11. Resplandor de la tarde (2)
11. Resplandor de la tarde (2)
“¿Lo
estás haciendo a propósito?”.
La
voz de Yeon-woo, que se había elevado por un instante como si ardiera en
llamas, se enfrió de golpe con una frialdad cortante.
“¿Para
qué andaría yo hablando de ti por ahí?”.
Esa
calma helada arrastró a Tae-hyun, que hasta hace un segundo balbuceaba atrapado
por el miedo, hasta el fondo. Su voz, agrietada como un campo seco, enmudeció,
y aquella boca que escupía amenazas absurdas quedó sellada.
“¿Qué
ganaría yo con eso?”.
El
rostro de Yeon-woo, inclinado como si cuestionara algo con total desapego, se
veía completamente extraño. No era el Kim Yeon-woo que siempre le sonreía
cálidamente. Era él, sí, pero al mismo tiempo, no lo era.
“Lee
Tae-hyun”.
Su
voz, ahora con firmeza como si intentara convencerlo, era la misma con la que
solía calmar a los estudiantes. Una voz que Tae-hyun siempre había detestado. A
pesar de que hacía poco, en otra situación muy distinta, esa misma voz lo había
rechazado con dureza cuando intentó aconsejarlo. Ahora, no podía ni mover los
labios.
Solo
sentía su mente congelarse por completo.
“¿No
estarás confundido?”.
Por
alguna razón, se le hizo un nudo en la garganta.
¿Se
emocionó? No, no era eso.
Quizás
fue la presión que sintió en la cabeza al darse cuenta de que, ahora sí, algo
estaba realmente mal.
“¿Confundido
con qué...? ¿Yo?”.
Tae-hyun
apenas logró formar una respuesta, pero Yeon-woo simplemente lo observó en
silencio. Aquella mirada fría le resultaba tan ajena, o quizás tan aterradora, que,
sin querer, Tae-hyun se acercó y extendió una mano hacia él. Pero Yeon-woo, con
un simple gesto, le apartó la mano de un golpe.
Drrrk.
Con
el sonido de un leve golpe, Tae-hyun se quedó paralizado. La puerta de la
oficina del director se abrió, y entró el director con una sonrisa radiante. En
sus manos traía una bandeja de madera con té caliente.
“¿Por
qué están de pie? Vamos, siéntense”.
Como
si no percibiera la tensión en el aire, el director los llamó con amabilidad.
Quizás fue por los recuerdos que evocaba, pero ni Yeon-woo ni Tae-hyun pudieron
desobedecer. Como robots programados, o como niños que, tras una pelea, eran
arrastrados por un adulto, ambos se sentaron frente al director sin decir una
palabra.
El
director les ofreció en silencio una taza de té con una bolsita de raíz de
campanilla sumergida en ella.
“Yeon-woo. Eres Yeon-woo, ¿verdad?”.
“…”.
“El
Yeon-woo que siempre se escondía detrás de Tae-hyun”.
Ante
esas palabras, Yeon-woo no pudo evitar sorprenderse. No esperaba que el
director recordara al niño que fue. Quizá sí a Tae-hyun, ahora actor exitoso,
pero no a él.
Yeon-woo
lo miró atónito. Sin embargo, el director no lo presionó para que respondiera.
Simplemente colocó con cuidado las tazas frente a ellos.
“Beban.
No tienen buena cara”.
Yeon-woo
y Tae-hyun empezaron a beber el té sin rechistar. Era como si sus palabras
tuvieran algún tipo de hechizo. Quizás porque nunca habían tenido una figura
adulta constante en sus vidas. Resultaba extraño ver lo dócil que se mostraban.
Por
un buen rato, solo se escuchó el leve sonido del sorber del té. Finalmente, el
director dejó su taza y miró a Yeon-woo con una expresión afable.
“Los
niños que regresan después de tanto tiempo suelen tener una razón”.
“…”.
“¿Podrías
decirme por qué has venido, Yeon-woo?”.
Llamar
"niño" a un hombre de veintinueve años sonaba extraño, pero viniendo
del director, aquel término despertó en Yeon-woo una extraña melancolía. Era
una voz tan cálida que casi le hacía creer que aún tenía un lugar al que
regresar.
