luego, extendió el brazo por detrás de I-won para abrir la puerta de la
entrada. I-won se asustó y agarró la mano de Jang Beom.
“No
vengas. Iré solo”.
“¿Por
qué?”.
Jang
Beom abrazó el vientre de I-won y le preguntó, rozándole la oreja con los
labios. I-won gimió y miró a Jang Beom.
“No
lo sé, señor, pero tenía mucha fiebre antes”.
“Estoy
bien ahora”.
“Aun
así. Además, ¿cómo vas a salir con esta ropa?”.
Jang
Beom desvió la mirada hacia el techo. Por su expresión, parecía que iba a ser
terco, así que I-won le agarró las mejillas y se puso de puntillas.
“Quédate
en casa. Te llamaré”.
Después
de besarlo, la expresión de Jang Beom, que había fingido indiferencia, se
suavizó y se volvió obediente.
“De
acuerdo”.
“Entonces,
nos vemos el lunes”.
I-won
abrazó a Jang Beom una vez y salió de la casa.
***
Después
de eso, Haeju estuvo enferma durante dos días más.
Mientras
tanto, I-won estaba pegado al hospital de su hermano por la noche, al
restaurante de carne durante el día y a Haeju por la mañana. El día anterior,
también había dormido una siesta en el hospital y había vuelto a casa en el
primer tren de la mañana para echar una cabezada y se había levantado por la
mañana.
Tan
pronto como se despertó por la mañana, I-won contó los días en su cabeza como
siempre.
‘Domingo’.
Salió
de la habitación con pasos tambaleantes y somnolientos y vio a su madre y a
Haeju vestidas para salir. I-won preguntó con una expresión desconcertada.
“¿A
dónde vas con Haeju?”.
“Al
hospital de Jeong-min. Haeju ha estado buscando a su padre desde anoche”.
Miró
hacia abajo y vio a Haeju, que parecía haber recuperado por completo su
energía. Parecía que quería ver a Jeong-min después de haber estado enferma de
resfriado durante cuatro días.
Su
madre miró a Haeju con una mirada de admiración y le acarició la cabeza. Luego
le preguntó a I-won.
“¿Te
vas a encontrar con Beom hoy?”.
#54
“No.
Me voy a encontrar con Hyung mañana”.
I-won
respondió rascándose la sien, sintiéndose de repente incómodo por la pregunta
de su madre. Era porque le vino a la mente que últimamente había estado viendo
a Jang Beom cada vez que tenía un momento libre.
Sin
embargo, su madre, sin mostrar ninguna señal de molestia, le hizo una petición
cotidiana.
“Entonces,
¿puedes ir al mercado por mí en la mañana? Hace días que no hago las compras”.
“Sí,
está bien”.
Su
madre escribió en una nota las cosas que necesitaba y salió de casa.
La
casa, de repente en silencio, le resultaba extrañamente desconocida. I-won se
rascó la parte trasera de la cabeza sin motivo y dio vueltas en el lugar.
Aunque había estado en silencio cuando su madre y Haeju dormían, no había
estado muchas veces completamente solo en casa. Cuando su madre estaba en el
hospital con Haeju y Jeong-min, I-won solía estar dormido o trabajando.
“Se
siente como un día festivo”.
De
alguna forma, sentía que le habían dado tiempo libre. En ese momento, sonó una
notificación en su celular.
Al
revisarlo, vio que justo le habían depositado el sueldo de los días que trabajó
en la tienda de conveniencia de la que fue despedido. Sumado al salario del
restaurante de carnes que había recibido el viernes pasado, su cuenta bancaria,
por una vez, tenía un saldo bastante decente.
Como
las fechas de pago de los trabajos de medio tiempo eran distintas y el dinero
solía pasar por la cuenta tan rápido como entraba, era la primera vez que veía
una cifra tan alta en su saldo.
Claro
que, después de pagar el alquiler y los servicios, el dinero seguía siendo
justo para que su madre pudiera mantener a los tres durante un mes. Pero con
solo saber que no estarían en déficit, se sentía inmensamente rico. Era algo
que lo dejaba pasmado.
“……”.
Tiempo
libre y, encima, como si le hubieran dado una paga.
De
repente, I-won se sintió de buen humor y, sonriendo, comenzó a prepararse
rápidamente para salir.
***
El
mercado cercano a casa era un lugar que también le gustaba a I-won.
Hasta
antes de graduarse de la secundaria, solía acompañar a su madre cada vez que
ella iba de compras, para ayudarle con las bolsas.
A
pesar de que era un mercado bastante grande, para la familia de I-won, que eran
habitantes de toda la vida del barrio, todas las tiendas eran negocios
conocidos.
I-won
siempre comenzaba por el puesto de verduras.
“Abuelita,
ya llegué”.
“¡Ay,
pero si es I-won! Hacía tiempo que no te veía. ¿Tan ocupado has estado con el
trabajo?”.
I-won
sonrió tímidamente y compró espinacas y brotes de soja. Luego, se detuvo frente
a una pescadería que visitaba con frecuencia y se dirigió al dueño, un rostro
familiar.
“Señor,
¿me da dos caballas, por favor?”.
“Hmm,
hoy las caballas no están muy buenas. ¿Por qué no llevas jurel?”.
“Está
bien. Entonces deme de ese”.
El
dueño de la pescadería, mientras golpeaba con fuerza el jurel sobre la tabla de
madera con un gran cuchillo —¡tang! ¡tang!—, comentó.
“Por
cierto, ¿por qué has tardado tanto en volver? ¡En el tiempo que no te vi, te
has quedado en los huesos!”.
Pensándolo
bien, desde que empezó a trabajar más a menudo, había dejado de ir al mercado,
y ya debía hacer más de medio año de eso. Al sentirse algo incómodo pensando
que quizás se le notaba el desgaste, se frotó la nuca. Entonces el pescadero
añadió otro jurel sobre la tabla y dijo.
“¡Llévate
uno más!”.
I-won
sonrió ampliamente, dio las gracias y recibió las tres caballas envueltas en
una bolsa negra.
Mientras
seguía completando la lista de encargos de su madre, se detuvo para comprarse
un hotteok, como solía hacer cada vez que venía al mercado.
De
camino al puesto de alimentos básicos, algo llamó su atención, una vitrina con
platos de acompañamiento. No tenía intención de comprar nada, pero se quedó
mirando, pensando en qué tipo de guarnición podría preparar para Jang Beom.
‘Cuando
comió en casa parecía gustarle los namul (verduras sazonadas)’.
Aunque
había trabajado en restaurantes, cafeterías y cibercafés, y a veces se
encargaba de preparar la comida de Haeju, nunca antes había hecho namul.
Mientras masticaba el hotteok, pensó.
‘La
próxima vez le voy a pedir a mamá que me enseñe’.
Ya
que le gustaban los namul preparados por su madre, sería mejor aprender de ella
que por internet.
Mientras
observaba las guarniciones, la dueña del puesto salió y lo reconoció.
“¿Vas
a comprar algo, I-won? ¿Tu madre está muy ocupada últimamente?”.
“Tía”.
Ese
puesto de guarniciones era uno al que solía ir a menudo con Jeong-min cuando su
madre estaba ocupada por el trabajo, así que la dueña le era familiar.
Sin
embargo, hacía mucho que no compraban allí, por lo que era una cara que no veía
desde hacía tiempo.
I-won
pensó que hacía al menos dos o tres años desde la última vez que habló con
ella, y la saludó.
“¿Has
estado bien?”.
“Yo
siempre igual, ya sabes”.
La
señora lo miró de arriba abajo, como con asombro, y bromeó.
“Pero
tú sí que has cambiado. Antes eras tan suavecito, como un bebé, y ahora ya eres
todo un adulto”.
Al
escuchar que ya parecía un adulto, I-won se sintió tímido pero también
halagado, y sonrió.
La
señora, encantada de verlo, siguió preguntándole cosas.
“¿Estás
en casa por las vacaciones?”.
“Ah…”.
Como
hacía unos dos años que no hablaban, era natural que la señora todavía pensara
que estudiaba en Seúl.
Antes
de que I-won pudiera responder, ella continuó.
“Decías
que estudiabas en una universidad en Seúl y vivías solo, ¿no? ¿Dónde era?
Bueno, Jeong-min me dijo que era la mejor escuela de arte del país, estaba tan
orgulloso de ti”.
Parecía
evidente que la señora no se había enterado del accidente de Jeong-min.
Por
alguna razón, las palabras no le salían, así que I-won solo logró sonreír con
dificultad y respondió.
“Dejé
la universidad. Ahora solo estoy en casa”.
“¿En
serio? Pero si Jeong-min me dijo que entraste con beca y todo…”.
Era
cierto, pero no quería entrar en detalles, así que I-won negó con una sonrisa
amarga y señaló algunos acompañamientos.
“Me
llevo este, este y también este”.
“Claro.
Ah, llévate también esto. Es lo que más le gustaba a Jeong-min”.
“……”.
Tenía
un sabor amargo en la boca. No pudo decir que Jeong-min estaba enfermo. Así que
aceptó en silencio lo que le ofreció la señora y pagó.
Mientras
caminaba de nuevo por el mercado, pensaba.
‘Supongo
que no podré volver a la universidad’.
