Capítulo 1
Capítulo 1
“Papá…”.
“¿Hmm?
¿Eun-chan, qué pasa?”.
“El
tío Gyeol… ¿por qué no viene?”.
“¿Eh?”.
Eun-chan,
con los mismos ojos redondos que Eun-seong y sus mejillas regordetas infladas,
preguntó con cautela.
El
niño también parecía haber notado algo extraño. Y no era para menos. Ya había
pasado más de una semana desde que su tío había dejado de aparecer para
recogerlo y llevarlo a la academia de arte. Era imposible que no notara ese
cambio repentino. Además, seguramente sentía que algo en su papá también había
cambiado. Que su ánimo se había apagado, que el ambiente ya no era el mismo. El
niño debía estar percibiéndolo con todo su cuerpo.
Al
escuchar la pregunta de Eun-chan, Eun-seong cerró el libro de cuentos que tenía
en las manos. Eun-chan lo miraba parpadeando lentamente. Tenía que responder
rápido. Pero no sabía cómo explicárselo al niño sin hacerle daño.
En
momentos así… ¿qué habría dicho Gyeol? Él sabría cómo responder de una forma
que Eun-chan entendiera y sin que se sintiera herido. Pero Eun-seong aún no
encontraba la manera de dar esa respuesta.
“Ah…
eso, verás…”.
“¿Hmm?
¿Por qué el tío Gyeol no viene a ver a Eun-chan? Qué raro…”.
El
rostro de Eun-seong se llenó de desconcierto. Y el niño, al notar el cambio en
la expresión de su papá, también comenzó a fruncir el ceño.
Eun-seong
trató de sonreír. Eun-chan se incorporó en la cama y, sujetándose de la
baranda, acercó su carita hacia su padre. En sus ojos, brillando bajo la luz
tenue, había una mezcla de curiosidad inocente y un poco de preocupación.
“¿Hmm?
Papá, ¿por qué el tío está así?”.
“Eun-chan,
¿extrañas al tío?”.
“¡Sí!
¡Lo! ¡Extraño! ¡Mucho!”.
Eun-chan
se aferró a la baranda y saltó con entusiasmo. Eun-seong lo tomó con delicadeza
en sus brazos. El niño comenzó a acariciar la espalda de su padre. El ritmo y
la suavidad con que lo hacía, y ese calor tan familiar… era igual que Gyeol.
Todo lo que hacía Gyeol se había quedado en el niño.
La
garganta se le cerró.
“El
tío Gyeol… ya no viene a la academia, ni viene a casa. Creo que ya no quiere
ver a Eun-chan. Snif”.
“No,
Eun-chan. No es eso. Tu tío Gyeol te quiere muchísimo”.
“¿Hmm?
¿Me quiere?”.
“Sí.
Así como papá te ama… el tío Gyeol también te quiere muchísimo, muchísimo”.
Pero
Eun-chan no pudo ocultar su tristeza. Eun-seong le miró a los ojos y dijo.
“Eun-chan,
verás, el tío Gyeol… no podrá venir por un tiempo”.
“¿Por
qué? ¿Por qué no?”.
No
solo yo estaba desesperado por encontrar a Gyeol. Eun-chan también lo extraña.
Han-gyeol se ha entrelazado profundamente en sus vidas, en la suya y en la de
Eun-chan. Así de profundamente.
“Bueno…
el tío está muy ocupado. Sí, eso. Está ocupado. Pero cuando todo esté bien…
cuando todo esté bien, él…”.
Sin
querer, la voz se le quebró. La nariz se le llenó de un ardor húmedo, como si
se hubiera sumergido en el agua. Las lágrimas empezaban a brotar y tuvo que
aclararse la garganta varias veces.
No
debería llorar delante de Eun-chan. No podía preocuparlo. No debía comportarse
así, de una forma tan poco adulta.
Eun-chan
lo miró fijamente y, con su manita, le limpió las lágrimas de los ojos. Ese
pequeño gesto hizo que finalmente Eun-seong rompiera a llorar en silencio,
abrazando con fuerza al niño.
“Papá…
¿lloras porque no puedes ver al tío?”.
“No…
no, no es eso”.
“¿Peleaste
con el tío?”.
“No,
no. No fue eso”.
“Entonces
pídele perdón. Son amigos. Dile que lo sientes. Papá, tú dile primero, ¿sí?”.
“Cuando
el tío… termine con lo que está haciendo…”.
“Papá,
yo le pedí perdón a Junu primero. Entonces Junu también estuvo bien. Papá, dile
al tío que lo sientes. ¿Sí?”.
Eun-chan
comenzó a acariciar lentamente la espalda de su papá. Así como había aprendido
de Gyeol.
“Papá…
papá… lo siente. Eun-chan”.
“Papá,
tú no hiciste nada malo a Eun-chan. ¿Verdad? ¿Quieres que yo le diga al tío que
tú estás arrepentido? ¿Que le hable bien de ti?”.
“Eun-chan…
gracias. Papá está bien. No pelee con el tío. De verdad está ocupado. ¿Sí? No
te preocupes. Pronto vendrá”.
Sin
entender por qué su papá lloraba, Eun-chan simplemente lo consolaba como había
aprendido de Gyeol, con sus pequeñas manos llenas de ternura. Y Eun-seong,
abrazando el pequeño cuerpo de su hijo, le acariciaba la espalda suavemente.
Así le compartía el calor que había recibido de Gyeol.
***
Gyeol
seguía sin responder a los mensajes de Eun-seong.
Cada
mañana, Eun-seong dejaba un mensaje disfrazado de saludo matutino, pero el
ícono con el número “1” que indicaba que no había sido leído no desaparecía.
Así habían pasado ya dos semanas. Durante casi quince días, Eun-seong vivía con
el temor constante de ser abandonado.
Porque
para él, cuando Gyeol dijo que necesitaba “tiempo”, sonaba como una manera
encubierta de decir adiós.
Sintió
que aquella promesa firme, la de no dejarlo nunca, se había roto en un
instante. Y por eso también comenzó a sentir rencor. Luego, regresaban a él los
recuerdos de abandonos pasados. Eun-seong siempre se había considerado alguien
muy cercano a la ansiedad, y pensaba que el hecho de que alguien quisiera
quedarse a su lado era, desde el inicio, un sueño demasiado grande.
“¿Estará
comiendo bien?”.
Durante
los días en que lo consumía el pensamiento de que Gyeol quizás no volvería a
buscarlo, que tal vez no lo volvería a ver jamás, algo dentro de Ryu Eun-seong comenzó
a cambiar.
Empezó
a preocuparse por el estado de Gyeol, por las emociones negativas que podría
estar sintiendo. Ese cambio abrió una grieta en la muralla de su ansiedad. En
lugar de hundirse, ese pensamiento lo sacaba a la superficie una y otra vez. De
forma extraña, cada vez que pensaba en ello, recuperaba la lucidez.
“¿Estará
mejor de ánimo? Si está solo… y llorando…”.
Al
principio, lo asfixiaban el miedo a ser abandonado y el vacío de no tener a
Gyeol a su lado. Pero con el paso del tiempo, ese espacio se resquebrajó, y el
corazón de Eun-seong comenzó a llenarse de preocupación por Gyeol. Aquellos
pensamientos llegaban con más frecuencia de lo que imaginaba.
¿Estaría comiendo bien? ¿No habría vuelto a
beber como la última vez? ¿No estaría fumando cigarro tras cigarro? ¿Estaría
logrando calmar su corazón?
Eun-seong
sufría por la culpa y el remordimiento de lo que su familia había provocado.
Temía que el inmenso dolor que le habían causado sumiera aún más a Gyeol en la
soledad. Quería saber cómo estaba, al punto de desesperarse. Cada día, a cada
hora, extrañaba y se preocupaba por él.
Recordaba
con viveza aquel primer día tan intenso, los días en que se fundieron el uno en
el otro, el día en que visitaron el columbario de Eun-chan, las palabras de
amor que compartieron, la mano de Gyeol que lo rescató de las aguas negras del
miedo, el calor de su abrazo. Todo estaba tan claro en su memoria.
“No
importa si estás bien o no… si me odias… Está bien, dime lo que sea. Por
favor”.
Todo
era tan vívido, pero Gyeol ya no estaba frente a él, no podía tocarlo. Eso lo
destruía. Eun-seong se quedaba mirando fijamente ese número que no desaparecía.
Desde
cierto día, su ansiedad se transformó en cuidado y consideración. Su temor de
que su amor no fuera correspondido ya no era tan grande como la preocupación
por Gyeol y su bienestar.
Incluso
mientras trabajaba, pensaba tanto en él que terminó cortándose la mano,
rompiendo platos por accidente o quemándose el pie con comida caliente.
Mientras el jefe de cocina le hacía curaciones, Eun-seong seguía perdido en sus
pensamientos.
Hubo
momentos en los que pensó en usar la clave de la puerta para entrar sin avisar.
Cada vez eran más los días en que se encontraba frente a la entrada de su casa,
dudando si marcar los números o no. Pero sentía que, si lo hacía, no habría
vuelta atrás. Por eso, siempre acababa regresando a casa.
Porque
él había pedido tiempo. Había pedido espacio para calmar sus emociones.
Aunque
todo terminara, Eun-seong creía que Gyeol sería quien diera el primer paso para
hablar. El Gyeol que él conocía no terminaría las cosas sin decir una sola
palabra. No lo dejaría como lo hizo Seo Hyeon-oh. Eun-seong lo creía.
Aunque
fuera una esperanza ingenua, quería creer. Y lo creía con fuerza.
Aunque
su relación hubiera durado solo unos meses, tenía la certeza de que, si llegaba
el fin, Gyeol se lo diría con claridad.
La
verdad es que no quería separarse. No quería terminar así. Quería correr,
abrazarlo, rogarle mil veces que no se separaran. Pero Ryu Eun-seong decidió
resistir este tiempo.
Y
cuando no podía más, salía a buscar rastros de él. Iba al taller de Gyeol a
observar desde lejos, pero no lograba verlo. Desde el día en que Gyeol le pidió
tiempo, el taller se mantenía cerrado.
“Ha…
¿cómo estás viviendo todo esto?”.
El
Gyeol que él conocía era alguien comprometido. Disfrutaba hacer muebles,
disfrutaba trabajar como carpintero. Pero ahora, su taller llevaba días sin
abrir.
Eun-seong
temía que Gyeol estuviera sumido en el dolor que su familia le había causado.
Temía que ese dolor lo aplastara, que no pudiera respirar. Lo pensaba mientras
dudaba frente a su puerta, mientras merodeaba por su edificio con la esperanza
de verlo, aunque fuera de lejos.
Pero
nunca se encendían las luces en casa de Gyeol.
Eun-seong
esperaba que solo fuera porque él pasaba en los momentos equivocados. Que
durante el día al menos saliera a caminar un poco. Que, si no, al menos saliera
al minimercado por algo de comida, o a comprar alcohol para aliviar la pena.
Pero
sabía bien cómo reaccionaba Gyeol cuando la soledad lo envolvía. Recordaba con
detalle sus historias dichas en tono apagado. Sabía que, en tiempos de pérdida
y vacío, Gyeol se encerraba y no hacía nada.
Ya lo sabía.
“Chef,
¿también se va a ir tarde hoy?”.
“Ah,
sí. Usted puede irse primero, jefe. Yo me encargo de recoger todo”.
“¿Está
desarrollando un nuevo menú?”.
“No.
Estoy preparando una lonchera”.
“¿Una
lonchera?”.
“Es
para alguien. No se preocupe, puede irse tranquilo”.
Desde
el día en que se convenció de que Gyeol no salía de casa, Eun-seong empezó a
quedarse en el restaurante por las noches para preparar una lonchera. Estaba
seguro de que Gyeol estaría acostado en la oscuridad, sin comer. La cocina del
restaurante de Eun-seong seguía iluminada mucho después del cierre, como si el
calor del almuerzo y la cena aún persistiera.