Yeon-woo
miró de reojo a Taeh-yun, que seguía a su lado en silencio, sujetando la taza.
Quería tener esta conversación sin él presente, pero sabía que, si no hablaba
ahora, probablemente no volvería jamás.
¿Por
qué la vida está hecha solo de decisiones?
Aunque
ya lo sabía, la situación inesperada le provocó un poco de frustración.
El
director, al ver que Yeon-woo no hablaba, continuó con cuidado:
“Lo
de cuando eran niños”.
“…”.
“¿Es
que ahora quieres denunciar?”.
Esa
palabra hizo que toda su frustración, que apenas empezaba a brotar, estallara
al instante. No era lo que esperaba oír, y por eso mismo, fue aún más
impactante.
“¿Denunciar…?”.
La
voz de Yeon-woo temblaba de forma lastimosa.
“El
subdirector… ¿sigue… vivo?”.
Las
palabras que salieron de la boca de Yeon-woo lo congelaron al instante no solo
a él, sino también a Tae-hyun, que estaba a su lado.
***
“Ugh…
guaj…”.
De
repente, sintiendo unas náuseas intensas, Yeon-woo corrió al baño y comenzó a
vomitar sin parar. Tae-hyun, angustiado, se quedó afuera del cubículo,
esperando con inquietud.
Estaba
atrapado en una contradicción, sin saber si debía llamarlo o no. Se sentía más
hundido que nunca.
“¿Tú
ya lo sabías?”.
Apenas
escuchó que el subdirector seguía con vida, Yeon-woo lo miró con una furia
punzante y preguntó. Aunque le alegraba verlo más vivo que en los últimos
tiempos, la dureza con la que habló era tan filosa que Tae-hyun no pudo decir
ni una palabra.
“Te
estoy preguntando si lo sabías”.
La
voz, tan fría que helaba, casi lo dejó sin sentidos. Quería gritar que no, que
cómo iba a saber algo así. Pero sus labios no se movían, como si estuvieran
sellados con pegamento.
El
silencio era horriblemente espeso.
“Yo
pensé que lo había matado”.
Intentó
recordar al subdirector, ahora apenas una figura borrosa y deformada, pero le
fue difícil. Estaba convencido de que había muerto en aquel salón en llamas. El
tiempo que pasó con Yeon-woo en paz era, se dio cuenta de golpe, un milagro.
“Yeon-woo…”.
Con
la mente hecha un caos, Yeon-woo se tapó la boca y salió corriendo del despacho
del director. Había pasado mucho tiempo, pero aún recordaba perfectamente la
estructura del lugar, como si pudiera verla con los ojos cerrados. Aunque sabía
que Yeon-woo no tendría problemas en encontrar el baño, una ansiedad
inexplicable hizo que Tae-hyun lo siguiera de cerca.
“Yeon-woo”.
Cuando
los sonidos de las arcadas comenzaron a calmarse, Tae-hyun no pudo ocultar su
inquietud y volvió a llamarlo.
“Cof
cof”.
En
lugar de una respuesta, escuchó una tos húmeda. Luego, un golpe seco —¡pum!— y
la puerta del baño tembló.
“¡Kim
Yeon-woo!”.
Asustado
por si se había desmayado, intentó abrir la puerta, pero desde dentro,
acompañado por una tos, una voz débil pero firme se escuchó. Aunque los
separaba una puerta, parecía hablarle desde al lado.
“No
la abras”.
Aunque
estaba ronca, su voz tenía una fuerza extraña. Tae-hyun agarró con fuerza la
parte superior de la puerta, tan débil como una pared de paneles delgados, y se
contuvo con esfuerzo para no arrancarla.
Tal
vez se oía su respiración agitada, porque la voz de Yeon-woo volvió a salir.
“Vete.
No quiero que me veas así”.
Esa
frase le dolió como si un clavo oxidado se le clavara en el corazón. Una
punzada aguda lo hizo fruncir el ceño.
“¿Y
cómo estás, según tú?”.