Había
renunciado a esa meta hacía tiempo.
De
todos modos, aunque quisiera volver, no podría dibujar tan bien como antes.
No
solo por haber dejado el pincel tanto tiempo, sino también porque, durante un
trabajo en una obra de construcción, se había lesionado gravemente la mano.
Aunque
no le afectaba para las tareas cotidianas, sentía con claridad que sus dedos ya
no se movían con la misma precisión.
Le
entristecía un poco, pero no era algo tan grave.
‘Este
tipo de cosas le pueden pasar a cualquiera’.
Incluso
si su situación económica fuera mejor o no se hubiera lesionado, no había
garantía de que habría vivido la vida que deseaba.
Ya
era una suerte poder mantener su vida actual.
I-won
se masajeó con fuerza los dedos de la mano lesionada, sacudió la cabeza y se
dirigió al puesto habitual donde compraban alimentos básicos.
***
Después
de terminar el encargo de su madre, I-won fue a pasear por el centro nuevo que
conectaba con el mercado.
Era
la primera vez que regresaba al centro desde su primera cita con Jang Beom,
cuando habían comido pasta. En aquel entonces, todo había pasado tan rápido que
no se había fijado, pero ahora notaba que había muchas tiendas nuevas y estaba
lleno de gente.
Mientras
recorría el centro con una alegría poco común, I-won se detuvo en seco frente a
una tienda de ropa femenina.
Fue
por un abrigo que estaba exhibido tras la vitrina de cristal.
‘La
chaqueta de mamá está bastante desgastada…’.
Aunque
últimamente usaba sobre todo un abrigo acolchado barato, I-won recordaba que,
hasta unos quince años atrás, a su madre le gustaban los abrigos y solía usar
uno distinto cada temporada.
Incapaz
de resistir el impulso, I-won entró a la tienda y compró el abrigo.
‘Creo
que mamá se va a enojar por haber gastado tanto dinero’.
Le
preocupaba el precio, que era considerable, pero simplemente no pudo evitar
comprarlo.
Luego
entró a una tienda de accesorios y llenó una cesta con coleteros que pensó que
a Haeju le encantarían.
Al
momento de pagar, se dio cuenta de que también había gastado bastante allí.
Al
salir de la tienda, I-won cerró los ojos con fuerza y se hizo una firme promesa.
‘Mejor
me voy directo a casa’.
Si
seguía curioseando un poco más, acabaría vaciando su cuenta.
Era
la cuenta bancaria a nombre de I-won donde se depositaba su sueldo, pero en
realidad la usaba su madre para administrar los gastos del hogar, así que no
podía permitirse más lujos.
Justo
cuando pensaba en eso, una tienda llamativamente iluminada llamó su atención.
Era
una boutique de relojes de lujo.
Incluso
I-won, que no tenía ningún interés en relojes, conocía la marca.
‘¿Desde
cuándo hay una tienda así en nuestro barrio?’.
De
repente, recordó el reloj de pulsera de Jang Beom, que parecía sacado de una
joyería común.
Solo
de pensar en su diseño tosco, fruncía el ceño.
En
cambio, los relojes expuestos en esa tienda eran realmente bonitos.
I-won
se quedó un momento dudando con una expresión pensativa y finalmente se dijo.
‘¿Y
si al menos pregunto cuánto cuesta?’.
Pero
en cuanto el empleado de la tienda le dijo el precio del reloj en exhibición, I-won
perdió inmediatamente el interés.
“Son
2.980.000 wones”.
“¿¡Ugh!?”.
I-won
se congeló con una gran bocanada de aire contenida.
‘¿Es
en serio que cuesta tanto?’.
Claro
que sabía que los relojes de marcas reconocidas podían superar los diez
millones de wones, pero no esperaba que una tienda ubicada en un área
frecuentada sobre todo por adolescentes y veinteañeros vendiera productos tan
caros.
#55
Con
las manos temblorosas, I-won señaló otro reloj de diseño similar y preguntó.
“¿Y
este…?”.
“Tiene
buen ojo, señor. De hecho, ese se vende mejor que el otro. ¿Quiere que se lo
muestre?”.
“Primero…
dígame cuánto cuesta”.
Tal
vez el empleado no se sabía todos los precios de memoria, porque sacó el reloj
y revisó la etiqueta antes de responder.
“Este
no le resultará tan pesado. Cuesta 1.920.000 wones”.
“…Que
tenga buen día”.
I-won
se dio la vuelta tambaleando.
‘Definitivamente,
un reloj no’.
Ahora
entendía por qué la gente consideraba los relojes de pulsera como un símbolo de
éxito.
Mientras
salía cabizbajo de la tienda, de pronto vio una sección con modelos de gama
media-baja alineados a un lado del local.
Después
de haber visto uno de casi tres millones de wones, no creía que le fuera a
gustar algo así.
Sin
expresión alguna, pasó la mirada por esa sección… y de pronto se enderezó.
Entre
todos los relojes expuestos, uno captó su atención de inmediato.
Tenía
una esfera oscura con un ligero tinte azulado y pequeños cristales incrustados
que recordaban a estrellas.
‘Le
quedaría bien al señor…’.
I-won
revisó la etiqueta de precio del reloj que le había gustado tanto.
“324.000
wones”.
El
precio también le parecía razonable. Su rostro se iluminó, pero de pronto
recordó.
‘¿Razonable…
en qué sentido?’.
Si
no fuera porque antes había visto un reloj de tres millones, ni siquiera habría
considerado gastar tanto.
Aun
así, no podía soltarlo fácilmente, solo por imaginar cómo se vería en la muñeca
de Jang Beom.
“Ya
compré el regalo para mamá pensando en que la próxima semana haré un trabajo de
limpieza. Si compro esto también, puede que no alcance para los gastos del mes…
Además, le prometí al señor que no aumentaría mis horas de trabajo este mes”.
I-won
no tenía tarjeta de crédito, así que ni siquiera podía pagarlo a plazos.
Y
aunque hiciera un esfuerzo para comprarlo, existía una alta probabilidad de que
a Jang Beom no le gustara.
“…Seguro
el que ya tiene es mucho mejor”.
Era
algo anticuado, sí, pero se veía carísimo.
En
cambio, este reloj solo le parecía bonito a I-won.
Para
Jang Beom, podría ser un regalo incómodo de aceptar.
Era
justo el tipo de reloj que gusta a chicos jóvenes con algo de dinero.
‘Mejor
le compro uno mejor más adelante’.
Con
una expresión desanimada, I-won dejó el reloj y salió de la tienda.
***
El
lunes, después de desayunar y antes de recoger la mesa, I-won fue a su
habitación y salió con los regalos que había comprado el día anterior.
Le
entregó la bolsa con el abrigo a su madre, quien aún no había terminado de
comer y lo miró sorprendida.
“¿Qué
es esto?”.
“Salí
al centro ayer y lo vi... Me acordé de ti y lo compré”.
Entonces,
su madre mostró una expresión visiblemente alegre.
Cuando
sacó el abrigo de la bolsa, abrió los ojos con asombro y satisfacción, pero
enseguida miró a I-won con preocupación.
“¿Con
qué dinero compraste algo tan caro?”.
“El
jefe del restaurante de carnes me dio un bono por fin de año”.
“Si
era por eso, podrías haberte comprado algo tú”.
“También
me compré algo. Y si falta dinero para los gastos, lo repondré pronto”.
Sin
darle tiempo a su madre para sentirse culpable, I-won rápidamente desvió la
atención hacia Haeju.
“También
tengo un regalo para ti, Haeju”.
Apenas
recibió la caja decorada, Haeju la abrió y dejó caer al suelo un montón de
coleteros de colores.
“¡Guau!”.
Exclamó
feliz, mientras su madre la acompañaba con una sonrisa.
“Mira
cuántos coleteros bonitos te compró tu tío, ¿verdad?”.
“Sí.
Pónmelos ahora”.
Haeju
se soltó la goma negra con la que tenía recogido el pelo y le extendió uno de
los nuevos.
Su
madre le acarició el cabello y le respondió.
“Claro.
Cuando termines de comer, la abuela te lo peina bonito”.
Luego
se giró hacia I-won y le preguntó.
“Y
tú, ¿qué te compraste?”.
“Un
reloj”.
Como
I-won nunca usaba accesorios, su madre lo miró con extrañeza.
“¿Un
reloj?”.
I-won
asintió y se levantó de su sitio.
“Hoy
tengo que encontrarme con Beom, así que me voy”.
En
su cuarto, se quedó observando fijamente la caja del reloj sobre el colchón.
Al
final, lo había comprado.
Después
de deambular por los alrededores de la tienda sin poder sacarse el reloj de la
cabeza, terminó llamando a un conocido que tenía un centro comercial.
Aunque
no le gustaba trabajar como modelo de prueba porque no quería que sus fotos
aparecieran en internet, no tenía otra opción.
No
podía dejar de pensar en el reloj, así que lo compró primero. Pero aún no
estaba seguro de entregarlo como regalo.
Le
preocupaba que fuera demasiado infantil para Jang Beom.
“¿Tal
vez le alegre el gesto…?”.
Probablemente
no.
Al
pensarlo bien, nunca había visto a Jang Beom expresar gratitud hacia nadie.