Sabía
que quizás Gyeol nunca vería esa lonchera. Que incluso si la veía, tal vez ni
la tocaría.
Aun
así, Ryu Eun-seong quería transmitirle sus sentimientos de la mejor forma que
sabía. Colocaba una nota encima de la lonchera con su torpe pero sincero
mensaje: ‘Lo siento’ y ‘Me preocupas’. Sin falta, todos los días, Eun-seong dejaba
una lonchera frente a la casa de Gyeol. Nunca se olvidaba de enviarle un
mensaje diciéndole que por favor no se saltara las comidas. Y cada día, ponía
la nueva lonchera justo encima de la del día anterior, aún intacta.
Incluso
al ver cómo ese número de mensaje no leído seguía sin desaparecer después de
más de dos semanas, incluso al ver cómo sus mensajes se acumulaban tanto que la
pantalla ya no podía mostrarlos todos.
Eun-seong
resistió, resistió y resistió.
Pensaba
en su sincero sentimiento, en su corazón, con la esperanza de que, por favor,
Gyeol solo lo reconociera.
***
Eun-seong
miró con curiosidad el coche extranjero negro estacionado frente a la casa. Sin
duda, cuando salió para recoger a Eun-chan, no estaba allí. Eun-seong sacó su
teléfono para comprobar la hora. En la hora que él estuvo fuera, el dueño del
coche lo había estacionado allí como si fuera su propia casa.
La
academia de arte de Eun-chan estaba a unos 15 minutos caminando desde la casa
de Eun-seong. Un viaje de ida y vuelta tomaba aproximadamente 30 minutos.
Para
intentar calmar los pensamientos que lo atacaban sin cesar, Eun-seong eligió
caminar hasta la academia de arte. Si el niño se quejaba por estar cansado, no
dudaba en cargarlo. Aunque el tiempo de recogida se había retrasado debido a
que Eun-chan, según dijo, se demoraba jugando con Jun-woo en la academia.
“¿Quién…
deja un coche ajeno en frente de la casa…?”.
El
dueño del coche ni siquiera dejó un número de contacto. Y lo estacionó de
manera ostentosa. Además, el maleducado dueño había dejado el coche de tal
manera que bloqueaba parcialmente la puerta de entrada. Eun-seong apretó con
fuerza la mano de Eun-chan.
“…Qué
falta de modales”.
“Uuung?
Papá, ¿qué es eso?”.
“Ah,
nada. Vamos a entrar”.
“Uuung.
Eun-chan, curioso”.
¿Será
que no veía a Gyeol por un tiempo, o acaso era una etapa común en el
crecimiento de un niño? Las preguntas de Eun-chan aumentaban. Eun-chan no
dejaba pasar ni lo más mínimo, como si estuviera atento hasta a los susurros de
Eun-seong.
“Ah,
sí. Es que hay un coche que no había visto frente a la casa”.
“Uuung.
Eso no es el coche de papá. No es el coche de Gyeol tampoco”.
Al
escuchar el nombre de Gyeol, Eun-seong contuvo el suspiro que estaba a punto de
salir. Esperó unos segundos, respirando lentamente, y lo dejó escapar
suavemente. Lo hizo con cuidado, para que Eun-chan no lo notara.
“Eun-chan,
hace frío. Rápido, entra”.
“¡Sí!”.
Cuando
Eun-seong abrió la puerta, Eun-chan corrió hacia dentro rápidamente. El niño
saltaba de un lado a otro por el pequeño camino entre el jardín y la entrada.
El clima se había suavizado, y la nieve derretida había formado pequeños
charcos. La tierra aún congelada brillaba por todas partes.
“¡Eun-chan,
cuidado! El suelo todavía está resbaloso. Te dije que tengas cuidado con las
escaleras”.
“Nooo.
Eun-chan no se va a caer. Eun-chan lo hace bien”.
En
ese momento, la puerta de la entrada se abrió de golpe.
Eun-seong
pensó que era la señora Yang quien había abierto la puerta al escuchar el
sonido de Eun-chan. Le llamaría para que dejara de hacer tonterías y entrara
rápido porque hacía frío. Y luego, ella abriría la puerta para recibirlos. Pero
hasta que vio a Eun-chan retroceder y deteniéndose, no entendió que algo raro
estaba pasando. Y luego, olió un perfume familiar que venía de la puerta
abierta.
Eun-seong
sintió algo extraño y levantó la mirada.
“Dijiste
que hoy tenías el día libre, ¿vas a salir?”.
Hanna
estaba de pie allí.
“…Tú,
aquí…”.
“¿Qué
pasa? ¿Así me recibes? ¿Me haces sentir mal? ¿No me vas a saludar? ¿Soy un
fantasma o qué? ¿Por qué parece que ves un fantasma?”.
Eun-chan,
que había estado mirando a su madre, miró a Eun-seong con una expresión
aterrada. Sus ojos estaban a punto de derramar lágrimas en cualquier momento.
Eun-seong rápidamente levantó a Eun-chan. Si no lo hubiera hecho, el niño
habría resbalado por las escaleras y caído de espaldas.
Sintió
el cuerpo de Eun-chan aferrándose a él con fuerza. Aunque el niño intentaba, de
forma desesperada, sostenerse bien, su cuerpo estaba completamente tenso. Eun-seong
le acarició la espalda y le susurró suavemente al oído.
“Está
bien. Todo está bien, Eun-chan”.
“¡Uuung…!”.
Al
ver la escena de padre e hijo, Hanna dejó escapar un suspiro corto.
“¿Qué
haces? ¿No vas a entrar? Hace frío”.
“¿Y
tú? ¿Qué haces apareciendo de repente? ¿Cómo se te ocurre venir así?”.
“Vine
porque quiero hablar con mi hijo. Por eso estoy aquí”.
Las
palabras de Hanna hicieron que los ojos de Eun-seong se iluminaran con una
expresión de furia. Los ojos que se habían vuelto fríos y vacíos mientras veía
a Gyeol se llenaron ahora de una aguda tensión. Algo que había estado oculto
por mucho tiempo salió con fuerza.
Eun-seong
no dijo nada más ante las palabras de Hanna.
Cuando
Eun-seong entró con Eun-chan en la casa, Hanna lo siguió. Al entrar al salón,
vio a la señora Yang sentada en el sofá. Con la espalda erguida, mirando por la
ventana del salón, cuando se giró, su expresión era dura. Sus labios apretados,
tensos, mostraban las arrugas profundas alrededor de su boca.
La
señora Yang parecía incómoda por la repentina visita de Hanna.
Eun-seong
había visto esa expresión de la señora Yang hace mucho tiempo. La misma
expresión que tuvo cuando sus padres le aplicaron violencia física por primera
vez siendo niño. Y también la misma expresión que vio cuando Hanna dejó la
casa, con Eun-chan llorando sin poder decir nada.
El
vapor ascendía de la taza de té sobre la mesa. Probablemente Hanna había
llegado justo antes de que Eun-seong llegara a casa. Aunque, tras haberse ido
de forma violenta, destruyendo todo y dejando la casa, Hanna parecía actuar con
una total naturalidad, sin la menor incomodidad. La actitud de Hanna era muy
audaz, lo que hizo que las cejas de Eun-seong y la señora Yang se movieran al
unísono. Aunque ellos no lo vieron, Hanna extendió la mano hacia Eun-chan.
“Eun-chan,
ven con mamá. Perdóname por haber llegado tan tarde”.
“¡Uuung…!”.
Eun-chan
negó con la cabeza, y con su rostro se acurrucó contra el hombro de Eun-seong.
“Está
bien, Eun-chan. Vamos a tu habitación”.
Eun-seong
se giró hacia la habitación de Eun-chan. Hanna se levantó del sofá y agarró el
brazo de Eun-seong.
“Voy
a hablar con mi hijo, ¿entiendes? Quiero un poco de tiempo para hablar con Eun-chan.”.
Eun-seong
apartó la mano de Hanna bruscamente.
“¿Qué?”.
De
inmediato, la voz de Eun-seong se elevó. Sintió cómo el cuerpo de Eun-chan se
tensaba en sus brazos, como si el niño estuviera absorbiendo su reacción.
“¡Uuuh.
Uuung!”.
La
reacción de Eun-chan parecía extraña. La palabra "silencio" comenzó a
agitarse en la mente de Eun-seong.
Un
cambio que duró un tiempo que, aunque corto, parecía largo, ocurrió en él, y
todo lo que le pasó se reflejó directamente en el niño. A medida que Eun-seong formaba
relaciones más estables, el entorno de Eun-chan también mejoraba. Cuanto más
tiempo pasaba sin Gyeol, más extraño debía de volverse el ambiente para el
niño.
Pero,
¿qué hacía Hanna aquí, de repente? Ella, que decía que no podía ver al niño
porque le recordaba a Eun-seong, y que ni siquiera había intentado contactar o
ver a Eun-chan. Ahora se presentaba así, sin previo aviso. Eun-seong temía que la
presencia de Hanma provocara un gran estrés en Eun-chan.
“¿Qué
tienes que decir, tú?”.
“¿No
puedo hablar con mi hijo?”.
“Si
querías hablar con Eun-chan, lo hubieras hecho antes de que enviaran la demanda
de cambio de custodia. ¿Qué es esto? ¿Por qué ahora, sin haberlo hablado antes,
ni haberlo intentado?”.
Hanna
miró a Eun-seong con los ojos fríos. Aunque había estado con ella durante el
matrimonio, nunca logró entender su mirada. Hanna era impredecible. A veces
parecía hacer lo que todo el mundo esperaba, pero con frecuencia sus acciones
dejaban a Eun-seong sin palabras, pues rara vez actuaba como se anticipaba. Era
alguien que simplemente hacía lo que le venía en gana. Pero lo que sucedía
después solía ser algo completamente inesperado.
Eun-seong
no entendía qué quería lograr con la solicitud de cambio de custodia. Y mucho
menos, comprendía su aparición repentina en este momento.
Eun-seong
escuchó la respiración irregular de Eun-chan cerca de su oído. En su mano,
podía sentir claramente el latido del corazón de Eun-chan, que palpitaba
rápidamente contra su palma.
“Hanna,
escúchame. Necesitamos hablar”.
Eun-seong
dijo esto y luego llevó a Eun-chan a su habitación. El niño, que no quería
separarse de él, se soltó con dificultad, y Eun-seong lo tranquilizó,
diciéndole que todo estaría bien.
“¡Uuung,
Papá!”.
“Está
bien, Eun-chan. Está bien. ¿Tienes miedo, eh?”.
“¡Euuung!
Papá, dile a mamá que se vaya ya. ¡Rápido!”.
Las
quejas de Eun-chan se intensificaron. El niño no estaba simplemente quejándose.
Estaba enojado. Sus cejas fruncidas, sus labios gruesos y afuera, sus brazos
agitándose con fuerza. Eun-chan rechazaba la presencia de su madre con su
cuerpo entero.
Eun-seong
le dio a Eun-chan el dinosaurio de juguete que estaba sobre la cama.
“¿Puedes
esperar un poco, Eun-chan?”.
“¡Nooo!”.
“Papá
va a hablar con mamá un momento, ¿sí? Quédate con la abuela Yang, ¿de acuerdo?”.
Eun-chan
miró a Eun-seong con el rostro fruncido y, al parecer, leyó el cansancio en su
expresión. De repente, la cara de Eun-chan cambió de forma extraña. Había
inflado las mejillas y había hecho un puchero, pero luego sus ojos se apartaron
de la mirada de Eun-seong y miraron al suelo.
“Papá”
“Sí,
Eun-chan”.
“¿Cuándo
se va mamá?”.
“Pronto.
Se va pronto”.
Eun-chan
levantó la cabeza y abrazó las mejillas de Eun-seong.
“Papá”.
Eun-seong
se detuvo ante la inesperada reacción de Eun-chan. Él tomó las manos del niño y
las apretó.
“Sí”.
“¿Y
si mamá tira cosas de nuevo?”.
“¿Eh…?”.
“Papá,
no debes gritar también”.