En
los peores momentos de Yeon-woo, siempre estaba Tae-hyun. Desde niños, no podía
soportar verlo sufrir, y aunque jugaba con otros, sus ojos siempre buscaban a
Yeon-woo. Por eso él era quien primero notaba cuando algo le pasaba.
¿Por
qué era así?
Ah,
ya lo recordaba.
Una
vez, mientras corrían por el patio, ambos tropezaron y cayeron. Tae-hyun, que
de niño lloraba fácilmente, rompió en llanto allí mismo, haciendo evidente su
dolor. Quizá por su apariencia especial desde pequeño, los profesores corrieron
a consolarlo, lo levantaron en brazos y revisaron si tenía alguna herida.
En
cambio, Yeon-woo, que también había caído, lo miró en silencio y se fue
cojeando a sentarse solo bajo un gran árbol al borde del campo. Se sentó
encogido, con la cabeza gacha y los brazos rodeando sus piernas, sin mirar
siquiera las gotas de sangre que perlaban sobre su rodilla.
En
ese instante, al ver esa sangre, Tae-hyun bajó la vista a su propia rodilla.
Estaba casi limpia, solo un poco de tierra. Tan intacta que sintió como si lo
hubieran golpeado en la cabeza.
Así
comenzó todo.
Antes
de que Yeon-woo lo dejara, ¿qué estaba haciendo él?
Una
rabia inexplicable le subió de golpe por la garganta. Un enojo áspero y amargo,
con sabor a autodesprecio.
“¿Eh?
¿Cómo estás? Dímelo, Kim Yeon-woo”.
La
voz, baja y sombría, hizo que incluso la tos que aún se oía cesara. El silencio
se volvió tan pesado que parecía que no había nadie más al otro lado de la
puerta. De nuevo, algo se agitó dentro de Tae-hyun.
“Sal.
Ahora mismo”.
¿Por
qué siempre pasaba esto?
Yeon-woo,
que siempre se escondía, y él mismo, que no sabía hacer otra cosa más que
enojarse… todo le resultaba frustrante. Sabía que no era la mejor manera, pero
no podía soportar imaginar a Yeon-woo acurrucado en ese sucio lugar.
¿Tú
por qué?
¿Qué
hiciste mal?
¿Era
por la ira que hervía dentro de él? De repente, la puerta crujió como si se
estuviera deformando. Desde dentro, se escuchó un largo suspiro.
Y
entonces, entre la puerta mal encajada, apareció el rostro pálido de Yeon-woo,
mirándolo fijamente.
¡Bang!
La puerta se abrió de golpe.
“¡Te
dije que no quería que me vieras así!”.
“…”.
“¡¿Por
qué nunca escuchas lo que te digo?!”.
“…”.
“¡¿Por
qué?!”.
El
grito repentino dejó a Yeon-woo con el rostro rojo de rabia. Viéndolo así, Tae-hyun
apretó los dientes con fuerza.
Sentía
que las emociones que le bullían en el pecho podrían desbordarse en cualquier
momento.
Aunque
la puerta ya estaba abierta, seguir mirando a Yeon-woo, que permanecía
débilmente de pie en el estrecho cubículo, era demasiado doloroso. Si no fuera
por los endebles paneles que lo sostenían, parecía que se desplomaría en
cualquier momento. Extender la mano hacia él fue una decisión inevitable.
“Lo
siento”.
“¡Suéltame!”.
“Lo
siento, Yeon-woo”.
Cuando
Yeon-woo cayó sin fuerzas, Tae-hyun lo atrapó entre sus brazos y lo rodeó con
fuerza. A pesar de la chaqueta, podía sentir lo delgado que estaba su cuerpo, y
por reflejo, cerró los ojos con fuerza.
Yeon-woo
rompió a llorar, quizás por la impotencia de sentirse arrastrado por Tae-hyun.
Tal
vez lloraba porque no tenía la fuerza para apartarlo, o tal vez por el rencor
acumulado hacia toda esta situación. Lloró largo rato.
Aunque
no parecía que eso fuera lo único que cargaba en su interior, no dijo nada más.
Tae-hyun
solo deseaba que, a través de ese llanto, pudiera desahogar su rabia contra los
fantasmas del pasado y sentirse un poco más libre.
Hic...