Incluso
a su tutor lo llamaba ‘viejo loco’ o decía cosas como ‘solo sirve para las
ofrendas de los rituales’.
Era
imposible que alguien así se conmoviera por un regalo de 300 mil wones.
Y
además, Jang Beom ni siquiera decía ‘gracias’ por compromiso.
Con
un leve suspiro, I-won metió el reloj en su bolso.
“Ojalá
al menos no se le note si no le gusta…”.
Cuando
salió para ducharse, su madre ya había recogido la mesa y estaba peinando a
Haeju.
“Mi
Haeju, ¿a dónde vamos tan guapa? ¿Vamos al parque a presumir con los amigos?”.
Entonces,
I-won recordó que antes de que Haeju enfermara le había prometido llevarla a un
lugar divertido.
Justo
ese día, planeaba ir a un parque de diversiones con Jang Beom.
Caminó
hacia la sala, se agachó frente a Haeju y le preguntó.
“¿Quieres
ir al parque de diversiones hoy? Con un amigo del tío”.
“¿Qué
es un parque de diversiones?”.
Como
nunca había ido, la respuesta de Haeju fue algo indiferente.
I-won
intentó explicarle con palabras adecuadas para una niña de cinco años.
“Mmm…
Hay juegos mucho más divertidos que los columpios. Y montones de golosinas como
helado o hotdog. Y también muchos niños”.
Entonces,
Haeju levantó la cabeza de golpe y lo miró con los ojos brillantes.
“¡Entonces
sí! ¡Quiero ir!”.
“No
pueden”.
Su
madre intervino antes de que Haeju se entusiasmara más.
I-won
frunció el ceño, temiendo que aún no quisiera que la niña viera a Jang Beom,
pero su madre añadió algo inesperado.
“¿Sabes
lo difícil que es salir con una niña? Solo has ido a lugares cerca de casa”.
“No
pasa nada. Estaré con Beom, así que no te preocupes”.
“Por
eso mismo no pueden. ¿Quién lleva a su sobrina a una cita?”.
Al
escuchar la palabra ‘cita’ salir sin querer de la boca de su madre, I-won
sonrió ampliamente.
Ella
no pareció notarlo y estaba demasiado ocupada tratando de calmar a Haeju, que
ya empezaba a protestar con energía.
“A
Haeju le va a gustar Beom. Él también parece bueno con los niños. Cuando la
llevó al hospital, fue muy amable”.
I-won
ladeó ligeramente la cabeza, dudando de sus propias palabras.
Pensándolo
bien, Jang Beom no había sido particularmente afectuoso con la niña.
Pero
tampoco era alguien que tratara mal a los niños, así que no creía que hubiera
problema.
“Voy
a ducharme. Mamá, ¿puedes preparar a Haeju para salir?”.
Dicho
eso, I-won entró al baño, dejando a su madre aún llena de dudas detrás.
***
Jang
Beom aparcó el coche frente a la casa de I-won y lo llamó por teléfono.
“Estoy
afuera. Sal cuando estés listo”.
—Sí.
I-won
respondió brevemente y colgó.
Jang
Beom se frotó la frente mientras le daba vueltas al presentimiento extraño que
lo perseguía desde la mañana.
“Esto
va a salir mal”.
Era
por todas las veces que sus citas con I-won habían fracasado estrepitosamente.
Excepto por el sexo, nunca había salido nada bien.
Así
que Jang Beom ya tenía su plan.
“Le
sigo un poco el juego y luego nos vamos a un hotel”.
Si
le decía que había reservado una mesa en un restaurante en el mirador, I-won
caería fácilmente.
Con
una cena elegante y algo de vino, no sería difícil usar el alcohol como excusa
para convencerlo de pasar la noche juntos.
Después
solo quedaría disfrutar del baño en la suite y hacer de todo, en todas partes.
Además,
llevaba cuatro días sin ver a I-won y ya no aguantaba más, su cuerpo pedía a
gritos un poco de acción.
Sin
embargo, había una parada previa que le molestaba bastante.
‘¿Un
parque de diversiones a esta edad?’.
El
simple hecho de que I-won quisiera ir a un lugar así confirmaba que seguía
siendo un niño.
Jang
Beom no era así.
Detestaba
los sitios llenos de gente, y pensar en todos los niños que estarían corriendo
por ahí ya le daba dolor de cabeza.
Aún
tenía grabado en los oídos el llanto de la sobrina de I-won cuando la llevó al
hospital.
#56
Justo
cuando pensaba eso, vio a I-won salir del edificio de la villa.
Jang
Beom bajó del coche para abrirle la puerta del copiloto, pero se detuvo de
golpe.
Se
quedó inmóvil frente a la puerta abierta, murmurando.
“Trajo
a la niña”.
Una
personita que apenas le llegaba a la altura de las piernas le sostenía la mano
a I-won.
Creía
recordar que su nombre era Haeju.
La
niña llevaba el cabello trenzado en dos coletas largas, sujetas con ligas
grandes adornadas con flores de plástico.
Jang
Beom la miró distraídamente a los ojos y pensó.
“Es
Woo Jeong-min con trenzas”.
La
hija única de Woo Jeong-min era sorprendentemente idéntica a su padre. Daba una
sensación extraña.
I-won
habló con voz alegre.
“Sí.
Haeju también quería venir”.
En
ese instante, la hermosa imagen de una suite de hotel que llenaba la cabeza de
Jang Beom se desmoronó por completo.
En
vez de abrir la puerta del copiloto, les abrió la trasera.
“Suban”.
I-won
y Haeju, entusiasmados, se apresuraron a entrar al coche.
Una
vez acomodados cómodamente en los asientos traseros, I-won sacó su celular y
puso un video, que parecía una reseña del parque de diversiones.
“Mira,
Haeju. En esta atracción podemos subirnos los dos. Y en la noche hay un
desfile. ¡También está TiniPing, que te gusta!”.
Jang
Beom dejó escapar una pequeña risa al ver a I-won más emocionado que una niña
de cinco años, con los ojos brillándole de ilusión.
Definitivamente,
para I-won era mucho más divertido ir al parque con su sobrina que solo con él.
Suspirando
levemente, Jang Beom renunció mentalmente a su suite de hotel.
‘Hoy
me tocará ser chófer’.
Si
se le ocurría intentar hacer gracia con la sobrina, lo más probable era que
terminara con la niña llorando a mares.
Mejor
mantener la boca cerrada. Eso no le molestaba demasiado, pero igual no dejaba
de sentirse como un conductor de autobús escolar entre todos los tipos de
choferes que podía haber.
Cerró
la puerta y se subió al asiento del conductor.
***
Mientras
veía el video de reseñas del parque de diversiones con Haeju, I-won sintió de
pronto una sensación extraña.
Ahora
que lo pensaba, desde que habían subido al coche, Jang Beom no había dicho ni
una sola palabra.
La
atmósfera en el lado del conductor se sentía extrañamente apagada, así que I-won
le preguntó con una expresión animada.
“¿Alguna
vez ha ido a un parque de diversiones, señor?”.
“No”.
I-won
se quedó con la boca cerrada ante la respuesta tan corta, cuando estaba por
preguntarle cuál era su atracción favorita.
Jang
Beom los observó a él y a Haeju por el retrovisor y preguntó.
“¿Se
vistieron así a propósito?”.
Probablemente
se refería a lo parecidos que lucían I-won y Haeju.
Ambos
llevaban abrigos largos blancos del mismo diseño. Aunque eran de colores
distintos, llevaban bufandas y guantes, así que su estilo general era muy
similar.
“Sí.
Si vamos vestidos así, es más fácil vernos entre la multitud, y así no pierdo a
la niña... eso dice mi mamá”.
“Sí
que llaman la atención”.
De
repente, I-won se sintió un poco avergonzado de ir vestido como una niña de
cinco años, casi como si fueran gemelos.
Por
otro lado, Jang Beom llevaba puesto un traje más formal de lo habitual con un
abrigo encima. Su estilo encajaba mejor en un bar de cócteles que en un parque
de diversiones.
A
I-won le gustó ver a Jang Beom tan bien vestido, pero al mismo tiempo inclinó
la cabeza con curiosidad.
¿Por
qué se vistió así? Va a ser incómodo subir a los juegos.
En
ese momento, Haeju metió la cabeza entre el asiento del conductor y el del
copiloto y dijo.
“Es
la primera vez que voy a un parque de diversiones”.
Jang
Beom guardó silencio, mirando por el retrovisor. Después de una pausa,
respondió con una frialdad poco apropiada para una niña de cinco años.
“¿Y
qué con eso?”.
Jang
Beom, reflejado en el retrovisor, tenía el ceño fruncido y una expresión muy
seria.
I-won
sabía que lo decía sin mala intención, simplemente porque no entendía por qué
Haeju le contaba eso, pero para una niña pequeña, su tono y rostro podían
resultar intimidantes.
I-won,
algo alarmado, separó a Haeju del respaldo del asiento del conductor con apuro.
“Haeju,
no molestes al señor mientras conduce”.
“Mi
tío dijo que en el parque hay helado y hotdog. ¿A usted también le gustan los hotdog?”.
Aunque
ya estaba sentada tranquila sobre las piernas de I-won y viendo el celular,
Haeju no dejaba de hablarle a Jang Beom.