El
corazón de Eun-seong dio un vuelco. Parecía que Eun-chan aún recordaba ese día,
como si la memoria de ese evento permaneciera viva en él. O tal vez, estaba
seguro de que el niño lo vivía de forma constante.
Un
profundo sentimiento de culpa y remordimiento se apoderó de él. Eun-chan lo
miraba con una expresión que parecía decir ‘No lo hagas, prométemelo’. Los
largos y finos pestañeos del niño sincronizaban con los temblores en los labios
de Eun-seong. Sentía que sus dientes estaban a punto de chocar, haciendo un
ruido raro y nervioso. Eun-seong apretó los dientes y abrazó a Eun-chan con
fuerza.
“No,
no será así. Papá no va a gritar. Mamá tampoco lo hará. ¿De acuerdo?”.
“¿De
verdad? Papá, no debes gritar”.
“Sí.
Lo prometo. No lo haré”.
Eun-chan
fue a su cama y tomó el braquiosaurio de juguete que estaba al lado. Colocó la
figura y un libro de cuentos sobre la cama, luego trajo una silla infantil y la
puso junto a su cama.
“…Eunchan,
¿puedes quedarte en tu cuarto hoy, valientemente? ¿Ya no eres un niño, sino un
niño grande de seis años?”.
Eun-chan
miró a Eun-seong con una expresión bastante indulgente. Aunque aún no había
borrado el ceño fruncido de su rostro, parecía que se comportaba más maduro al
escuchar la palabra ‘niño grande’. El niño movió sus ojitos de lado a lado,
luego hizo un puchero.
“Papá”.
“¿Sí?”.
“Ve
rápido a hablar y vuelve, ¿vale?”.
Un
pedazo de la pesada carga emocional de Eun-seong se desmoronó, como si algo que
no había sido procesado adecuadamente ahora se liberara. La acumulación de
todos esos sentimientos negativos sin orden ni secuencia comenzó a
desmoronarse, y de alguna manera, parecía que todo iba a colapsar pronto.
“Sí,
lo haré. Papá hablará con mamá y luego vuelve, ¿de acuerdo?”.
“Sí.
Pero no discutas con mamá, ¿entiendes?”.
“Papá
no va a pelear con nadie. Eun-chan”.
Cuando
Eun-seong se levantó, Eun-chan agitó la mano y se sentó en la silla. Luego,
tomó el libro pop-up de sombras que había sobre la cama y lo puso sobre sus
rodillas, abriéndolo. El niño también encendió la luz ambiental por sí mismo.
Eun-seong cerró las cortinas y, cuando estaba a punto de salir de la
habitación, Eun-chan lo miró de reojo. A pesar de que hacía como si no le
importara, mirando el libro, no dejaba de mirarlo una y otra vez.
Eun-seong
pensó que le debía muchas disculpas a su hijo.
Si yo hubiera sido una persona firme desde el
principio... Si no me hubiera dejado llevar por todo y todos desde el
principio... Si no hubiera cometido tantos errores con tantas personas...
Entonces, este tipo de cosas no habrían pasado.
Lo siento.
Pero
Eun-seong guardó esas palabras de disculpa en su interior. Mientras las
emociones se mantenían contenidas, el deseo de disculparse con su hijo se hacía
más grande. Sin embargo, pensó que, en este momento, no debía decir esas
palabras. En lugar de disculparse, trató de decir algo que tranquilizara a Eun-chan.
Despejando su garganta varias veces, trató de hablar suavemente.
“Estás
leyendo, ¿verdad? Después vamos a comprar tartas, Eun-chan. ¿De acuerdo?”.
“¡Sí!”.
“Nuestro
Eun-chan, qué valiente. Ya parece todo un niño grande”.
“¡Papá!
Dile a mamá que se vaya pronto. ¿De acuerdo?”.
“Sí,
lo haré”.
Eun-seong
cerró la puerta de la habitación de Eun-chan.
Al
salir al salón, Eun-seong se detuvo frente a Hanna y se pasó la mano por el
cabello. En ese momento, la señora Yang, que estaba sentada en el sillón, se
levantó. Ella, con una mirada preocupada, se dirigió a la habitación de Eun-chan.
Desde allí, comenzó a sonar una canción infantil a un volumen bastante alto.
Hanna, al escucharla, soltó una pequeña risa y, con los brazos cruzados, miró a
Eun-seong.
“¿Eun-chan?
¿Parece que está bien ahora, no? Está hablando bien”.
Eun-seong
no respondió ni afirmativamente ni negativamente. Era cierto que el estado del
niño había mejorado sorprendentemente, pero la ansiedad de ver a Hanna seguía
presente. La misma sensación de inseguridad que había tenido cuando ella lo
miraba meses atrás. No quería darle ninguna respuesta a Hanna, que ahora se
mostraba interesada en el estado del niño.
Eun-seong,
tirando del cuello de su grueso suéter de cuello alto, dijo.
“Hablas
como si fuera otro niño. Ni siquiera hablarías así con los hijos de otros”.
“Ryu
Eun-seong”.
Hanna
pronunció su nombre en voz baja. Eun-seong, de manera irritada, tiró del cuello
de su suéter una vez más, con un gesto ligeramente más nervioso que antes.
“Siéntate
y hablemos”.
Hanna
golpeó el asiento junto a ella. Eun-seong se sentó en el pequeño sillón donde
la señora Yang había estado sentada. Las miradas de Eun-seong y Hanna se
cruzaron de manera diagonal, pero de una forma extraña, como si estuvieran a
punto de tocarse pero, a la vez, se desviaran.
“Di
lo que tienes que decir, rápido, y vete”.
“¿Por
qué actúas tan fríamente? Hace mucho que no nos vemos”.
“No
me gusta que entres sin avisar. Tú también lo sabías”.
Hanna
levantó una taza de té y, mientras se la llevaba a los labios, miró a Eun-seong
fijamente. Sus ojos mostraban una expresión como si quedara algo de cariño hacia
su exmarido. Pero cuando Hanna apartó la taza, Eun-seong percibió que no era
una mirada de nostalgia, sino algo más calculado, una mirada con propósito.
Era
una mirada que tenía claro lo que quería.
“Lo
sé. Después de vivir aquí, pasé por eso varias veces. Fue insoportable”.
“Hanna”.
“Sí,
Eun-seong”.
“Solo
dilo, por favor, y ve al grano”.
Hanna
dejó la taza sobre la mesa. El sonido de la taza al caer sobre la mesa resonó
en la habitación. Hanna movió sus largas pestañas arriba y abajo antes de
hablar.
“Necesito
el consentimiento de Eun-chan. Y también debo explicarle qué ha estado pasando
con su mamá, cómo me he sentido durante todo este tiempo. Eun-chan debe estar
confundido, ¿no?”.
Un
suspiro escapó de la boca de Eun-seong. Varias frases, acompañadas de sonidos
de enojo, empezaron a salir de su garganta, pero logró contenerlas, presionando
su pecho para calmarlas. Sentía que su estómago se quemaba, como si algo
ardiera dentro de él.
“Después
de que nos divorciamos, no has visto a Eun-chan ni una vez. Durante todo este
tiempo, cuando Eun-chan se guardaba todo para sí, tú nunca intentaste ponerte
en contacto. ¿Y ahora, qué? ¿Por qué este orden?”.
“Eun-seong”.
Hanna
pronunció su nombre con una calma inquietante, lo que hizo que los músculos de
la mandíbula de Eun-seong se tensaran.
“Voy
a llevarme a Eun-chan”.
“Entonces,
¿por qué no lo hiciste antes? Si hubieras querido verlo constantemente, lo
habrías hecho. ¿No? ¡No te hubieras negado a la custodia desde el principio! ¿Y
ahora qué? ¿Qué quieres que haga Eun-chan?”.
Una
fuerte y nerviosa exclamación salió de la boca de Eun-seong. Hanna hizo una
mueca y adoptó una postura erguida y altiva, dirigiéndose a él.
“Eun-seong,
sabes que he pasado por muchas dificultades. Lo sabes bien”.
“¿Qué?”.
“¿Acaso
lo hice a propósito? El golpe emocional que me diste fue tan grande”.
Eun-seong
se quedó sin palabras.
“No
sabía que eras gay cuando me casé contigo. ¿No fue un gran shock? Y ni siquiera
sabía que habías estado saliendo con uno de mis amigos de la secundaria”.
“¡Choi
Hanna!”.
“Durante
todo este tiempo, me he estado tratando con un psiquiatra. Tengo los informes
médicos. Ahora los doctores me han dicho que puedo suspender el tratamiento.
Eun-seong, ahora estoy en condiciones de criar a Eun-chan. No te preocupes”.
Hanna
sacó un sobre con el nombre del hospital y lo agitó con una sonrisa que hacía
que Eun-seong soltara un breve suspiro. Mientras trataba de calmar su
respiración, comenzó a sentirse incómodo por el volumen de su propia voz.
No
debía gritar. No debía parecer que estaban peleando.
Eun-seong
apretó los dientes y, finalmente, dijo.
“¿Cómo
puedes tomar esas decisiones sin mi consentimiento? Si realmente querías
cambiar la custodia, deberías haber venido antes, pasar tiempo con Eun-chan y
hablar conmigo. ¿Cómo puedo saber qué piensas? ¡Hanna! ¿Cómo puedo saber si
realmente quieres al niño?”.
“Eso
es lo que estoy diciendo ahora. Que quiero criar a Eun-chan. Yo lo cuidaré. Con
un padre que no para de andar con hombres y una familia que no para de meterse,
¿no sería mejor que lo criara yo?”
“No
hables sin pensar”.
Hanna
se levantó del sillón y recorrió la sala con la mirada.
“Realmente,
sigue siendo una casa tan patética”.
“…Hanna.
Por favor, por favor. Déjalo en paz. Eun-chan está comenzando a sentirse
tranquilo”.
“Cariño,
he abierto un negocio. ¿Problemas económicos? No, no tengo. ¿Pensión
alimenticia? No voy a pedir eso. ¿Visitas? Si quieres ver a Eun-chan, por
supuesto que te lo puedo mostrar. Tengo las condiciones para criar al niño.
Estoy completamente preparada para criar a Eun-chan y le ofreceré la mejor
educación”.
Eun-seong,
con los ojos cerrados, escuchaba las palabras de Hanna. De repente, se levantó
de un salto. Al ver la expresión distorsionada de Eun-seong, la sonrisa en los
labios de Hanna se alzó como si lo encontrara divertido.
“Ah,
cierto. Creo que pronto voy a trabajar con Hyeon-oh. Hyeon-oh, ¿no está
trabajando con la hermana Sena ahora? Qué asco, ¿verdad? Aunque no se lleven
bien, trabajan juntos”.
“…
¿Por qué sale ahora el tema de Hyeon-oh?”.
“¿Ya
lo sabías todo?”.
Eun-seong
tomó el brazo de Hanna y la levantó.
“No
tengo por qué escuchar sobre Hyeon-oh. ¿Por qué estás hablando de él aquí?”.
“Ah,
¿no estás todavía obsesionado con él?”.
“¿Hace
cuánto terminamos con ese tipo?”.
Eun-seong
tiró del brazo de Hanna y la arrastró hacia la entrada. Pero Hanna se detuvo
con fuerza, como si no pudiera dar un paso más fuera del salón.
“¡Suéltame!
¡Voy a hablar con Eun-chan! No tienes derecho a impedirlo, ¿entiendes?”.
“¡Ve!
¡Por favor! Si realmente quieres hablar con él, ¡pregúntale a Eun-chan su
opinión primero! ¿Qué estás haciendo viniendo aquí a la fuerza? ¡¿Qué quieres
decir?!”.
Hanna
golpeó el rostro de Eun-seong con su bolso. La cadena dorada del bolso dejó una
marca roja en la mejilla de Eun-seong. Sin embargo, Eun-seong no soltó el brazo
de Hanna. Exhaló con la respiración entrecortada, mientras Hanna volvió a
agitar el bolso, golpeando con fuerza el rostro de Eun-seong.