Hic…
El
llanto explosivo fue cediendo poco a poco hasta convertirse en sollozos
ahogados, tan conocidos por Tae-hyun, como si Yeon-woo estuviera acostumbrado a
reprimir sus emociones en silencio.
Aun
así, no lo soltó.
Y
así, por un buen rato, ambos permanecieron allí, como clavados al suelo.
Fue
un momento largo, duro y doloroso.
***
Llorar
no era algo que se pudiera tomar a la ligera.
Después
de haber llorado tan intensamente después de tanto tiempo, recordó algo que
había olvidado.
Llorar
y vaciar los sentimientos era increíblemente agotador.
Yeon-woo,
arrastrado por Tae-hyun, subió al coche estacionado en el aparcamiento trasero
del orfanato. Ya no tenía fuerzas para volver al orfanato, y la sola idea de ir
a algún lugar más le agotaba aún más.
Tae-hyun
sentó a Yeon-woo en el asiento del copiloto y, después de tomar una botella de
agua de la guantera, se la ofreció. El sonido del plástico al abrirse fue
débil, y su mano extendiendo la botella parecía cuidadosa.
“Toma”.
Yeon-woo
miró la botella transparente que le extendía frente a sus ojos. No quería hacer
nada. Sin embargo, Tae-hyun seguía insistiendo en que hiciera algo, y eso le
frustraba aún más.
Cuando
Yeon-woo no aceptó la botella y solo lo miraba, Tae-hyun insistió en voz baja.
“Dijiste
que después de llorar hay que hidratarse”.
En
su niñez, Tae-hyun solía llorar con frecuencia, y Yeon-woo siempre le decía con
una expresión impasible que debía reponer los líquidos perdidos. Le pasaba un
vaso de acero inoxidable con agua fría, completamente helado, acercándoselo a
los labios. Tae-hyun, que encontraba interesante la actitud activa de Yeon-woo,
solía aceptar el agua y beberla.
“….”.
Al
recordar aquel tiempo, Yeon-woo finalmente dirigió su mirada hacia Tae-hyun,
que aún sostenía la botella. Suspira suavemente como si estuviera cansado de la
situación, y saca una pequeña bolsa de medicamentos de su abrigo, tragando una
pastilla junto con el agua.
“…
¿Qué es esto?”.
Dejando
la botella medio vacía en el asiento, Yeon-woo no respondió, solo se giró
levemente, dejando escapar otro suspiro.
“Kim
Yeon-woo”.
“….”.
“¿Qué
es esto?”.
Tae-hyun
insistió, pero la mirada de Yeon-woo seguía fija en la ventana. Su voz,
cansada, salió con un tono frío.
“¿Para
qué necesitas saber?”.
Era
una respuesta fría, como si hubiera puesto una barrera.
“Fui
a ver a tu médico”.
“…
¿Qué?”.
Yeon-woo
lo miró de nuevo, sus ojos redondos sorprendidos por la noticia. Ante esa
mirada, Tae-hyun sintió repentinamente una sed incómoda.
“Dijeron
que esto te pasó por mi culpa, que me odia mucho por eso”.
“…Esa
persona es un charlatán. Estaba diciendo tonterías”.
“Kim
Yeon-woo”.
Mientras
guardaba la botella de agua, Tae-hyun no pudo apartar su mirada de Yeon-woo.
Aunque estaba sentado junto a él, no podía evitar sentirse más ansioso por la
idea de que Yeon-woo pudiera desaparecer en cualquier momento.
“¿Qué
es?”.
“…….”.
Yeon-woo
apretó los labios con terquedad. Si hubiera sabido que terminaría así, habría
tomado la medicina más tarde. No entendía por qué le molestaba tanto no haberla
tomado a tiempo. Al final, había sacado la bolsa de medicamentos frente a Tae-hyun
como si esperara que él lo notara. Se sentía ridículo.
El
que le había pedido a Tae-hyun que se separaran había sido él mismo. Sin
embargo, ahora, en esta situación, se sentía decepcionado de sí mismo por estar
tan cerca de él. Quería alejarse de Taeh-yun a toda costa. Estaba tan cansado
que ni siquiera podía moverse, pero pensaba que debía haber un motel cerca
donde podría descansar un rato. Pero justo cuando intentaba abrir la puerta del
coche,
¡clic!