Aunque
él no le respondía, ella seguía con sus comentarios alegremente.
“Me
gustan los tigres. Ojalá también hubiera tigres en el parque”.
Al
principio, la expresión de Jang Beom indicaba que prestaba atención, pero poco
a poco fue poniéndose más tranquila, más indiferente. Era evidente que ya
estaba escuchando a medias.
Responder
a cada palabra de Haeju podía agotar a cualquiera, incluso a I-won o a su
madre. Así era la verborrea típica de una niña de cinco años.
Aun
así…
Parece
que no le gustan tanto los niños como pensaba.
Hasta
el jefe Yoo, que trataba con I-won, era mucho más amable.
Penso
que se divertiría estando con Haeju.
Aunque
no fuera así, esperaba al menos que fingiera estar contento por ver a una niña
tan importante para él.
Un
poco decepcionado, I-won le puso una caricatura infantil en el celular a Haeju.
A
pesar de ser un día de semana, el parque de diversiones estaba lleno de gente.
Con
el sol brillante de la mañana, I-won se emocionaba cada vez que la fila para
comprar entradas avanzaba un poco.
Cuando
ya estaban a punto de llegar a la taquilla, Haeju no podía quedarse quieta de
la emoción.
Mientras
Jang Beom pagaba las entradas, I-won y Haeju no pudieron esperar más y
corrieron hacia la entrada del parque.
Al
alejarse bastante, I-won se volvió para mirar a Jang Beom, que caminaba lento
guardando la tarjeta en la cartera, y le hizo señas con entusiasmo para que se
apurara.
Recordando
su visita al parque en la secundaria, I-won gritó.
“¡Señor!
¡El zoológico está por allá!”.
“Tío,
tigre”.
Haeju
lo jaló de la mano.
Mientras
caminaban, I-won vio un puesto de souvenirs que vendía globos y diademas de
orejitas.
“¿Haeju,
quieres una diadema?”.
Pensó
que se vería adorable con unas orejitas de mapache.
Tan
pronto como Haeju asintió con entusiasmo, I-won se agachó frente al estante.
Afortunadamente,
a Haeju le gustó la diadema de mapache que I-won eligió.
Ella
también tomó una diadema con orejas de gato negro y dijo.
“Tú
esta, tío”.
Mientras
I-won agachaba la cabeza para que Haeju pudiera ponérsela, Jang Beom se acercó.
I-won
alzó la cabeza hacia él, que lo miraba fijamente desde muy cerca, y le dijo.
“¡Señor!
¡Mire qué linda se ve Haeju!”.
Jang
Beom miró a Haeju y respondió con indiferencia.
“Parece
Woo Jeong-min con diadema”.
I-won
abrió los ojos de par en par y la boca de la sorpresa.
“¿Cómo
le dice eso a una niña?”.
Aunque
era cierto que Haeju se parecía sorprendentemente a Jeong-min, seguía siendo
muy distinta.
Decirle
a una niña tan adorable que se parecía a un hombre corpulento de treinta y
tantos era una falta de respeto.
Jang
Beom lo miró sin entender:
“¿Y
qué tiene de malo parecerse a Jeong-min?”.
“Haeju,
no le hagas caso al señor. No te pareces en nada a tu papá”.
Pero
Haeju, como una pequeña angelita, respondió sin molestarse en absoluto.
“¿Por
qué? A mí me gusta parecerme a papá”.
No
podía ser.
Aunque
amara a su hermano, ni I-won quería parecerse a Jeong-min.
I-won
cargó a Haeju y, lanzando una mirada molesta a Jang Beom, fue a pagar las
diademas.
Mientras
lo hacía, pensó en Jang Beom y volteó a decir:
“¿Usted
también quiere una diadema…?”.
Jang
Beom lo fulminó con la mirada.
Ah.
No, claro que no.
I-won
se dio la vuelta con una sonrisa resignada, pero aún con una pizca de
decepción.
Creía
que Jang Beom con orejitas de leopardo se vería tan adorable como Haeju.
Se
dirigió a la cajera.
“Voy
a pagar, por favor”.
Después
de comprar las diademas, se dirigió al zoológico cargando a Haeju.
Cada
vez que aparecía un animal que conocía, ella gritaba su nombre emocionada.
Por
su parte, Jang Beom seguía tan callado como cuando conducía.
Me
preocupa que se esté aburriendo.
Entonces,
Haeju se apoyó sobre el hombro de I-won, estirando su cuerpo para señalar una
jaula cercana.
“¡Tigre!”.
I-won
giró la cabeza en la dirección que señalaba.
Sus
ojos se agrandaron de sorpresa al ver dos tigres acostados con tranquilidad en
un espacio decorado como una verdadera jungla.
Era
la primera vez que veía tigres en persona, y no pudo evitar soltar una
exclamación.
“Wow”.
Impresionantes.
Daban un poco de miedo, pero eran guapos, y también adorables de algún modo.
I-won,
por reflejo, miró a Jang Beom y dijo.
“Se
parecen a usted, señor”.
#57
“¿Y
cómo también te llamas Beom (tigre)?”.
I-won
lo miró con renovada curiosidad, observando detenidamente ese rostro tan guapo
con ojos brillantes y asombrados. Jang Beom pareció desconcertado por un momento,
pero de repente soltó una pequeña risa.
Luego,
acercó los labios al oído de I-won y le susurró en un tono tan bajo que sonó
misterioso.
“¿Orejas
de gatito? Lindas”.
“Eh…”.
Sin
saber por qué, las orejas de I-won empezaron a arder. Jang Beom, que había
inclinado un poco la cabeza para hablarle, se enderezó con una sonrisa
satisfecha.
Estiró
la mano, le rascó con fuerza la nuca y luego se fue hacia la parte de atrás del
grupo que se había reunido frente al cristal para ver a los tigres.
I-won,
con el rostro súbitamente rojo sin motivo aparente, ya no pudo concentrarse ni
en los comentarios entusiastas de Haeju ni en los tigres frente a él.
***
Después
de haber disfrutado al máximo la visita al zoológico, I-won le preguntó a Haeju.
“¿Vamos
ahora a los juegos mecánicos?”.
“Sí.
Quiero montar a caballo”.
Probablemente
se refería al carrusel que había visto en un video. I-won asintió con la cabeza
y dejó a Haeju en el suelo. Luego, evitando a la multitud, se alejó un poco y
cruzó miradas con Jang Beom, señalando con el dedo la dirección donde estaban
los juegos.
Jang
Beom, que estaba apoyado contra una pared, se acercó y se reunieron rápidamente
para salir del zoológico.
Mientras
caminaban juntos hacia el carrusel, Jang Beom le quitó uno de los guantes a I-won
y empezó a frotarle suavemente la palma de la mano. I-won lo miró de reojo,
pero Jang Beom fingía que no pasaba nada. Al seguir su mirada y observar el
parque de diversiones, I-won notó que por todas partes había parejas caminando
de la mano en un ambiente romántico.
Al
ver a todas esas parejas, I-won dejó escapar un leve quejido.
“Mmm...”.
‘Después
de todo, yo también vine por eso…’.
Le
daba vergüenza mostrar afecto en su barrio, donde podían encontrarse con
cualquiera, pero en un parque de diversiones lleno de desconocidos y en otra
zona, sentía que no habría problema. Sin embargo, Haeju le preocupaba un poco.
Jang
Beom empezó a rascar suavemente la palma de su mano. Viendo su inusual mirada
melancólica, I-won cambió de opinión de inmediato.
‘Al
menos tomarnos de la mano…’.
Justo
cuando I-won estaba por entrelazar sus dedos con los de Jang Beom, Haeju se
metió entre los dos. I-won soltó la mano con sobresalto, y Jang Beom frunció el
ceño con molestia mientras miraba hacia abajo.
“¿Y
esto ahora qué es?”.
“Quiero
que me hagan columpio”.
Haeju
levantó ambas manos y agarró una de cada uno. Se colgó, levantando los pies del
suelo, balanceándose como si estuviera en un columpio. Quería que lo sujetaran
de los lados y lo movieran hacia adelante y atrás, como solían hacer los tres, él,
Jeong-min y Haeju cuando Haeju tenía unos tres años.
Jang
Beom tenía una expresión de no entender qué rayos quería la niña.
“¿Qué
es eso del columpio?”.
Entonces,
Haeju movió sus cortas piernas hacia adelante y atrás, mostrándole cómo se
hacía.
“Tienes
que mover los brazos así, así”.
Le
explicó.
Aunque
con cara de no creérselo, Jang Beom movió los brazos, haciendo que Haeju se
elevara hasta el aire. A ojos de I-won, parecía que lo hacía para asustarla y
que se bajara, pero Haeju no hacía más que reírse, encantado de elevarse tan
alto.
Entre
risas, Haeju de repente gritó.
“¡Tío!
¡Caballito!”.
Al
divisar el carrusel, Haeju soltó rápidamente sus manos, cayendo con agilidad al
suelo desde lo alto. Aterrizó perfectamente y salió corriendo hacia el
carrusel. Para I-won era algo habitual, pero Jang Beom parecía un poco
sorprendido. Mientras miraba fijamente la espalda de Haeju, murmuró.
“Los
de la familia Woo tienen buenos reflejos, ¿eh?”.