“¡Yo!
¡Voy a hablar con mi hijo!”.
Hanna
gritó. Finalmente, Eun-seong levantó la voz.
“¡Hanna,
si hubieras venido una sola vez a ver a Eun-chan, si al menos hubieras
preguntado cómo estaba cuando tenía su mutismo selectivo! ¡Te habría entendido!
¿Preguntaste por él? ¡No lo hiciste! ¿Es que estoy equivocado?”.
“Ahora
podemos hablar y estar tranquilos con el niño. ¡Por eso vengo a hablar con Eun-chan!
Le voy a decir que vivamos juntos, que ya tengo condiciones para criarlo. ¡Vine
a hablar con Eun-chan y pedir su consentimiento!”.
El
puño de Eun-seong se cerró con fuerza. Un tono de ira salió de su boca.
“¡¿Qué
quieres decir, de repente, que lo vas a llevar?! ¡Si de repente cambias su
entorno! ¿Qué va a hacer Eun-chan? ¡Él empezó a hablar hace poco! ¡Hace poco
hizo su primer amigo! ¡Es su primer amigo en la vida! ¿Sabías eso? ¿Te
preocupaste por eso?”.
“¿Desde
cuándo te importan tanto los niños? No sabía que te importaba tanto Eun-chan.
Pensaba que lo ignorabas desde que nació, que ni te gustaba verlo, ¿no?”.
En
ese momento, la puerta de la habitación de Eun-chan se abrió de golpe. Se
escucharon pasos rápidos y pequeños acercándose. Luego, la voz preocupada de la
señora Yang siguió.
“¡Ay,
Eun-chan! ¡Eun-chan, ven aquí!”.
Eun-seong
se giró sorprendido y vio que Eun-chan corría hacia él, con el cabello al viento.
Con una expresión furiosa, con los ojos brillando como los de Eun-seong, el
niño se estrelló contra las piernas de Hanna y la empujó.
“¡Vete!
¡Vete!”.
“Eun-chan,
¿por qué me haces esto, eh?”.
“¡Vete!
¡No molestes a Papá! ¡No quiero a mamá!”.
Las
grandes lágrimas de Eun-chan empezaron a llenar sus ojos. El niño, con una
expresión feroz, empujaba las piernas de su madre. No contento con eso, apretó
el puño y empezó a golpear las piernas de Hanna con fuerza. Eun-seong
rápidamente abrazó a Eun-chan. El sonido de la respiración entrecortada del
niño llenaba el pecho de Eun-seong.
“¡Vete!
¡Vete! ¡No quiero a mamá! ¡No molestes a Papá! ¡No quiero a mamá!”.
Eun-chan
rompió a llorar con un llanto desgarrador. Eun-seong lo abrazó fuertemente y
trató de calmarlo. Hanna, al ver la escena, soltó una risa baja. Parecía
sorprendida por la situación y observaba el comportamiento de su hijo sin decir
nada, parpadeando varias veces. Pronto, la oscuridad se apoderó de su rostro.
“Ah...”.
“Hanna...
por favor, no confundas al niño”.
“......”.
“Te
lo pido, por favor. Lárgate”.
Hanna
miró fijamente a Eun-chan, cuyos ojos estaban llenos de lágrimas. Sentía las
miradas de los tres presentes, que no eran nada amables. Hanna mordió
suavemente su labio inferior. Luego, se arregló la ropa y se agachó para mirar
a Eun-chan a los ojos.
“Eun-chan”.
Eun-chan,
que pensaba que iba a girar la cabeza, miró a Hanna fijamente, con una mirada
intensa.
“Voy
a irme, Eun-chan. Nos veremos la próxima vez, ¿sí?”.
“…No
quiero”.
“......”.
“¡Mamá!
Dile a Papá que lo sientes. ¡Dile que lo sientes primero! ¡Dije que lo hagas!”.
Hanna,
al escuchar lo que dijo Eun-chan, se levantó lentamente. Miró hacia un rincón
de la sala, con la cabeza ligeramente inclinada, y luego soltó una risa
incrédula.
“Pffff...”.
“Hanna.
Simplemente vete. Rápido. Lárgate”.
“Eun-chan”.
Cuando
su madre lo llamó, Eun-chan apretó el puño y miró a su madre con una mirada
fulminante. Tanto Eun-seong como la señora Yang lo vieron claramente.
“¿Sabes
qué? Mamá no ha hecho nada malo hacia papá”.
Hanna
se dio la vuelta y salió por la puerta. El sonido del portazo fue tan fuerte
que Eun-seong cayó al suelo. El pequeño cuerpo de Eun-chan, que aún temblaba de
rabia, se dio la vuelta y miró a Eun-seong. La expresión feroz del niño se suavizó,
y su rostro se llenó de preocupación.
“Papá,
¿estás bien? ¿Estás llorando?”.
Eun-seong
abrazó a Eun-chan y, en silencio, rompió a llorar.
***
Cuando
llegó la noche, una serie de pensamientos se apoderaron de Eun-seong.
A
pesar de que estaba haciendo todo lo posible para defenderse, le preocupaba qué
pasaría si Hanna lograba obtener la custodia de Eun-chan. Además, las palabras
de Hanna sobre Hyeon-oh venían y se iban en su mente de forma desordenada.
¿Qué era eso del "acuerdo", con Sena?
Su
cabeza se llenó de confusión, y no podía evitar sentir náuseas. La preocupación
por Geol, que aún no lo había contactado, y el miedo a su separación golpearon
a Eun-seong como una tormenta. Toda esa emoción lo abrumaba y su mente parecía
estar hecha jirones.
Pensamientos
vacíos llenaban su mente, dejándole agotado. Eun-seong se sentía como si
estuviera a punto de hundirse en un océano profundo. En el pasado, cuando algo
así sucedía, siempre buscaba una forma de escapar de esa angustia, un dolor que
pudiera bloquear el vacío. Por eso solía beber y acostarse con cualquier
persona. Pero ahora, no quería usar esas cosas para tapar su dolor. Su forma de
enfrentar la angustia había cambiado drásticamente desde antes.
Quería ver a Han-gyeol.
Lo
extrañaba tanto que se estaba volviendo loco. Pensaba que si pudiera mirarlo a
los ojos, toda esta ansiedad desaparecería. Pero no podía verlo en ese momento,
y su cuerpo se encogía mientras intentaba frenar esa desesperada añoranza.
Mientras acariciaba el lugar en el que Geol solía dormir, Eun-seong se mordió
el labio, resistiendo la angustia.
No
podía dormir fácilmente y se daba vueltas en la cama cuando escucho un golpe
suave en la puerta. El sonido era delicado, como si algo de madera estuviera
tocando ligeramente. Sorprendido, salió de la cama y abrió la puerta del
dormitorio. Estaba Eun-chan, sosteniendo una almohada infantil.
"Eun-chan...".
"Papá...".
Eun-seong
se agacho para quedar a la altura de Eun-chan y lo miro a los ojos.
"¿Qué
pasa? ¿Te despertaste? ¿Tuviste una pesadilla?".
Vio
en los ojos de Eun-chan una mirada llena de preocupación por él. El corazón de Eun-seong
se sintió extraño. Él frotó nerviosamente las manos sobre la almohada.
"¿Por
qué, Eun-chan? ¿Quieres decirme algo?".
¿Será que vino por la ansiedad que causó lo de
Hanna en la tarde? O tal vez solo quería asegurarse de que su papá estaba bien.
No podía entenderlo completamente, pero lo que sí sabía era que Eun-chan había
corrido hasta mi habitación porque quería estar conmigo.
Pensé que quería estar cerca de mí.
Antes,
cuando salía, y después de conocer a Geol, regresaba solo cuando Eun-chan ya se
había dormido, así que nunca había dormido con él antes.
"Eun-chan,
¿quieres dormir conmigo?".
Eun-chan
lo miró fijamente, sonrió suavemente y asintió con la cabeza. Eun-seong lo
acosto en la cama, en el lugar donde siempre dormía Geol. Se acostó a su lado y
cubrío con las sábanas a su hijo. Eun-chan se metió en sus brazos y apretó con
fuerza las solapas de su pijama. Eun-seong no pudo evitar sentir un cariño
inmenso.
Debería haberlo amado desde el principio.
Debería
haberle dado todo su amor desde el principio, pero ahora, que por fin le estaba
dando lo que merecía, se sentía culpable.
Eun-seong
se giro hacia Eun-chan.
"Eun-chan".
"Sí,
papá".
"Hoy...
mamá vino. ¿Te asustaste?".
Eun-chan
giró los ojos, como si estuviera pensando, y luego tocó suavemente la mejilla
de Eun-seong con su pequeña mano.
"¿Eh?
No, no me asusté".
"¿De
verdad?".
Eun-chan
asintió y sonrió.
"Papá".
"Sí".
"Mamá
no le pidió perdón a papá, ¿verdad? ¿Le pido que te diga algo?".
Eun-seong
no respondío, solo le acaricio el cabello.
"Eun-chan".
"Sí,
papá".
"¿Quieres
vivir conmigo para siempre, siempre, siempre?".
"Sí".
"Papá,
papá va a ser mejor para ti, ¿vale?".
Eun-chan,
que estaba acurrucado en sus brazos, empezó a quejarse porque estaba apretado,
pero aún así comenzó a reír.
"No
me dejes, ¿vale?".
"¿Eh?".
"Cuando
sea grande, quiero vivir con papá. Para siempre".
Aún
sentía el dulce aroma de un bebé en Eun-chan. A Eun-seong le preocupaba que ese
olor se fuera y se sintiera triste, así que apreto a su hijo varias veces en sus
brazos. Eun-chan comenzó a jugar con su cabello.
"Papá,
¿te acuerdas?".
"¿De
qué?".
"Geol,
¿sigues sintiéndote mal por él?".
"...Ah,
sí".
"Sí".
No
respondió más. Solo acaricio suavemente la espalda de Eun-chan. Mientras él
seguía hablando solo, su voz comenzó a apagarse. Poco a poco, la respiración
ligera de Eun-chan se calmó. Eun-seong lo miro atentamente.
"Papá
también lo extraña. También extraña mucho a Geol".
Eun-seong
susurro en silencio..
Después
de que Eun-chan se quedó profundamente dormido, todavía no pudo conciliar el
sueño. Penso en el alcohol, pero si lo tomaba en este estado, sabía que la
insomnio aún sería peor. No quería que su hijo respirara el olor a alcohol, y
aunque se desmayara por el cansancio, sabía que despertaría en pocas horas. Las
pesadillas que volverían a Eun-seong tras su separación lo atormentarían, y
sabría que lo arrastrarían al abismo de nuevo.
Silenciosamente,
Eun-seong se levantó de la cama. Abrió la puerta del dormitorio y fue a la
cocina, sin hacer ruido para no despertar a Eun-chan. Sin pensarlo, tomo una botella
de alcohol, pero luego se detuvo y la dejo. En su lugar, saco un cartón de
leche. Pensó que si la calentaba un poco, le ayudaría a calmarse. Eun-seong puso
la leche en una taza y la metió en el microondas. El sonido blanco de la cocina
rompió el silencio.
Eun-seong
coloco las manos sobre la encimera y miro a su alrededor.
El
nuevo estante que Geol había instalado en la cocina, los muebles que él había
hecho, la mesa que habían creado juntos. Después de casarse, Hanna y Eun-seong quitaron
los muebles nuevos que había puesto, y los cambiaron por muebles de madera que
a él me gustaban. Fue solo después de llenarlo con sus gustos que ese lugar
empezó a sentirse como suyo.
Al
principio, Geol no era más que un extraño, pero cuando instaló esos muebles, le
hizo sentir que esa cocina era completamente suya. No había un solo rincón de
esta cocina que no estuviera marcado por sus manos. De repente, Eun-seong sintió
que se le escapaban las lágrimas.
"No
soy un niño...".