El
sonido de la puerta del coche bloqueándose hizo que Tae-hyun encendiera el
motor y comenzara a conducir.
“…Para
el coche”.
Yeon-woo,
mirando con cara de incredulidad cómo Tae-hyun salía del aparcamiento del
orfanato, le ordenó nuevamente.
“Lee
Taeh-yun. ¡Para el coche!”.
A
pesar de la firmeza con que lo dijo, su voz carecía de fuerza, como si ya
estuviera demasiado agotado. Yeon-woo, molesto consigo mismo por verse tan
débil, comenzó a tirar de la manija de la puerta. Pero, por supuesto, la puerta
no se abrió, y el coche siguió su camino, alejándose del orfanato y entrando en
una carretera sin pavimentar que parecía interminable.
“Póntelo”.
Tae-hyun,
ignorando el caos de Yeon-woo al lado, mantuvo la mirada fija en la carretera,
mientras decía con calma.
“¡Para
el coche!”.
“No
voy a decirlo dos veces. Póntelo”.
Siempre
tan calmado, Tae-hyun no parecía afectar por las rabias de Yeon-woo. La furia
de Yeon-woo, cada vez más intensa, le parecía casi incomprensible. El
comportamiento de Tae-hyun, tan impredecible hoy, estaba haciendo que su
cabeza, ya confundida, estuviera a punto de estallar.
Sin
poner el cinturón de seguridad, miró a Tae-hyun con toda su ira, sabiendo que
lo único que podía hacer en ese momento era eso. La rabia crecía dentro de él
al ver a Tae-hyun tan tranquilo.
Pero
el objetivo de su furia, Tae-hyun, seguía completamente impasible. Dentro del
coche, mientras la velocidad aumentaba, su voz se mantenía tranquila.
“Lo
dijiste antes”.
“…
¿Qué dije?”.
“Me
dijiste que por qué no te hacía caso”.
“¿Y
ahora qué? ¿Lo estás haciendo porque te lo estoy diciendo?”.
El
cielo se oscurecía lentamente. El sonido del motor, el crujido de los
neumáticos contra el suelo y la voz enfadada de Yeon-woo, junto con la calma de
Tae-hyun, parecían un extraño contraste.
“Sí.
A partir de ahora”.
“Tae-hyun,
¿pero qué te pasa?”.
El
asombro y la rabia se mezclaban en la voz de Yeon-woo, que ahora sonaba fría.
La furia que sentía hace unos momentos parecía haberse desvanecido como si la
hubieran apagado con un cubo de agua fría.
Finalmente,
las puertas del coche de Tae-hyun no se abrieron. El coche siguió su curso por
la autopista, rumbo a Seúl, y entró en un vecindario.
Después
de conducir durante una hora, Tae-hyun estacionó el coche en un aparcamiento
desconocido. Abrió la puerta del copiloto y, sin esfuerzo, sacó a Yeon-woo del
coche, tomándolo por el brazo.
“Baja”.
Por
supuesto, Yeon-woo golpeó su mano con brusquedad, como si intentara calmar su
ira, y cerró los ojos con fuerza.
“¿Dónde
estamos?”.
“Te
lo dije, no te dejaré hasta que te pongas bien”.
“…Pero
¿qué te pasa, realmente?”.
La
mano de Tae-hyun se enrojeció por la fuerza de Yeon-woo, y él no pudo evitar
mirar brevemente antes de cerrar los ojos con fuerza nuevamente. Permanecer en
ese coche de Tae-hyun, sabiendo que no podía irse, era una actitud irónica.
Además, no podía quedarse allí indefinidamente. Estaba atrapado en un dilema,
sin salida.
Tae-hyun
cubrió su mano roja y volvió a extender la mano.
“¿Me
dejas tomarla?”.
“No
voy”.
Siempre
calmado, siempre maduro. La imagen de él que Yeon-woo había intentado mantener,
o defender, se desmoronaba. Algo se rompía dentro de él. Su ira subía. ¿Qué
significaba esa separación? Las facetas que tanto había intentado ocultar, las
partes más infantiles que pensaba que ya no existían, comenzaban a salir a la
superficie.