Y
luego, recorriendo a I-won de arriba abajo con una mirada significativa, añadió.
“Tú
también eres flexible. Y con buena resistencia”.
Sabiendo
perfectamente cómo había ‘comprobado’ eso, I-won se sonrojó violentamente.
Ahora
entendía por qué solo hablaba cuando Haeju no estaba cerca, cada vez que abría
la boca, era para soltar alguna tontería. Aun así, parecía que Jang Beom
realmente intentaba no decir nada inapropiado delante de la niña.
Sin
embargo, I-won lo fulminó con la mirada al ver cómo buscaba algo en el bolsillo
interior de su chaqueta.
“Ni
se le ocurra decir nada raro frente a Haeju. Y aquí está prohibido fumar”.
Ese
gesto tan familiar solo podía significar que estaba buscando un cigarrillo, así
que I-won se adelantó con una advertencia. Como era de esperarse, Jang Beom
suspiró profundamente y bajó la mano.
Mientras
I-won se formaba con Haeju en la fila del carrusel, pensó.
‘La
fila es bastante larga…’.
Había
supuesto que, siendo un día entre semana, habría menos gente, pero estaba
equivocado. Incluso para subir al carrusel, el tiempo de espera era casi de una
hora, y no era diferente con los demás juegos.
I-won,
mirando a Jang Beom, que estaba un poco apartado de la fila, le preguntó.
“¿Usted
no se va a subir?”.
Obviamente,
no era el tipo de hombre que disfrutara de carruseles o trenecitos infantiles.
Pero I-won pensó que, al menos, sería mejor que estuviera haciendo algo que
quedarse parado sin más. Sin embargo, Jang Beom negó con la cabeza con
indiferencia.
“Cuando
termines de dar la vuelta con tu sobrina, me llamas. Estaré cerca”.
“…….”.
Claramente,
no tenía ningún interés en los juegos. I-won miró la larga fila y, con una
sonrisa incómoda, le propuso.
“Mire,
ya que igual va a estar solo… ¿Podría hacer fila por mí y por Haeju en otro
juego? En cuanto salgamos de este, vamos directo para allá”.
“¿Qué?”.
La
expresión de Jang Beom era como si acabara de oír una locura, así que I-won se
apresuró a explicarse.
“Es
que la espera es larga, pero el juego en sí dura poquísimo. Y como Haeju solo
puede subirse a unos pocos, si usted nos ayuda, podremos subirnos a todos más
rápido”.
A
medida que I-won hablaba, la cara de Jang Beom se torcía más y más.
“¿Ni
un beso, ni me dejas agarrarte la mano, pero sí me usas de asistente?”.
“Pero
si lo hacemos así, podrá pasar más tiempo con nosotros después…”.
“Yo
prefiero estar solo”.
Aun
así, I-won le lanzó una mirada suplicante, y Jang Beom, resoplando, se frotó la
frente con la palma de la mano en señal de rendición.
“¿Dónde
tengo que hacer fila?”.
“¡Allá!
¡En la estación del Mini Tren!”.
I-won
señaló un juego no muy lejos del carrusel. Era un espacio grande decorado como
un cuento de hadas, con un pequeño tren que recorría el lugar sobre rieles.
Naturalmente, la fila estaba llena de niños pequeños y sus acompañantes.
Jang
Beom suspiró y, con cara de resignación, se encaminó hacia donde señalaba I-won.
***
Gracias
a la ayuda de Jang Beom, Haeju pudo subirse rápidamente a todos los juegos en
los que podía montar.
Sin
embargo, con el tiempo, Haeju, que al principio había corrido emocionada de un
lado a otro, empezó a mostrarse quejumbrosa. Aunque I-won la hacía descansar de
vez en cuando en las bancas y le daba bocadillos que habían traído de casa, la
niña seguía con cara larga.
Finalmente,
cuando el sol estaba ya alto en el cielo, Haeju se quejó con tono fastidiado.
“Ya
me quiero ir a casa”.
“¿Eh?”.
I-won,
que planeaba visitar el jardín en el centro del parque, se quedó paralizado en
seco. Aún era temprano para volver a casa, y quedaban muchas cosas por hacer.
Quién sabía cuándo podría volver a traer a Haeju al parque. Tal vez solo cuando
la niña creciera lo suficiente como para preferir venir con amigos antes que
con su tío.
I-won
se agachó frente a Haeju y trató de convencerla.
“¿No
podemos quedarnos un poquito más? El tío quiere seguir jugando contigo”.
“Quiero
irme a casa”.
Pero,
por alguna razón, Haeju incluso tenía lágrimas en los ojos mientras se quejaba.
Parecía que ya había aguantado bastante.
Claro,
era la primera vez que venía a un lugar tan lejano para divertirse, y además
estaba repleto de gente. Por muy activo que fuera, era natural que se sintiera
agotada.
I-won
suspiró con pesar y le acarició la cabeza.
“¿De
verdad? Entonces…”.
Iba
a decir, algo triste, que ya se irían a casa, cuando de repente Jang Beom
agarró la pequeña cabeza de Haeju con una de sus grandes manos y la hizo
mirarlo.
“Oye”.
Luego,
con su típica cara seria, le preguntó.
“¿Quieres
comer un hotdog?”.
Al
parecer, se había acordado de que, de camino al parque, Haeju había dicho que
le gustaban los hotdogs. Y, como si nada hubiera pasado, el rostro de Haeju se
iluminó al instante con una sonrisa.
“¡Sí!
¡Quiero comer uno!”.
“¿Y
también quieres ver eso de los Tiniping o como se llame?”.
“¡Sí!
Quiero ver a los Tiniping”.
“Pero
eso solo se puede ver de noche”.
“Entonces
esperaré hasta la noche”.
“Pero
yo no quiero. Yo solo voy a comer y me voy”.
Al
oír eso, Haeju abrió los ojos como platos, con cara de gran sorpresa. Y no era
para menos, tanto I-won como su madre solían hacer todo lo posible por darle lo
que quería.
Jang
Beom lo miró fijamente con una expresión completamente impasible, sin rastro de
ternura, y dijo.
“Si
me quedo a esperar hasta la noche contigo, ¿tú qué me vas a dar a cambio?”.
#58
Haeju
frunció el ceño de repente con una expresión seria. Luego, planteó una
condición con lo que una niña de cinco años podría considerar su arma más
poderosa.
“Escucharé
bien al señor y me portar é bien”.
“Mmm...”.
Jang
Beom fingió pensar por un momento, luego se encogió de hombros y respondió con
astucia, como una serpiente.
“Está
bien”.
I-won
se quedó boquiabierto al ver cómo Jang Beom lograba convencer tan fácilmente a
una niña de cinco años. Más que asombro, lo invadió una extraña sensación de
déjà vu.
‘Creo
que yo también he caído así un par de veces’.
No
lo recordaba con exactitud, pero la sensación era familiar. Justo cuando
empezaba a sentirse algo melancólico, Jang Beom giró la cabeza hacia I-won.
“Mientras
le doy algo de comer, tú ve a divertirte”.
“¿Eh?”.
I-won,
que estaba sumido en otros pensamientos, respondió sin pensar.
“Los
niños se ponen irritables cuando tienen hambre. No es que realmente quiera irse
a casa. Le daré un hotdog o lo que sea, así que ve solo un rato. De todos
modos, los juegos para niños pequeños no deben haberte divertido mucho”.
En
realidad, la única atracción que le había parecido divertida la vez anterior
era la montaña rusa de alta velocidad. Pero al haber venido con Haeju, lo había
dado por perdido desde el principio.
De
repente, con ganas de hacer algo, I-won se levantó de golpe de su asiento.
“¿De
verdad? ¿De verdad te quedarás con Haeju?”.
“¿No
he estado con ella todo este tiempo?”.
I-won
ignoró el tono refunfuñón de Jang Beom y se dirigió a Haeju, emocionado.
“Haeju,
¿está bien si te quedas un ratito con el señor?”.
Aunque
preguntó, por la forma en que habían interactuado antes, parecía que Jang Beom
se llevaba mejor con Haeju que él mismo. Tal como esperaba, Haeju tomó la mano
de Jang Beom y respondió con seguridad.
“Sí”.
Jang
Beom ya mostraba una expresión de fastidio, pero no apartó la mano de Haeju. Al
verlos de pie, tomados de la mano, I-won sonrió con ternura.
“Solo
iré a subirme a esa montaña rusa”.
Pensando
que habría una larga fila, I-won se apresuró y echó a correr.
Después
de bajarse de la montaña rusa, I-won buscó la cabina de fotos cerca de la
salida. Vio la imagen que le tomó la cámara automática en el punto más alto de
la atracción, justo en la caída, y le pidió al empleado que la imprimiera. Su
cara aparecía muy distorsionada por la enorme sonrisa y el viento que le echó
todo el cabello hacia atrás. Al verla, I.won soltó una risita.
‘Qué
feo salí’.
Pero,
por alguna razón, le gustó. Guardó cuidadosamente la foto en el bolsillo
interior de su chaqueta para que no se arrugara, pensando.
‘Se
la voy a dar al señor’.
Tal
vez, al ser una foto graciosa, él la pondría en la pared o en su escritorio.