Eun-seong
se limpió las lágrimas y saco la taza de leche del microondas. Cuando se giró
para poner el cartón de leche de nuevo en la nevera, vio una figura oscura en
la puerta de la cocina. Sorprendido, dejo caer el cartón de leche. La leche
blanca se derramó en la oscuridad del pasillo.
"¡Oh,
Eun-seong!".
"¡Señora...!".
"¿Por
qué no enciendes la luz? Está tan oscuro. Quédate ahí".
La
señora Yang encendió la luz de la cocina. Parecía que el ruido del microondas
la había despertado. Mientras se abrochaba el cardigan, Eun-seong empezó a
buscar un trapo seco. Volvió del pequeño cuarto de almacenamiento con el trapo
y comenzó a limpiar el derrame. Eun-seong se inclinó y le quito el trapo de las
manos para limpiar la leche derramada.
"¿No
puedes dormir?".
“Sí,
un poco”.
“Hoy
pareciera que te sorprendiste mucho. No habrás estado muy bien de ánimo”.
“Bueno,
sí”.
El
trapo, que antes estaba seco, ya estaba completamente empapado. Eun-seong lo
llevó al fregadero, lo exprimió, abrió el grifo y enjuagó la leche que quedaba
en el trapo. Luego continuó limpiando el suelo. Tenía miedo de que alguien
pudiera notar que sus ojos estaban hinchados por las lágrimas, o que se diera
cuenta de lo ansioso que se sentía. Eun-seong no podía levantar la cabeza.
Esperaba que sus ojos enrojecidos volvieran a ser claros, sin que ella lo
notara, mientras miraba únicamente al suelo.
La
señora Yang había llevado la leche que estaba sobre la estufa a la mesa, y
también sirvió un poco de té de cebada tibio en un vaso de cristal,
colocándolos al lado de la leche. Eun-seong siguió exprimiendo el trapo mojado
y limpiando el suelo varias veces más, hasta que terminó. La señora Yang permaneció
quieta en el mismo lugar.
“¿Fue
por mí que te despertaste?”.
“No,
no. Es la edad. Cuando uno envejece, ya no duerme bien”.
Eun-seong
sonrió levemente ante sus palabras. Tomó un sorbo de leche. La señora Yang lo
miraba con una expresión preocupada, pero tranquila, y luego, con cautela,
habló.
“Eun-chan.
No lo dejes ir. Jamás”.
Las
palabras de la señora Yang hicieron que Eun-seong se detuviera por un momento.
Conociéndola, sabía que generalmente no daba opiniones sobre este tipo de
cosas, por lo que su comentario le pareció muy significativo. Eun-seong asintió
con la cabeza.
“Sí.
No tengo pensado hacerlo. Jamás”.
“Eso
está bien. Sabes lo que haces”.
“Perdón
por preocuparte…”.
La
señora Yang asintió con la cabeza. Eun-seong tomó otro sorbo de leche. La leche
cálida y sabrosa llenó su boca, pero no creía que eso cambiara su sueño de
alguna manera.
La
señora Yang se pasó la mano por el cabello, lo apretó y, después de dudar un
poco, habló.
“Eh…
sobre Gyeol”.
Eun-seong
dejó la taza sobre la mesa. Un sonido suave resonó. Era un sonido tan suave que
parecía absorber toda su tensión. Era como si la mesa, hecha con tanto cuidado,
quisiera disipar toda su inquietud.
Nunca
antes había notado ese eco.
“Ah...
sí...”.
“Eh,
por cierto, ¿se han separado?”.
“Ah,
eso es...”.
“Hubiera
querido que duraran más tiempo”.
Había
un tono de melancolía en sus palabras. En su rostro se podía leer una mezcla de
tristeza y disculpas, como si se sintiera mal por haber preguntado. Eun-seong
apretó los labios y pasó la lengua por ellos.
“Todavía.
Aún no sé. No ha llegado a una conclusión”.
“…Ya
veo”.
“Con
lo de la escuela de arte de Eun-chan, y porque no viene a casa, pensé que ya lo
sabías”.
“¿Pelearon?
¿Qué no se están comunicando bien? Deberían hablar”.
Eun-seong
presionó sus párpados con fuerza. Sus ojos empezaban a picar y se sentían a
punto de llenarse de lágrimas. La señora Yang había visto su rostro destruido
una infinidad de veces, pero nunca había mostrado esa faceta frente a ella. Y
ahora, tampoco quería preocuparla. No quería mostrarle esa versión rota de sí
mismo.
Pero…
¿por qué se sentía así? ¿Por qué se desmoronaba?
“Señora
Yang”.
“Sí.
Si es difícil hablar…”.
“El
padre de Gyeol fue maestro en Han-Yeong High”.
“…
¿Qué?”.
“Dijeron
que lo echaron de nuestra casa. El maestro no había hecho nada malo. Después de
eso, nunca volvió a trabajar y no pudo levantarse. Estaba enfermo”.
“¡Ay,
Dios mío! ¿Cómo pudo pasar algo así...?”.
Eun-seong
forzó una sonrisa amarga. Luego, su rostro se distorsionó.
“Se
suicidó...”.
La
señora Yang tapó su boca con las manos. Su rostro, sus hombros y sus manos
arrugadas temblaban. Al ver esa expresión, Eun-seong no pudo más y las lágrimas
brotaron. A pesar de intentar contenerlas mordiendo sus labios, las lágrimas
seguían cayendo. Grandes gotas de llanto cayeron sobre sus mejillas, sobre sus
pies y sobre la mesa.
“Señora
Yang, ¿qué hago?”.
“...”.
“Gyeol
no contesta mis mensajes. Me dijo que necesitaba tiempo para calmar sus
sentimientos... aunque le diga que lo siento y que me preocupa, no llega a él.
Yo... yo tengo mucho miedo. Señora Yang”.
De
los labios de la señora Yang salió un suspiro bajo, lleno de pena.
“¿Así
que… simplemente lo dejo ir? ¿Lo dejo ir así?”.
“Eun-seong...”.
“Las
personas que están a mi lado siempre se van. ¿Por qué será así? Snif... ¿Está
bien esto? No sé qué hacer. ¿Por qué siempre soy así? Snif... sniff…”.
La
señora Yang le acarició la espalda. Eun-seong no recordaba la última vez que
había llorado frente a ella desde su niñez. Pero, con el toque de la señora Yang,
sus lágrimas no se detenían.
“No
quiero dejar a Gyeol ir. Snif... ¿Por qué mi familia…?”.
“Ryu
Eun-seong”.
La
voz de la señora Yang, tranquila pero firme, lo llamaba por su nombre, como si
intentara calmarlo, pero también instarlo a ser más fuerte. Con su mano
arrugada, le limpió las lágrimas de los ojos. Sus dedos, que mostraban las
huellas del paso del tiempo, eran un consuelo profundo.
Con
ese toque, extrañamente, su deseo de seguir adelante se intensificó.
“Entonces
no lo dejes ir. Transmite tu sinceridad”.
“Snif...
sniff...”.
Eun-seong
apoyó sus manos sobre la mesa que Gyeol había hecho, y, en silencio, lloró. Su
cuerpo se hundía poco a poco hacia el suelo. Su corazón también parecía
hundirse.
La
señora Yang continuó acariciándole la espalda.
“Si
tú transmites tu sinceridad, él también lo entenderá”.
“¿Y
si se va? Si me deja, ¿qué hago entonces?”.
“Aún
no has hecho todo lo que podías. No tengas miedo de la decisión de la otra
persona antes de tiempo. Primero, transmite tu sinceridad”.
La
señora Yang dejó esas palabras y entró a su habitación. Eun-seong se quedó solo
en el lugar, tomando un respiro profundo y tratando de calmarse, mientras repetía
en su mente las palabras de la señora Yang.
"Transmite
tu sinceridad".
***
Se
abrieron los ojos de Gyeol.
Otra
vez, en la oscuridad.
Cada
vez que despertaba sin rumbo, siempre estaba en la oscuridad. No podía saber
cuánto tiempo había pasado, ni cuántos días habían transcurrido desde ese día.
Apenas logró levantarse la parte superior del cuerpo. Al ver que sobre su
cuerpo había una línea vertical delgada y blanca, estaba claro que era durante
el día, cuando el sol estaba en el cielo. Sin embargo.
Gyeol
nunca abrió las cortinas opacas que cubrían la ventana. Aunque a través de la
rendija de la cortina, la luz hacía que las líneas verticales parecieran
suaves, apenas lograba notar que era de mañana.
Gyeol
no apartaba la oscuridad que se cernía sobre su espacio.
Desde
aquel día en que se sentó frente a Eun-seong y solo lloró sin parar, Gyeol no
comió ni fumó. Tampoco bebió alcohol. Solo consumía una pequeña cantidad de
agua cuando la sed ardiente lo invadía. Así, mostró los movimientos mínimos y
solo calmó la sed más básica.
Después
de beber agua, se quedó sentado frente a la nevera, con la cabeza apoyada en
ella, mirando su mundo oscuro, que parecía más profundo por el zumbido del
refrigerador. Aunque el espacio vacío era devorado por la oscuridad, sin poder
medir su tamaño, la única fuente de ruido en este espacio era el sonido del
refrigerador.
Gyeol
no salía de la oscuridad.
Tampoco
disfrutaba de ella. Solo, como si quisiera convertirse en sedimento en un lago
oscuro. Se entregaba silenciosamente a la oscuridad. Cuando, sin pensar, miraba
su mundo oscuro, la vista disminuida le permitía distinguir las patas de la
mesa.
"Ah.
Eun-seong...".
Entre
tantas cosas, la mesa de madera que él mismo había hecho llenaba sus ojos, y le
causaba dolor. Incluso en esta oscuridad, se veía claramente.
En
esa mesa, fue la primera vez que tocó el cuerpo de Ryu Eun-seong. Lo probó con
la boca, con su cuerpo plano y blanco. Recordó las puntas rosadas de Eun-seong
que había lamido y besado.
Sentados
frente a frente, recordaba los días en que Eun-seong cocinaba con dedicación y
comían juntos. Los momentos en que intercambiaban palabras suaves y dulces,
disfrazadas de un tono normal, llenando los vacíos entre ellos, invadieron su
mente.
Eso
lo volvía loco.
"Ah,
ah... Ahh...".
Los
pensamientos lo devoraban, recordando la cara de Eun-seong y sus puntas
rosadas, y los momentos compartidos. Al final, no podía entender por qué
sufría. ¿Era por el odio hacia la familia de Ryu Eun-seong, que había destruido
la dignidad de su padre y lo había llevado a la muerte? ¿O por la decepción y
rabia por haber amado a Ryu Eun-seong, que era de esa familia? ¿O acaso?
¿Era
porque su corazón, que aún deseaba y extrañaba a Ryu Eun-seong, lo desbordaba?
Se
encontraba en un estado en el que no podía entender nada. Aunque todo su cuerpo
estuviera tenso por el dolor, no podía evitar que la vista disminuida le
permitiera ver la mesa.
¿Era la añoranza, que el dolor no podía vencer?
Sin
saber por qué sufría, Gyeol se quedó sentado en el frío suelo de la cocina,
llorando sin parar y se quedó dormido. Así, cayó en un sueño profundo, y cuando
una delgada luz formó una línea larga en la sala y la cocina, se levantó de
nuevo. Luego, se escondió en la habitación oscura, bloqueando toda la luz de la
casa. Pero, incluso si lo escondía en esa oscuridad, Gyeol no podía estar
tranquilo.
Porque
no había un solo lugar que no llevara la huella y el aroma de Ryu Eun-seong.
Incluso
abrazar la ropa de cama verde y sollozar era doloroso. El amor y la añoranza
por Eun-seong lo empujaban a pensar que debía terminar esa relación. La culpa
hacia su padre también lo hacía sentir mal.
¡Bang,
bang, bang!
Cuando
ya no podía calcular cuánto tiempo, semanas, días o horas había pasado así,
escuchó el golpe en la puerta principal. Fue en ese momento, en un estado
mental tan confuso que no podía distinguir si era realidad o sueño, que surgió
una grieta afilada.
¡Bang,
bang, bang!