Eso haría que la casa de Jang Beom, que parecía una imagen de catálogo de
interiores sin nada de gusto personal, se sintiera un poco más habitada.
‘¿Estarán
bien el señor y Haeju?’.
I-won
sacó su celular del bolsillo para mirar la hora. La fila había sido más larga
de lo que esperaba, y ya habían pasado dos horas. Le envió un mensaje a Jang Beom.
Woo
I-won:
[¿Dónde
estás?] 3:48 p.m.
Señor
♥:
[En
la zona de juegos para niños] 3:48 p.m.
[Oye]
3:48 p.m.
Después
de ese último mensaje, Jang Beom no escribió más. I-won decidió dirigirse a la
zona de comidas, donde los restaurantes estaban agrupados. Algo le dio mala
espina, y sin darse cuenta, empezó a caminar más rápido.
Señor
♥:
[Apúrate]
3:52 p.m.
Apenas
leyó ese mensaje, echó a correr.
‘¿Habrá
perdido a Haeju?’.
I-won
llegó corriendo a la zona de juegos para niños.
El
lugar estaba lleno de niños y acompañantes, pero logró entrar y mirar alrededor
apresuradamente hasta que, finalmente, vio a Jang Beom y Haeju sentados en una
pequeña mesa.
Suspiró
aliviado.
Mientras
recuperaba el aliento, vio que Haeju estaba a punto de llorar. Algo había
pasado. Además, una de las dos trenzas que llevaba se había deshecho por
completo. Jang Beom tenía a Haeju en su regazo y luchaba con esa mitad de su
cabello.
“¿Qué
pasó?”.
“Estaba
jugando aquí y se peleó con un mocoso. Parece que ese cabroncito le rompió la
liga del pelo. Joder, los padres deben educar a sus hijos con el culo”.
Por
la descripción, debía ser un niño de la edad de Haeju, pero Jang Beom hablaba
como si fuera un adulto al que detestara con todo su ser.
Ahora
que lo miraba bien, Jang Beom intentaba deshacer el enredo de cabello con la
liga rota, pero estaba completamente enredado entre los adornos de flores de
plástico, así que no parecía tarea fácil. Aunque si cortaban la liga,
probablemente estaría bien.
Era
un alivio que no fuera algo grave. Pero con lo sensible que era Haeju respecto
a su peinado, era de esperarse que el escándalo hubiese sido grande, y que Jang
Beom se hubiera visto desbordado también era comprensible.
I-won
fue al mostrador del café y pidió unas tijeras, que le entregó a Jang Beom.
Este las tomó de inmediato y se las acercó al cabello de Haeju. I-won señaló
algunas partes de la liga mientras murmuraba.
“Creo
que si cortas solo esta parte...”.
En
ese momento, I-won se quedó helado al ver cómo las tijeras cortaban de un tajo
un buen mechón del cabello de Haeju, justo donde estaba la liga enredada. Jang
Beom, con un tono de quien al fin había solucionado un problema molesto, dijo.
“Listo”.
Y
luego dejó caer sobre la mesa el mechón de cabello con la liga aún atada.
I-won
quedó tan sorprendido que solo pudo abrir y cerrar la boca sin emitir sonido.
Haeju, al ver su cabello cortado, no pudo ocultar su conmoción. I-won, sabiendo
que se avecinaba un escándalo, ya sentía un dolor de cabeza y cerró los ojos
con resignación.
Haeju
abrió lentamente la boca.
“¡Kyaaaaaaaa!”.
Su
grito de rabia resonó en toda la zona de juegos para niños.
***
Tarde
en la noche, el interior del coche que llevaba a I-won de regreso a casa estaba
sumido en el silencio.
Con
su sobrina agotada dormida en la plataforma trasera del vehículo, I-won, sentado
en el asiento del copiloto, no decía ni una palabra. Jang Beom lo miraba de
reojo, refunfuñando por dentro.
‘Esa
mocosa de porquería tiene un carácter...’.
La
hija de Woo Jeong-min no solo se parecía físicamente a su padre, también tenía
el mismo carácter.
Haeju
había llorado como si se fuera a morir solo porque Jang Beom le había cortado
un poco de cabello. En su llanto, se podía percibir claramente su enojo hacia
él. I-won había quedado exhausto de tanto consolar a su desconsolada sobrina.
‘Haeju,
está bien. El cabello vuelve a crecer. El señor solo quería ayudarte porque
estaba demasiado enredado con la liga’.
‘¡No
me importa! ¡Devuélveme mi cabello!’.
Jang
Beom no podía entenderlo. Tal como decía I-won, el cabello era algo que crecía
solo con el tiempo. A él también le habían cortado el cabello una vez por
habérsele pegado un chicle, y no había llorado así.
Como
no lo entendía, tampoco sabía cómo consolarla.
Pero
quedarse ahí, mirando a I-won batallando solo sin hacer nada, le resultaba
incómodo, así que dijo lo primero que se le ocurrió.
‘¿Tú
también quieres cortármelo?’.
Entonces,
Haeju se detuvo de llorar, interesada, pero I-won lo miró con ojos
desorbitados. Cuando Jang Beom puso las tijeras en manos de la niña, I-won se
apresuró a intervenir.
‘Señor,
no hace falta llegar a eso. Haeju dejará de llorar pronto’.
‘Dijo
que está triste. Quizá si ve a alguien con el mismo aspecto que ella, se sienta
mejor’.
Además,
antes de que I-won pudiera refutarlo, Haeju, con ojos brillantes, dijo
emocionada.
‘¡Vamos
a jugar a la peluquería!’.
Jang
Beom, como si no hubiera llorado hace un momento, le ofreció dócilmente la
espalda a Haeju mientras ella se subía a la silla de un salto. Con voz de
imitadora de estilista, ella preguntó.
‘¿Cómo
quiere que se lo corte?’.
‘Solo
no me dejes calvo’.
Mientras
no lo dejara sin un solo pelo, pensaba que de alguna forma podría arreglárselo
después.
‘¡De
acuerdo!’, respondió amablemente Haeju, y con bastante dedicación empezó a
cortarle el cabello. A medida que los mechones se amontonaban sobre sus hombros
con cada snip snip, era I-won quien parecía al borde del llanto.
I-won,
forzando una sonrisa distorsionada hacia Jang Beom, le ofreció un extraño
consuelo.
“Señor...
el cabello también vuelve a crecer...”.
“...
¿Tan mal quedó?”.
Cuando
Haeju anunció que había terminado y le pasó el espejo, incluso Jang Beom se
quedó algo en shock. Nunca se había considerado guapo, pero era la primera vez
que sentía que se veía realmente feo.
Desde
entonces, I-won había evitado mirarlo directamente a los ojos.
Y
esa incómoda tensión continuaba en el coche camino a casa de I-won. Jang Beom,
con el codo apoyado en la ventanilla del lado del conductor, se frotaba la sien
dolorida mientras pensaba.
‘Seguro
que ahora piensa que soy un bicho raro otra vez...’.
No
era la primera vez que I-won se horrorizaba por alguna de sus acciones. Y, como
era de esperarse, parecía que aquella cita también había sido un fracaso. Las
malas corazonadas nunca fallaban.
En
medio del prolongado silencio, desde el asiento del copiloto se empezó a oír un
leve sonido contenido, como de risitas.
#59
Al
voltear la cabeza, vio la silueta de I-won encogiendo los hombros como si
sollozara mientras miraba por la ventana. Jang Beom la observó de reojo, confundido,
y preguntó.
“¿Estás...
riéndote?”.
“Snif. Hm hm. No, pff. No…
no me estoy…”.
I-won
no pudo terminar la frase antes de estallar en una carcajada.
Ahora
se daba cuenta, I-won había evitado mirarlo todo el tiempo solo para no reírse
al ver su corte de pelo.
Algo
molesto, Jang Beom frunció el ceño y se mordió el labio. Pero entonces, I-won,
tras reírse a gusto, suspiró aliviado y dijo alegremente.
“Perdón
por reírme… pero es que ahora mismo estás muy feo”.
Jang
Beom dejó escapar un suspiro corto.
“Al
menos podrías decir algo como “aunque tengas el pelo así, sigues siendo guapo’”.
“A
mí me gustan incluso los señores feos”.
Al
parecer, era incapaz de decir algo que no sintiera de verdad.
Aun
así, le alegraba que le gustara incluso con ese aspecto.
I-won
le peinó con los dedos el pelo irregular y le preguntó.
“¿Vas
a cortarte el pelo mañana?”.
“Sí”.
Entonces
I-won formó una pinza con el pulgar y el índice, separándolos unos dos o tres
centímetros, y añadió.
“Pídele
al peluquero que te lo corte de esta longitud desde la línea del cabello, y que
te suba el flequillo. Que se te vea la cara”.
“Entendido”.
I-won
le frotó suavemente las cejas gruesas con el pulgar y, de repente, con voz
animada, dijo.
“Creo
que te verás más guapo después de cortártelo. Te queda bien el pelo corto”.
Tenía
el talento de decir siempre justo lo más lindo.
De
pronto, sintió que había valido la pena dejar que una niña de cinco años le
destrozara el peinado.
Mientras
I-won charlaba alegremente, llegaron al destino.
I-won
bajó del coche, cargando a la dormida Haeju en brazos, y dijo.
“Voy
a acostarla en casa y salgo de nuevo”.
Antes
de entrar, acarició suavemente la espalda de Haeju para despertarla.
“Haeju,
despierta un momento para despedirte del señor”.
Haeju
se frotó los ojos y, al despertar, extendió los brazos hacia Jang Beom.
Cuando
I-won se acercó un paso, Haeju, aún con cara adormilada, le agarró la oreja a
Jang Beom y le dio un beso en la mejilla.
“Gracias”.
Apenas
dijo eso, se volvió a dormir. I-won, aún con ella en brazos, entró a casa.
Cuando
volvió a salir, traía una pequeña bolsa de compras. Se paró frente a Jang Beom
y le dijo.
“Perdón
por haber salido con Haeju sin avisarte. Mi mamá dijo que qué clase de persona
lleva a su sobrina a una cita, pero yo no pensé que fuera tan difícil…”.
“No
estuvo mal”.
De
hecho, había estado bastante bien.
Gracias
a que Haeju, ya calmada tras jugar a la peluquería, se portó bien como
prometió, pudieron ver el desfile y hasta los fuegos artificiales.
Ver
a I-won tan fascinada mirando las luces del cielo nocturno fue tan encantador
como cuando se reía en la cama. Quería ver esa cara otra vez. A I-won le
sentaban bien los lugares bonitos y brillantes. No hospitales lúgubres, sitios
grasientos de carne u oficinas de mafiosos.
Entonces
I-won bajó el cierre de su chaqueta acolchada y sacó algo del bolsillo interior,
un papel que le entregó.
“Esto
es la foto que tomaron en la montaña rusa”.
En
la foto, I-won sonreía con una risa tan grande que se le deformaba la cara.
“Gracias
a ti, me divertí mucho hoy”.
De
verdad se la veía feliz. Jang Beom sonrió y guardó la foto en el bolsillo.
Entonces I-won, un poco titubeante, añadió.
“Y
esto lo compré ayer cuando salí al centro…”.
Sostenía
con ambas manos la bolsita de compras que había traído de casa, jugueteando
nerviosamente con las asas.
Jang
Beom señaló la bolsa con la barbilla y preguntó.
“¿Qué
es?”.
“Un
reloj. Pero me da vergüenza dártelo”.
Parecía
que había comprado un regalo para él durante su paseo.
Al
verlo dudar en dárselo, Jang Beom extendió la mano.
“Dámelo”.
Aun
así, I-won seguía vacilando, así que Jang Beom le arrebató la bolsita, sacó el
estuche del reloj y lo abrió.
I-won
empezó a justificarse.
“No
es gran cosa. Lo compré porque quería regalártelo, pero si no lo usas no
importa. Después pensé que quizá era demasiado infantil...”.
Ciertamente
era un diseño que Jang Beom jamás habría elegido.
Pero
era bonito, con un aire nuevo, y le gustó.
“Tenía
que ser justo uno que se parece a mí…”.
Jang
Beom se quitó el reloj dorado que llevaba puesto y se puso el que I-won le
había regalado.
Despegó
la etiqueta con el precio del reloj nuevo y la dejó caer al suelo, ondeando,
mientras levantaba la muñeca para mostrársela a I-won.
“Sí
que se nota el ojo de una estudiante de arte”.
Al
ver eso, I-won mostró una expresión visiblemente aliviada. Entonces Jang Beom
le tendió el reloj viejo.
“Toma,
quédate con este”,
I-won,
sonriendo tímidamente, negó con la cabeza.
“No
quiero quedarme con tu reloj, es feo”.
Era
el reloj que Jang Beom había usado todos los días.
Pero
al parecer era tan feo que ni siquiera quería tenerlo. Seguro que le había
molestado a la vista desde hace tiempo.
Jang
Beom, con el reloj dorado aún en la mano, le pinchó el pecho a I-won y
refunfuñó.
“Entonces
tíralo”.
“Iba
a hacerlo, pero parece caro. ¿Puedo venderlo por internet?”.
‘…
Eres increíblemente práctico’.
Jang
Beom murmuró, atónito, y luego suspiró con resignación.
“Haz
lo que quieras”.
Ya
que iba a venderlo, al menos que no lo estafaran y le sacara buen precio.
Solo
entonces I-won tomó el reloj riéndose.
Jang
Beom, justo antes de besarlo, le dijo mientras examinaba el reloj en busca de
rayones.
“Gracias.
Lo usaré bien”.
“Ah…”.
En
cuanto lo besó, I-won dejó de mirar el reloj y cerró los ojos en silencio,
abriendo los labios.
Ahora
movía la lengua con bastante destreza.
“Parece
que esta cita no fue un fracaso después de todo”.
Aunque
seguía sintiendo pena por no haber llegado a la suite del hotel que había
reservado.
De
todas formas, con esa pinta, ni había manera de crear una atmósfera sexy.
Justo
cuando iba a separarse para decirle que ya era hora de ir a casa, I-won habló
con un dejo de desilusión.
“Me
alegra que tú y Haeju se hayan llevado bien hoy, pero me quedé con ganas de
más. Vi en los comentarios sobre citas en parques de atracciones que había
buenos hoteles cerca, así que tenía expectativas…”.
Jang
Beom parpadeó, sin comprender de inmediato.
“¿Que
había qué cerca?”.
“Hoteles”.
I-won
tenía la expresión más natural del mundo, como si fuera obvio que tras una cita
en el parque, el siguiente paso era ir al hotel.
Resultaba
que I-won pensaba exactamente igual que él.
Lo
que había considerado un plan lascivo, de repente le dio un poco de vergüenza.
Mientras
estaba momentáneamente pasmado, I-won frunció el ceño y soltó algo aún más
impactante.
“¿Hoy
no dormimos juntos?”.
Dormir,
por supuesto.
No
había nada que pensar: claro que dormirían juntos.
Solo
que la sorpresa fue tal que se quedó sin palabras.
Tal
vez por eso, I-won interpretó su silencio como una negativa y preguntó con
expresión de fastidio.
“¿Aun
después de no vernos en cuatro días? Recién le pedí permiso a mi mamá para
quedarme en tu casa y hasta traje ropa…”.
“…”.
En
ese instante, el corazón de Jang Beom latió con tanta fuerza que se llevó la mano
al pecho.
‘¿Así
que después de estar todo el día corriendo con esa carita inocente, pensaba
venir a acostarse conmigo como si nada?’.
No
sabía por qué, pero le parecía tan adorable que le emocionaba.
Estaba
conmovido.
Y
por supuesto, no tenía ninguna intención de rechazarlo.
Así
que con una mirada intensa, le abrió la puerta del coche.
“Sube”.
I-won
suspiró aliviado y se acomodó en el asiento del copiloto.
Jang
Beom, sin darse cuenta, cerró la puerta con un golpe.
Esa
noche, no pensaba dejarlo dormir.
Y
tal como lo había decidido, esa noche transcurrió a la perfección.
***
Con
el paso del tiempo, el fin de año se acercaba rápidamente.
Desde
que visitaron el parque de diversiones, I-won pasó tres semanas sin descanso
con trabajos de limpieza y de modelo de fittings que había reservado antes. Sin
embargo, cada fin de semana lo pasaba en la casa de Jang Beom. Era la primera
vez que le pedía permiso a su madre para dormir fuera, pero después ya no le
resultaba incómodo.
El
domingo, desde la mañana, I-won, que temblaba sin parar debajo del cuerpo de
Jang Beom, dijo con una cara radiante.
"S.
Señor, yo. Umm. Quiero hacerlo desde arriba".
Entonces,
podía moverse a su antojo, lo que también era una posición que a Jang Beom le
gustaba. Mientras Jang Beom besaba a I-won, con una expresión que parecía estar
aceptando, preguntó.
"¿Quieres
hacerlo así?".
Asintiendo
con la cabeza, Jang Beom cambió hábilmente de posición sin sacar su miembro. I-won,
sosteniendo la cabecera de la cama en la que estaba sentado con la espalda
inclinada, movió su cintura.
"Hmm,
um. Sí, ah".
#60
Moviendo
la cintura de adelante hacia atrás, ajustó sin dejar huecos la unión, haciendo
que su estómago se apretara más contra el pene de Jang Beom. I-won giró sus
caderas en pequeños círculos, abrazando el pene erecto como un pilar de hierro
hasta la raíz, haciendo que su entrada se ensanchara y se estrechara
repetidamente, produciendo un sonido de roce.
Tras
adaptarse rápidamente a la nueva posición, I-won empezó a mover su cuerpo suavemente,
apoyando las rodillas en las costillas de Jang Beom, que estaban a sus lados.
Cada vez que sus nalgas chocaban contra la ingle de Jang Beom, su respiración
se cortaba brevemente.
"Hoo,
sí. Uh".
Jang
Beom exhaló profundamente y acarició los músculos del muslo de I-won, que
estaban divididos en línea vertical, mientras murmuraba.
"Muévete
más rápido".
I-won
soltó las manos de la cabecera de la cama, se apoyó en el colchón y levantó la
cintura más alto, cayendo con fuerza sobre Jang Beom. Jang Beom, con una mirada
descarada, observaba la figura del pene de porcelana que se balanceaba cerca.