Su
corazón se hundió de golpe. No sabía cuánto tiempo hacía que latía así con
tanta rapidez.
¿Quizá
era Ryu Eun-seong?
Si
fuera Ryu Eun-seong, ¿cómo debería enfrentarlo? ¿Y si Eun-seong abriera esa
puerta y entrara? ¿Cómo debería reaccionar? ¿Debería decirle que quería
abrazarlo y verlo? ¿Debería pedirle que se quedara a su lado, que todo estaría
bien?
¿O
deberías decir que todo había terminado, que regresara, que también olvidara a
él?
Cuando
su cabeza, que se había vuelto tan pesada que no podía tomar decisiones
fáciles, se enredaba en pensamientos complicados, el sonido de golpes en la
puerta principal se fue volviendo más débil.
"Teléfono...".
Gyeol,
sin saber por qué, contuvo la respiración y buscó su teléfono. Estaba atrapado
entre la cabecera de la cama y el colchón, lanzado allí sin cuidado. Aunque
intentó verificar la hora, la pantalla negra no cambió. ¿Desde cuándo estaba
descargado? Al mantener presionado el botón de inicio, la pantalla permaneció
negra.
"Ah.
¿Qué día es hoy?".
Gyeol
tocó su rostro, que se había vuelto áspero. Su rostro, que antes era suave,
ahora estaba áspero. Su barbilla también se volvió áspera. Como no había
comido, ni se había lavado, ni se había movido, todo su cuerpo crujía como una
máquina oxidada.
"Haa..."
En
ese momento, alguien volvió a golpear la puerta principal como si fuera a
romperla.
¡Bang, bang, bang!, ¡Bang, bang, bang!
"¡Señor
carpintero! ¡Señor carpintero! Soy yo. Abre, por favor. ¡Señor
carpintero!".
Era
Kim. Parecía que había venido a buscarlo porque no había tenido contacto Gyeol por
mucho tiempo. Como tampoco había abierto el taller en mucho tiempo, era natural
que Kim se preocupara.
Gyeol
se tambaleó y se levantó, abriendo la puerta de la habitación principal. Al
levantarse, sintió un mareo repentino. El corto tiempo en que caminaba hacia la
puerta y cuando salió de la habitación principal al salón, se le hizo eterno.
Sintió como si toda su sangre se escapara del cuerpo. Cuando salió al salón, la
sala estaba completamente oscura. La misma oscuridad que en la habitación
principal.
Probablemente,
el sol ya se había puesto.
Una
sensación fría subió desde sus pies y envolvió sus piernas. El suelo del salón
estaba helado. Era lógico, porque no había encendido la calefacción por mucho
tiempo.
"Ah.
Ugh...".
Su
cabeza dolía mucho. Sus sentidos estaban entorpecidos, y sus movimientos no
eran precisos. Escuchó un zumbido. Se sentía como si estuviera de pie sobre
hielo, como si su cabeza estuviera sumergida en agua. Sintió como si la presión
del agua aplastara todos los sonidos, haciéndolos resonar en su cabeza. La luz
tenue de la noche llegaba débilmente al suelo del salón, como si la noche misma
intentara iluminar la casa con una luz artificial desesperada.
¡Bang,
bang, bang!
"¡Señor,
carpintero!".
Giró
la manija de la puerta principal. El sonido que parecía provenir de una cortina
de tela se hizo claro, como si la cortina se hubiera roto.
"¡No!
¡Este hombre!".
Gyeol
levantó el brazo para cubrirse los ojos. Sus ojos, acostumbrados a la oscuridad
por tanto tiempo, no podían aceptar la luz. El aire frío del invierno y la luz
de los sensores del pasillo llegaron a su cuerpo.
"¡¿Qué
demonios está pasando?! ¡¿Qué es todo esto?!".
La
figura de Kim se acercó rápidamente, y colocó un montón de cosas en la mesa.
"¿No
has comido ni una sola gota de arroz? ¿Qué pasa...? La nevera está vacía".
Gyeol
vio borrosamente a Kim acercándose con una botella de agua. Sintió cómo el agua
le llenaba la boca. La mayor parte del agua corría por su barbilla y su cuello.
Sentía que el agua entraba en su garganta.
Desde
ese momento, no recordó nada más.
***
Escuchó
la voz de alguien. Probablemente, era Kim. Kim parecía estar hablando con
alguien por teléfono.
"Uhm...
uh...".
Gyeol
abrió los ojos. Una sensación cálida se extendía por su cuerpo, pero también le
picaba por dentro. La sensación de frío que se acumulaba en él desapareció.
Movió sus dedos largos de manos y pies.
"No,
no. ¡No, no! Pensé que era un cadáver. Ah, voy a entrar pronto. No te
preocupes. ¿Por qué dices que vendrás otra vez?".
Escuchando
la forma característica de Kim, una risa involuntaria escapó de él. Y no olvidó
la autocompasión respecto a su situación.
Qué gracioso. Y qué ligero. ¿Es este el momento
en que debería estar riendo así?
"Loco...".
Con
dificultad, se levantó y miró a su alrededor. Su cuerpo largo estaba encorvado
en el sofá estrecho. La manta del dormitorio principal cubría su cuerpo. Kim,
incapaz de llevarlo a la habitación, solo le había puesto la manta. ¿Había
encendido también la calefacción? El aire en la sala era cálido.
"Déjalo.
Si no entras, solo seguirás dando vueltas y muriendo, ¿no? ¿No tienes nada que
hacer y te aburres? No te preocupes".
Una
risa sin sentido, mezclada con la respiración, escapó de su nariz y boca. Kim,
que se dio cuenta de que Gyeol había despertado, rápidamente colgó el teléfono
y se acercó.
"¿Ya
despertaste? ¿Saludaste al mensajero de la muerte?".
"Ah,
ja, ja. Sí".
"Qué
gracioso. ¿Y tú, qué, cruzaste el río de los tres caminos? Muy bien hecho".
"Lo
siento".
Kim
suspiró profundamente, haciendo que su gran barriga se moviera hacia arriba y
hacia abajo.
"¿Hablaste
con la señora?".
"¿Eh?
Sí. Solo logré convencerla de que no viniera".
Gyeol,
con esfuerzo, se apoyó en el brazo del sofá. Trajo sus piernas largas para
crear un espacio vacío. Kim se sentó a su lado. Gyeol sonrió tímidamente.
"¿Qué
pasa, hombre? ¿Qué está pasando?".
"Nada.
No es nada".
"¿Nada?
¿Y aún así, después de más de dos semanas, no has abierto el taller ni
encendido el teléfono? ¿Qué clase de situación es esta? Una persona saludable
cae así, de repente".
Kim
lo regañó, y Gyeol bajó la cabeza. Tal vez tenía hambre de cigarrillos, porque Kim
sacó uno y lo encendió, masticando el filtro. Al verlo, su deseo por fumar
aumentó.
"Dame
uno también.".
"¿Eh?
No, no se puede. Te hará daño. Come algo y fuma. Te estoy matando".
"Ah...
lo siento, señor".
Kim,
masticando el filtro, miró al vacío y suspiró con alivio.
"Pero,
mira, ¿qué hay en la entrada? ¿No sabías? Algunas cosas están podridas, incluso
en este invierno, y las moscas ya están alrededor".
Gyeol
se levantó de golpe. La manta gruesa cayó al suelo del salón.
"¿Qué?
¿Qué había?".
Kim
señaló la mesa con un gesto con la barbilla. Había algo lleno en una bolsa de
plástico. Cuando se dirigió apresuradamente a la mesa, sintió mareo. Su cuerpo
tambaleó. Kim se levantó y lo sostuvo.
"Eso.
Todo es comida. Y hay notas pegadas por todas partes".
Gyeol
abrió la bolsa de plástico. Había unas diez cajas de comida para llevar.
Algunas de las comidas en las cajas, que estaban bien empacadas, ya estaban
podridas y olían agrio. Aunque hacía frío, parecía que habían estado allí mucho
tiempo, frente a la puerta. Gyeol leyó las palabras en la bolsa, escritas con
letra ordenada: "Gyeol". Y de repente, las lágrimas cayeron a
borbotones.
"Ah...
ah...".
Parecía
que todo lo que había en su cuerpo se había ido. Las lágrimas comenzaron a
brotar sin control. Saco las notas apiladas sobre la lonchera. Al ver las notas
con fechas, parecía que ya algunos de los almuerzos habían sido recogidos por
Eun-seong. Gyeol leyó las palabras constantes escritas en muchas notas.
"¿Por
qué, por qué... ¡Ah... Eun-seong!".
Como
si fuera una regla, como si no pudiera escribirlo a menos que fuera esa
palabra. En las notas estaba escrito el corazón que Eun-seong había escrito con
fuerza.
Lo siento. Perdóname. Espero que no te hagas
daño.
Te amo.
Gyeol
abrazó la nota que Eun-seong dejó y las lágrimas cayeron sin control. El Sr.
Kim, que fingía no saber, dio una palmada en el hombro de Gyeol. Se oyó un
rasguño, el sonido de una silla siendo arrastrada. Antes de que lo notara, el
Sr. Kim ya estaba sentado en la silla de la mesa. El Sr. Kim golpeó la mesa.
"¿Qué
hace un tipo que ni siquiera está bien de salud, parado allí sin hacer nada?
Siéntate".
A
pesar de las palabras del Sr. Kim, Gyeol no pudo sentarse fácilmente. Solo
guardaba en su boca el contenido de la nota escrita por Eun-seong y lloraba. El
Sr. Kim revisó la lonchera en una bolsa de tafetán. A excepción de la lonchera
que había dejado hoy, que aún conservaba algo de calor, todo estaba frío.
"Ay,
¿todo esto hay que tirarlo? Aunque hay cosas que todavía se pueden comer, no
puedo distinguir qué es qué porque están mezcladas".
"Snif...
snif... ugh...".
"¿Por
qué un adulto sigue llorando así?".
Gyeol
se desplomó en el suelo. Pensó que, a pesar de su tamaño, parecía triste y
lloraba con un semblante desolado. El Sr. Kim se sentó junto a Gyeol y le
acarició la espalda.
"¿El
fin del mundo? ¿Por qué lloras así?".
"Ugh...
señor...".
"¿Ese
tipo, verdad? El chef que sale en la televisión".
Había
notado. Desde que empezó a enfriar la noche de otoño, su rostro comenzó a
iluminarse. Parecía que, solo con un golpe, volvería a sumergirse en la
oscuridad, pero en cambio, sonreía como un adolescente enamorado. Sabía que
había alguien. Esa mirada y esa sonrisa. Pensaba que solo era un hermoso
estudiante de secundaria, pero también la había visto cuando trajo a su
prometida para casarse.
No,
incluso parecía más vivo que entonces.
"Señor...
Ugh, snif...".
"Oh,
no llores más. Ven, cuéntame con sinceridad".
Gyeol
asintió. El Sr. Kim dejó escapar un suspiro profundo.
"Vaya..."
Mientras
revisaba muchas loncheras, se dio cuenta al ver las notas apiladas sobre ellas.
Y al ver las notas, entendió. Que esa persona había mejorado, que parecía tener
vida, era gracias a ese chef. Que estaban enamorados, ese chef y esa persona.
No
podía evitar preocuparse.
"¿Qué
hago? Señor... snif... ¿Qué hago?".
Como
si no pudiera dejar esa tontería, Gyeol mostró que incluso esa tontería era muy
valiosa para él, y que no podía dejarla ir ni un grano. Al ver las notas
arrugadas en su mano, el Sr. Kim suspiró.
"¿Cuál
es el problema? Por lo que veo, parece que esa persona está pidiendo perdón a
un carpintero. ¿Por qué ese carpintero no ha podido recuperarse en semanas y
todavía está así? Eh?".
¿Ha
llorado alguna vez así? ¿Ha actuado como un niño que perdió a su madre? El Sr.
Kim recordó los últimos años de Gyeol. Perder a sus padres, perder a su hija.
Incluso después de separarse de su esposa, nunca había llorado así.
Solo
había visto cómo se escondía en la oscuridad y se sentía vacío por la pérdida.
Pero nunca había visto un mundo tan destruido que no pudiera moverse.
"Snif...
ugh... ah...".
"Oh,
no llores más. Solo dime, ¿te has separado de esa persona?".
Las
lágrimas gruesas y rojas brotaron sin parar de sus ojos inflamados. Donde las
lágrimas se extendían, se volvieron rojas y brillantes. Al ver esa cara triste,
el Sr. Kim suspiró profundamente. No podía hacer más que eso. Sin conocer toda
la historia, era difícil decir algo.
Desde
que entró en esta casa, ¿cuántos suspiros no habrá soltado? Lo único que podía
hacer el Sr. Kim era suspirar.
"Snif...
ah... señor... no sé nada".
"Sí,
eso es".
"El
colegio que expulsó a mi padre... ese es el hijo de esa familia. Esa
persona".
Al
decir esas palabras, Gyeol quedó sin habla.
"Vaya...
esto es bastante complicado".
Gyeol
asintió con la cabeza baja.
"Tengo
que rechazarlo. Aunque sabemos que no deberíamos encontrarnos así, no puedo
hacerlo. Aunque sé que el tiempo resolverá las cosas... no puedo. Siento que
voy a morir".
La
voz de Gyeol se quebró, y comenzaron a salir sonidos ásperos y desgarradores.
"Carpintero.
Mira, por favor".
Al
escuchar a Gyeol, el Sr. Kim levantó lentamente la cabeza. Sus ojos estaban
hinchados y enrojecidos, como si estuviera inflamado, y su rostro pálido
parecía estar enfermo.
"...
Tú también sabes, ¿verdad? Que en la juventud, el amor, después de eso, no es
nada. Tú también lo has experimentado, ¿no?".
Gyeol
mordió su labio inferior. Sus labios, que estaban tan hinchados que parecían
feos, comenzaron a ponerse pálidos y blancos.
"¿Cómo
puede no ser nada? Así...".
Al
ver los ojos desesperados de Gyeol, el corazón del Sr. Kim se apretó. Sintió
una ansiedad inexplicable. Pensó que era extraño que su corazón latiera tan
fuerte.
"Así...
todavía queda todo. Todo lo que experimenté. Y aún así, duele tanto, ¿cómo
puede no ser nada?".
"Ay,
esto es un problema, esto es un problema".
Gyeol
se hundió con la cara en las rodillas y lloró en voz alta. Su garganta sonaba
como si fuera a rasgarse, tan triste que parecía que iba a llorar.
El
Sr. Kim puso una mano en el hombro de Gyeol.
"Tú".
"...".
"¿No
has pasado por una despedida aún más difícil?".
Al
escuchar esas palabras, sintió como si su corazón cayera. Con los ojos
hinchados y una cara enrojecida hasta el extremo, Gyeol habló con una
respiración triste.
"Yo...
no quiero despedirme más, señor".
"Carpintero".
"Sé
que le hago daño a mi padre. Solo pensar en esto ya está mal, ¿verdad? ¿No es
así, señor?".
No
pudo dar una respuesta adecuada. La idea de que el final de esa relación no
sería bueno dominaba su mente. Sabía cómo Gyeol había vivido después de perder
a su familia.
El
Sr. Kim volvió a morder el cigarrillo con marcas de dientes y lo metió en su
boca. La velocidad de masticar el filtro aumentó. El aroma intenso de las hojas
de tabaco secas quedó en su boca. El filtro también se aplastó. Al ver los
anchos hombros de Gyeol, que temblaban con tristeza, pensó mucho.
"Carpintero".
"...".
"Solo
con pensar un poco, sabes que es mejor no tener relaciones difíciles, ¿verdad?
No es bueno para el mundo. Además, es un hombre, y además, salió en la
televisión mostrando su rostro a nivel nacional. ¿No es así?".
Gyeol
no pudo responder fácilmente. Él también lo sabía. Por eso, le dolía tanto.
"La
familia también, ¿verdad? Eso es lo más importante. Después de que murió su
padre, ¿cuánto le costó a esa persona? ¿Por qué seguir con esa relación
problemática? Ahora, un carpintero debe formar una familia y vivir en
paz".
"...".
"Eso,
con el tiempo, será lo correcto. Lo he visto en mi propia vida".
"...".
"Pero,
mira".
El
Sr. Kim se levantó y tocó el hombro de Gyeol.
"Piensa
un poco más. Es mejor no tener relaciones que sean difíciles. ¿No crees? El
mundo no lo verá bien. Es un hombre, y además, salió en la televisión mostrando
su rostro a nivel nacional. ¿No es así?".
El
Sr. Kim se puso su abrigo y salió de la casa. Gyeol solo lo miró con la mirada
perdida.
"Come
bien. Tómate fuerzas. Park está buscando mucho a un carpintero. Es hora de que
te pongas en marcha, de que salgas a trabajar. ¡Tienes que trabajar! Si no,
todo se acabará. Este mundo no es fácil, un carpintero lo sabe mejor que
nadie".
“...".
"Soy
una persona de la vieja escuela, ¿sabes? Solo puedo decir esto. Pero, mira, no
tomes caminos demasiado difíciles".
El
Sr. Kim envolvió la lonchera en la bolsa de tafetán. El peso hizo que la base
de la bolsa se hundiera.
"Ese
tipo, ese tipo también debe tener el mismo corazón que un carpintero, ¿verdad?
Por eso, no te arrepientes de pedir disculpas con tanto cariño."
"¿Qué?".
El
Sr. Kim se volvió hacia la puerta principal.
"Si
todo esto es difícil, y aquello también, entonces...".
"Sí..."
"No
es malo intentar hasta el final. Que un carpintero tenga una vida, eso es
sentir que todavía estás vivo. Es la primera vez que lo veo".
“...".
"Fue
por esa persona. Por ese tipo. Eso fue lo que hizo que el carpintero fuera tan
feliz".
El
Sr. Kim dejó esas palabras y salió por la puerta.
***
Gyeol
desplegó uno a uno los papeles que Eun-seong le había dejado. Se quedó allí,
sentado en el suelo, perdido en sus pensamientos, hasta que finalmente se
levantó. Lo primero que hizo fue conectar el cargador al teléfono. Luego comió
el arroz que el Sr. Kim le había dejado. Tal vez porque hacía tanto tiempo que
no comía, le dio arcadas. A pesar de eso, siguió comiendo. Sentía que tenía que
hacerlo, de alguna manera.
Su
cuerpo estaba tan débil que parecía que la sangre había abandonado su cuerpo.
Cada vez que intentaba ponerse de pie, su cuerpo vacilaba. Sin embargo, Gyeol
se movió de todos modos.
Abrió
la ventana y dejó que el polvo que se había acumulado en la casa se escapara al
exterior. Se arrodilló y comenzó a limpiar el polvo que cubría los muebles y el
suelo. El frío invernal se había apoderado de la casa. Incluso con su cuerpo
calentado a la fuerza, el aire frío se colaba en su interior. Pero aun así, Gyeol
continuó moviéndose intencionalmente.
De
hecho, pensó que tal vez lo mejor sería enfermarse gravemente, quedarse
completamente inmóvil y dormir sin pensar en nada.
Pero
aun así, Gyeol se movió a propósito. Tal vez pensaba que si agotaba su cuerpo,
se sentiría mejor. O tal vez lo hacía con la esperanza de poder despertar,
aunque fuera mentalmente.
Finalmente
terminó de limpiar. Se colocó un cigarro detrás de la oreja, y con otro en la
boca, mordió el extremo del filtro.
Las
últimas palabras que el Sr. Kim le había dicho seguían resonando en su mente.
Lo había advertido de no tomar el camino difícil, pero también había dicho que
no estaba mal ir hasta el final.
Una
ráfaga de aire frío recorrió sus labios. Gyeol salió al balcón. El aire helado
de la madrugada se filtraba en el balcón. Caminó descalza sobre las losas del
balcón, se apoyó en la ventana. El aire frío de invierno le helaba los
pulmones.
En
un impulso, estiró el cuello y miró fuera, como si esperara ver a Eun-seong
deambulando cerca, o tal vez su coche estacionado en la calle. Afortunadamente,
no vio a Eun-seong.
No
sabía si debía sentirse aliviada o no.
El
cigarro que había fumado por primera vez en mucho tiempo le dio vueltas a la cabeza.
Su pecho se sentía apretado. Aun así, no le parecía tan malo. Al menos ahora
sabía cómo respiraba.
"Jah...
Ryu Eun-seong. ¿Qué vamos a hacer?".
La
ventana del balcón se cerró con un golpe. El cielo oscuro de la madrugada
comenzaba a tornarse azul más claro. Pronto, el oscuro manto nocturno
desaparecería, y el cielo se volvería azul y claro nuevamente.
Pensaba
en cómo Eun-seong siempre rondaba cerca de su casa, dejando loncheras y notas.
¿Qué habría pensado al ver esas cosas? ¿Se habría sentido ansioso? ¿Tal vez
había comenzado a desesperarse, mirando su situación y sintiéndose derrotado?
¿Se habría sumido en la ansiedad y en el auto-desprecio, sin poder alejarse de Gyeol
ni odiarlo, mientras aún creía que sus palabras de amor eran falsas?
La
pesada carga de haber roto tantas promesas que pensaba que eran firmes, le
había aplastado el corazón.
De
repente, pensó en su padre.
¿Qué
debía hacer? Aunque se esforzaba por mover su cuerpo y mantenerse despierto, le
era difícil encontrar una respuesta clara.
Abrió
el grifo de la ducha. El agua caliente comenzó a caer. Gyeol permaneció bajo el
agua, dejándola caer sobre su cabeza y su cuerpo, mientras su mente vagaba sin
rumbo. De repente, notó que sus grandes pies se estaban enrojeciendo. Los
nudillos de sus dedos de los pies también se volvían rojizos.
Pensó
en lo dulces que eran las yemas de los dedos de Eun-seong.
De
repente, frases sin sentido comenzaron a inundar su mente. No eran preguntas,
sino más bien declaraciones, pero eran declaraciones sin valor, palabras
muertas, vacías.
Gyeol
no intentó esconder esos pensamientos repentinos.
Sabía
que, al hacerlo, no lograría nada.
"Ryu
Eun-seong".
Pronunció
su nombre en voz baja. Lo repitió, primero dejando que se deshiciera entre sus
dientes y lengua, luego presionándolo contra el techo de su boca. Lo giró sobre
su lengua, como si fuera un dulce, y finalmente lo tragó, dejándolo en su
garganta, casi como si fuera a devolverlo.
No
desapareció al disolverse, y ni siquiera se rompió al masticarlo. El nombre de
Eun-seong permaneció pegado en su boca, como una mancha que no se podía borrar.
"Eun-seong.
Ryu Eun-seong".
Siguió
repitiendo su nombre sin conciencia, hasta que apagó el agua de la ducha. Del
cuerpo caliente de Gyeol comenzó a subir un poco de vapor.
Con
la niebla que cubría el espejo, lo limpió con la palma de su mano. Los bordes
del espejo se volvieron borrosos, y en el medio, vio a un hombre, de rostro
desolado, que parecía perdido.
Gyeol
se quedó mirando, atónita, el rostro de sí misma, con los ojos hinchados y
enrojecidos, las mejillas hundidas, los labios agrietados. Nunca antes había
visto un rostro tan horrible, y le resultaba completamente extraño.
"Estoy
loco. Completamente loco".
Se
puso crema de afeitar en la cara y se afeitó con descuido. No estaba seguro de
si eso realmente le ayudaría a aclarar sus pensamientos, pero algo le decía que
debía hacerlo.
Tal
vez, de alguna manera, ayudaría a disipar esos pensamientos oscuros que la
aplastaban.
Secándose
el cabello con una toalla, salió hacia la sala de estar. De repente, recordó
cuando Eun-seong había ido a su casa sin previo aviso. Recordó sus palabras,
cuando le dijo que esperaría hasta que saliera del baño. Sonrió sin darse
cuenta.