Mientras acariciaba sus muslos, también acarició sus costados y frotó sus
pezones con los pulgares. La sensación de electricidad en sus pezones hizo que I-won
llorara.
"¡Haa!".
Jang
Beom, doblando rápidamente las articulaciones de sus pulgares, sacudió
firmemente sus pezones erectos.
Sin
darse cuenta, I-won apoyó las plantas de sus pies en el colchón y levantó las rodillas,
exponiendo sus muslos ampliamente abiertos y balanceando su pelvis de arriba
abajo, clavando su trasero en el pene de Jang Beom.
Entonces,
Jang Beom, con el rostro enrojecido, sujetó con fuerza la pelvis de I-won y
levantó su parte inferior con fuerza. Entre respiraciones cada vez más
agitadas, I-won gritó.
"¡Ah,
ah! Señor, esto. ¡Me encanta! ¡Ah!".
El
pene de I-won, que había estado apretado desde el día anterior, se impregnó con
un líquido preseminal que goteaba por la punta.
Jang
Beom, que apretaba su pene desde abajo, agarró las piernas de I-won y lo empujó
hacia atrás con fuerza. I-won, con el cuerpo doblado hasta que sus rodillas
tocaban sus hombros, fue penetrado sin piedad.
"¡Huff,
huh, ah, huh!".
Una
sensación de parálisis ardiente recorrió la pared interior. La profundidad de
la penetración lentamente abrió la puerta en su mente. Finalmente, con un
golpe, el enorme pene atravesó su recto y, en el momento en que alcanzó el
clímax, I-won se quedó inmóvil.
"¡Hugh!".
Su
cuerpo, que había estado rígido, se relajó lentamente con una sensación
punzante como si estuviera orinando por el ano. Mientras I-won se sentía cada
vez más somnoliento, Jang Beom, con las palmas de las manos formando una
especie de marca roja en sus muslos, se masturbó con fuerza, dejando marcas
evidentes. Sus pantorrillas, abiertas a los lados, temblaban débilmente.
Jang
Beom, satisfecho, gimió con una sensación de alivio.
"Haa...".
Por
otro lado, I-won, que estaba empapado por detrás pero no podía cubrir su pene
como antes, sintió una punzada en la uretra. Sin embargo, mantener su erección
a medio camino tampoco era tan malo.
La
suave sensación sexual se intensificó cuando Jang Beom mordió suavemente su
nuca y retorció sus pezones. Como si no quedara nada más por exprimir, el pene
de I-won, transparente y con una gota de líquido, empezó a rociar.
"I-won".
Una
voz dulce y baja surgió desde su línea de la mandíbula hasta su cuello.
"Realmente
estás iluminado".
...
I-won, que no podía entender que esto equivalía a una confesión de que ‘Tú eres
mi tipo ideal’, pensó.
"Realmente
me voy a despertar".
A
medida que todo se volvía más placentero, incluso hacer lo mismo solo aumentaba
su excitación, pero Jang Beom no lo sabía.
I-won
todavía miraba a Jang Beom, que había insertado su pene en él. Jang Beom, con
su erección completamente perdida y su pene blando, jugaba con él de manera
burlona.
"¿Esta
vez, te lo pongo completamente adentro?".
Con
una expresión que claramente mostraba que su rostro ya estaría completamente
enrojecido, no parecía tener mucho efecto, pero I-won fingió estar indiferente
y desvió la mirada. Jang Beom se rió suavemente, con una expresión de
curiosidad.
"Vamos
a lavarnos y a comer".
Jang
Beom, sin sacar su pene, levantó a I-won en sus brazos. I-won, sorprendido,
rodeó la cintura de Jang Beom con las piernas y abrazó su cuello. Jang Beom le
dio un beso en la frente.
Mientras
se dirigían lentamente al baño, I-won se sonrojó por el chorro de agua que
salía por detrás y gimió.
Después
de comer un almuerzo tardío que parecía más un desayuno, Jang Beom, por alguna
razón, se puso un traje formal.
Al
ver a Jang Beom salir del pequeño cuarto que usaban como vestidor, con un
aspecto pulcro, I-won, que estaba sentado en el sofá del salón viendo la
televisión, abrió mucho los ojos y preguntó.
"¿A
dónde vas?".
"Seúl".
Jang
Beom, poniéndose los zapatos frente a la puerta de entrada, respondió. I-won se
levantó del sofá y se puso frente al lugar donde cambiarse de zapatos. Se
mostró un poco decepcionado por no haber recibido ninguna explicación, pero
Jang Beom le acarició la parte trasera de la cabeza con la punta de los dedos y
dijo.
"Vuelvo
mañana".
Mañana
sería un día en que, incluso en la tienda de carne, estarían cerrados por el
día, así que podrían estar juntos todo el día por primera vez en mucho tiempo. I-won,
con una expresión triste, preguntó a Jang Beom, que le acariciaba la cabeza.
"¿Vas
a ver al presidente Jang?".
"Sí".
Después
de un momento de mirarlo con ojos brillantes, Jang Beom agregó.
"Es
fin de año, y si voy en Año Nuevo, los viejos llaman a todos sus conocidos de
todo el país para una fiesta, así que me tendré que quedar unos días más".
Si
era eso, sería mejor ir hoy. Mañana podía enviarlo a su trabajo de medio
tiempo.
Al
sentirse mejor, I-won miró con satisfacción a Jang Beom, que había cortado su
cabello y cambiado su peinado. Como era de esperar, el cabello corto le quedaba
mucho mejor.
Jang
Beom cortó su cabello a unos 2.5 centímetros por encima de la línea del
cabello, tal como I-won había dicho. La parte de los lados fue cortada un poco
más corta, lo que hizo que su rostro pareciera mucho más limpio. Aunque antes
también había peinado su flequillo hacia atrás y lo había fijado, al dejarlo
natural y erguido, su frente y rasgos faciales destacaban claramente. Pero lo
que más le gustaba era el reloj en su muñeca.
Al
menos, según lo que I-won había visto, Jang Beom llevaba puesto el reloj que le
había regalado todos los días. I-won tocó el reloj en la muñeca de Jang Beom
con una sonrisa satisfecha.
Entonces,
Jang Beom, sonriendo, preguntó.
"¿Vendiste
bien el reloj que te di?".
"No,
todavía no".
Pensaba
que no le gustaba verlo, así que lo había guardado en el cajón de su habitación
sin prestarle atención. Cuando pensó en ello, decidió que cuando llegara a
casa, investigaría el valor del reloj.
I-won,
sin pensar demasiado, movió su mano que tocaba el reloj hacia la manga de Jang
Beom, dejando solo la punta de la camisa visible por fuera del saco. Jang Beom,
entregándole la manga sin resistencia, preguntó.
"¿Todavía
estás ocupado con el trabajo en la tienda?".
"Sí.
El jefe no tiene tiempo ni para dormir en la pausa del mediodía".
Con
el Año Nuevo acercándose, había muchas reuniones de equipo durante el almuerzo
y muchas fiestas de fin de año por la noche, así que estaba muy ocupado. De
hecho, incluso ese día, en la hora punta, no pudo verlo a él.
I-won,
como siempre, habló sin parar sobre su rutina diaria.
"Por
eso, la señora y Sang-hyun vienen todos los días a ayudar".
"Debe
ser difícil".
De
repente, recordó que el año pasado, la tienda de carne estuvo cerrada en el
primer día del Año Nuevo.
"¿Nos
encontramos el 31? Para estar juntos cuando llegue el Año Nuevo".
"Sí.
Y si quieres hacer algo, dímelo. O simplemente podemos estar en casa
juntos".
Jang
Beom esperó pacientemente hasta que I-won revisara su ropa, y luego miró su
reloj de pulsera. Era evidente que ya era hora de partir.
Antes
de salir por la puerta, Jang Beom acarició el cabello de I-won y dijo.
"Ya
está todo despeinado".
De
repente, I-won enrojeció la nariz y se cepilló rápidamente los cabellos que
estaban en esa zona, que había quedado despeinado. Después de que Jang Beom le
secó el cabello tras bañarse, le pareció más incómodo que el sexo.
"Está
bien".
"La
próxima vez, lo haré mejor".
Mientras
se sentía un poco avergonzado y bajaba la vista, Jang Beom inclinó la cabeza y
le dio un beso.
"Me
voy".
Aunque
siempre decía 'me voy' como despedida, escuchar esto le hacía sentirse bien. I-won
asintió con una sonrisa que casi deformaba su rostro, incluso con la cara aún
sonriendo con los labios juntos.
***
Poco
después de que Jang Beom salió de su casa, I-won también fue a trabajar.
No
era una exageración decir que la tienda de carne estaba muy ocupada últimamente.
Hoy, había dos mesas de reuniones de equipo que parecían haber salido temprano
después de la apertura, y además, los comerciantes locales que venían a comer
como siempre, hacían que todo fuera un caos.
Al
terminar el almuerzo y comenzar la pausa, I-won se acostó en la habitación
privada del local. El hijo del dueño, Sang-hyeon, que había trabajado en la
sala todo el tiempo, tampoco estaba en buena condición.
Al
igual que I-won, Sang-hyeon, que también estaba exhausto, se desplomó a su lado
y murmuró.
"Hyung.
Creo que voy a morir. Mejor me muero ahora".