Volvió
la mirada hacia la puerta de entrada. A través de las cortinas de la ventana
del balcón, la luz del sol comenzaba a entrar en la habitación. La sombra de la
ventana, alineada con la luz, se proyectaba sobre la puerta.
Ryu Eun-seong. ¿Estará bien ahora?
El
sonido de la vibración del teléfono hizo que su estómago se removiera.
Sintió
un nudo en el estómago al oír la vibración. Si era una llamada de Eun-seong,
¿qué haría? ¿Cómo reaccionaría si era él? Aunque pensara cómo responder antes
de contestar, ¿podría evitar desmoronarse al escuchar su voz?
Mientras
pensaba en eso, la llamada se cortó. En lugar de alivio, sintió una punzada de
tristeza.
Conectó
el cargador y encendió el teléfono, pero de repente recordó que había evitado
mirar la pantalla. Le daba miedo enfrentarse a los mensajes y llamadas
perdidas, a las huellas de Eun-seong. Si veía todo eso en su estado actual,
¿qué haría?
¿Lo
rechazaría por no tener sus pensamientos claros, o correría a abrazarlo y
encerrarlo en sus brazos?
Es
irónico que le haya dicho a Ryu Eun-seong que no evitara, y ahora era Gyeol quien
ha decidido evitarlo. Gyeol se sintió ridículo.
Bzzzz,
nuevamente sonó la vibración del teléfono. Los labios de Gyeol se separaron
levemente. Su lengua tocó suavemente sus labios. En ese instante, una duda
llena de incertidumbre se apoderó de él.
Una
vez, dos veces, tres veces. La vibración continuó sin parar, y Gyeol, decidido,
tomó el teléfono. En la pantalla apareció el número de la señora Yang.
Era
una videollamada.
Gyeol
estaba convencido de que Eun-chan le había llamado. Al pensar que el niño lo
había estado buscando, sintió una presión en el pecho. Sin pensarlo dos veces,
Gyeol presionó el botón para contestar. La cara de Eun-chan apareció en la
pantalla.
-¡Tio!
“Eun-chan”.
Eun-chan,
queriendo acercarse más a Gyeol, acercó su rostro a la pantalla, de modo que
sus pequeñas fosas nasales llenaron la imagen.
En
ese breve momento, una sonrisa apareció en el rostro de Gyeol. Un suspiro de
risa se escapó de sus labios.
-¡Tio!
¡Hehe! ¡Tio contestó! ¡Abuela! ¡Gyeol contestó el teléfono!
“Sí,
eso es, Eun-chan”.
Gyeol
pronunció suavemente el nombre de Eun-chan. Entonces, los ojos oscuros del niño
aparecieron en la pantalla, mirando con curiosidad. De repente, vio cómo una
mano se extendía hacia la cámara. Parecía ser la mano de la señora Yang.
"Así, a esta distancia, el tío puede ver mejor tu rostro", se oyó su
voz.
Aprovechando
el momento, Gyeol cerró los labios y repitió el nombre de Eun-seong en su
mente.
-¿Así?
¡Ah, Abuela! ¿Está bien?
La
voz de la señora Yang se oyó en la distancia. Ella no intentó saludar a Gyeol
ni mostrar su rostro en la cámara. Gyeol pensó que era una muestra de
consideración de la señora Yang, sabiendo que la relación entre ellos era
distante.
“¿Cómo
está Eun-chan? ¿Estás bien? ¿Has estado dibujando mucho?”.
-¡Sí!
¡Sí! ¡Eung! ¡Pero Tio! ¿Estás muy ocupado?
La
pregunta de Eun-chan hizo que Gyeol se sobresaltara.
Parece
que Eun-seong le había dicho al niño que estaba ocupado. No quería que el niño
supiera que su relación estaba tensa. Después de todo, aún no habían llegado a
una conclusión sobre su situación.
Gyeol
entendía perfectamente las preocupaciones de Eun-seong sobre el futuro de su
relación, y su ansiedad por la situación. Mientras lo entendía tan bien, solo
le había pedido tiempo. Eun-seong lo había estado esperando pacientemente.
“Ah,
bueno... es que... sí, pero... ya estoy mejor, Eun-chan”.
-¿Eh?
Entonces, ¿por qué no vienes a ver a Eun-chan?
Las
mejillas redondas de Eun-chan se inflaron con tristeza. Parecía decepcionado de
que, aunque la ‘ocupación’ de Gyeol había terminado, aún no lo había visitado.
El rostro del niño estaba lleno de melancolía.
Gyeol
tocó ligeramente la mejilla de Eun-chan en la pantalla. Solo quedó la fría
textura del cristal.
“Perdón,
Eun-chan. ¿Me extrañaste mucho?”.
-¡Sí!
¡Tio ver! ¡Quiero verte!
Mientras
Eun-chan movía el teléfono de un lado a otro, se subió al sofá y comenzó a
saltar. La imagen de Eun-chan en la pantalla se movía erráticamente. Entonces
se oyó la voz de la señora Yang: “¡No saltes!” Eun-chan, deslizándose, se sentó
en el sofá y movió su cabeza de un lado a otro.
Gyeol
también inclinó ligeramente su cabeza, curioso. Entonces, Eun-chan soltó una
risa clara, y Gyeol no pudo evitar sentir que había perdido la oportunidad de
decirle lo que sentía.
-Pero...
Tio...
“¿Mm?”
-Verás...
“Sí,
¿Qué Paso?”.
Eun-chan,
con una mirada pensativa, susurró en voz baja.
-Tio...
¿peleaste con Papá?
La
pregunta, inesperada, dejó a Gyeol sin palabras.
-Sabes,
Tio, dile la verdad a Eun-chan. Será un secreto de Papá.
Gyeol
se quedó en silencio un momento, sorprendido por la respuesta del niño. Con sus
pequeños labios pucheros y su dedo apuntando a su boca, Eun-chan le hizo
prometer que lo mantendría en secreto. Gyeol no pudo evitar reír, aunque las
lágrimas también comenzaron a salir.
Una
pequeña luz comenzó a asomar en su corazón, oscurecido por las sombras.
“Haha,
no, Eun-chan. ¿Papá dijo eso? ¿Qué peleo con tu tío?”.
-No,
no. Eun-chan sabe todo. Porque soy mayor, sé todo.
“Ah,
no, no. No peleé con tu papá. Tu papá es muy amable”.
Solo
necesitaba tiempo. Eso fue todo. Fue solo una excusa para evitarlo tanto
tiempo.
-Tio...
“¿Mm?”.
-Eun-chan...
Tio... le dijo a Ppá que debía disculparse, pero Papá no lo dijo.
“…
¿Eh?”
Eun-chan,
con su cara inocente, mencionó que su papá le había dicho que se disculpara con
Gyeol, y Gyeol bajó la cabeza, dejando que las lágrimas cayeran.
-¿Eh?
Tio... ¿estás herido?
Las
lágrimas de Gyeol caían mientras trataba de calmar a Eun-chan. No podía
levantar la cabeza. Su llanto se cortaba cada vez que intentaba hablar. La voz
preocupada del niño llenaba toda la sala.
Gyeol
no había pensado en cómo se sentía el niño. Solo había estado concentrado en
sus propios sentimientos.
Se
sintió abrumado por la culpa.
Siempre
pensó que le había dado todo su cariño a Eun-chan, que siempre lo había cuidado
con todo su ser. Eun-chan era muy importante para él. Pero, en medio de todo
eso, había olvidado cómo se sentiría el niño al no tenerlo cerca. No pensó en
el impacto de su ausencia en Eun-chan.
Eun-chan
lo veía como algo tan valioso y especial, y él se había olvidado de eso.
“Sniff...
sniff”.
-¿Eh?
Tio, ¿estás herido? ¡Abuela!
La
señora Yang, aunque parecía saber lo que pasaba, no dijo nada. Le quitó el
teléfono a Eun-chan y se limitó a responder de manera neutral, sin mencionarle
nada sobre su relación con Eun-seong.
Eso...
lo agradeció Gyeol.
Gyeol
levantó la cabeza mientras se secaba las lágrimas.
-¡Tio!
¿Te duele?
"Eun-chan.
Tío... lo siento mucho. ¿Vale? Tío... realmente lo siente".
Sentía
como si las promesas que le había hecho al niño, y las que le había hecho a
Eun-seong, se hubieran convertido en simples pedazos de papel volando por el
aire. Su garganta se apretó.
-Tio.
"¡Mmm?".
-Tio
no hizo nada malo con Eun-chan, ¿verdad?
“…
¿Qué?".
Con
ojos que heredaban los rasgos de su padre, pero con una mirada suave y clara,
Eun-chan movió sus ojos de un lado a otro. Si no había hecho nada malo, no
tendría que pedir perdón, pensaba. Estaba devolviendo a Gyeol lo que él mismo
le había enseñado.
-¿Por
qué papá y Tio siguen diciendo que lo sienten por Eun-chan? Es raro.
"Eun-chan,
eso... eso es...".
-¡Ah!
¡Es porque Eun-chan no fue a la clase de arte y Tio está pidiendo perdón!
Gyeol
seguía limpiándose las lágrimas con las yemas de los dedos y tratando de
recuperar el aliento, mientras miraba a Eun-chan en la pantalla.
"Sí.
Tienes razón. Tío debería haberte llevado a tu clase de arte... pero no pude.
Lo siento mucho. Lo siento de verdad, Eun-chan".
-¡Tio!
¿No vas a venir mañana a la clase de arte a ver a Eun-chan? ¡Eun-chan quiere
que Tio lo vea!
Mientras
esperaba la respuesta de Gyeol, Eun-chan observaba la pantalla en silencio.
¿Había sentido algo extraño en el ambiente? Eun-chan ya no estaba parloteando
ni insistiendo. Eso dolía profundamente en el corazón de Gyeol. Su garganta se
cerró aún más.
"Eun-chan".
-Sí.
"¿Puedes
guardarme un secreto con papá?".
-¿Huh?
"Con
papá... lo hablaré más tarde, ¿vale?".
-¿Un
secreto? ¡¿Un secreto entre nosotros?!
Eun-chan
inclinó la cabeza al oír la palabra "secreto".
"Tío.
Mañana iré a recogerte. Pero... por favor, guárdame el secreto con papá,
¿vale?"
-¿De
verdad? ¿Tio va a venir mañana? ¿En serio?
"Sí.
Entonces, ¿puedes guardar el secreto?".
-Mmm,
¿pero por qué?
Gyeol
tosió para despejar su garganta. Había llorado tanto que era evidente, pero
trató de disimularlo.
"Tío...
eso es... porque...".
-Eun-chan.
Vamos a guardar el secreto. Parece que Tío quiere darle un regalo a papá.
Por
primera vez, la señora Yang intervino en la conversación. De manera un tanto
infantil, le pidió a un niño de seis años que guardara un secreto. Gyeol no
sabía cómo explicar su respuesta vacilante, pero la señora Yang parecía
comprender su corazón y calmó a Eun-chan.
-¿Eh?
¿Tio? ¿Va a darle un regalo a papá? ¿Y a Eun-chan?
"Eun-chan,
por supuesto que te voy a dar un regalo... ¡Mmm! Eun-chan. Vamos a vernos
mañana. Tío... Tío tiene que ir a trabajar ahora... así que...".
-¡Sí!
¡ Tio! ¡Eun-chan va a guardar el secreto de papá! ¡Adiós! ¡Nos vemos mañana!
Afortunadamente,
la señora Yang fue quien presionó el botón para terminar la llamada.
Gyeol
apoyó la cabeza en el respaldo del sofá. La pared amarillenta apareció frente a
sus ojos. Parpadeó varias veces, tratando de pensar claramente.
No
podía seguir haciendo esperar a Eun-seong de esta manera. Y también tenía que
organizar sus pensamientos y su dolor. No podía dejar que el tiempo pasara sin
resolver nada, sintiéndose aplastado.
Así
lo pensó.