Tae-hyun,
con su boca apretada, se acercó a Yeon-woo, inclinándose. Apoyó la mano en el
borde del asiento del copiloto y se acercó, como si fuera más grande que nunca.
“¿Volveremos
al parque de atracciones?”.
La
boca de Yeon-woo, que había permanecido cerrada, se abrió con sorpresa.
“Pase
lo que pase, te encontraré donde sea que estés”.
“…Qué
gran declaración de stalker”.
“Entonces,
no te hagas el difícil y simplemente bájate”.
Hah.
Con
un suspiro de molestia, se incorporó. ¿Será por haber estado sentado tanto
tiempo? De repente, el mundo a su alrededor dio vueltas y su cuerpo tambaleó.
Tae-hyun intentó sostenerlo instintivamente, pero Yeon-woo lo empujó
débilmente. Si él quisiera, podría haberlo retenido a la fuerza, pero esta vez
no lo hizo. Tae-hyun dejó caer su mano que había sido rechazada y observó en
silencio a Yeon-woo, que se estaba sosteniendo del coche, respirando con
dificultad.
“No
me toques. Ya no somos nada”.
Yeon-woo,
tratando nuevamente de trazar una línea, Tae-hyun respondió con calma:
“Si
alguien cae frente a ti en la calle, lo ayudarías. No eres peor que un
transeúnte, ¿verdad?”.
Con
su actitud descarada, que no parecía inmutarse, Yeon-woo sintió cómo su ira
comenzaba a hervir. A pesar de que se sentía mareado y débil, un deseo feroz
comenzó a nacer dentro de él. Estaba tratando de terminar con él, de alejarse
de su vida, pero Tae-hyun seguía apareciendo de manera indiferente, diciéndole
lo que quería. Sentía un deseo bajo y vil de herirlo, de hacerle daño.
Enfrentarse con este sentimiento de desesperación le hizo apretar los ojos con
fuerza.
“¿Al
menos no vas a decirme dónde estamos?”.
Con
la esperanza de que el mareo pasara, Yeon-woo susurró mientras se sostenía del
coche. Aunque pensó que Tae-hyun quizás no lo escucharía, la respuesta llegó de
inmediato. Lo curioso fue que Tae-hyun parecía tener una expresión extraña,
llena de sufrimiento.
“…
Mi casa”.
“¿Aquí?”.
El
lugar no era una villa en las afueras de Seúl, sino un edificio residencial de
lujo. Yeon-woo sintió un sabor amargo en su boca, como si hubiera escuchado una
broma de mal gusto. Sin poder evitarlo, soltó una pequeña risa sarcástica.
“Así
que por eso no hablabas”.
Hoo.
Suspiro profundamente mientras se endereza. Su ropa, que estaba hecha un
desastre por el largo día, la sacudió con la mano, como si intentara mostrar lo
arruinado que estaba todo.
“Así
que has comprado una casa como esta”.
“…
¿?”.
Yeon-woo
levantó la cabeza, su rostro ya enfriado y distante.
“¿Te
encontraste con alguien aquí?”.
“...
¿Qué?”.
El
desprecio claro en el rostro de Yeon-woo hizo que Tae-hyun se congelara por un
momento. Pero luego, al darse cuenta de lo que había malinterpretado, su
expresión también se endureció. Se sentía bastante injusto.
“¿Piensas
que estuve con alguien? ¿Con Park Haejin? ¿O con otro idiota?”.
Tae-hyun
dio un paso hacia Yeon-woo, acercándose mucho más rápido de lo que esperaba.
Yeon-woo frunció el ceño y lo empujó débilmente. Pensaba que Tae-hyun se
quedaría donde estaba, pero en lugar de eso, él retrocedió, tal como Yeon-woo
lo empujaba.
“No
te acerques”.
“…
De acuerdo. No lo haré”.
“….”.
“Entonces,
entra. Come algo, duerme bien”.
¿De
verdad creía que podría descansar en una casa desconocida? ¿O simplemente
quería creerlo? O tal vez, al final, lo que despertaba en él era un deseo
posesivo hacia Yeon-woo.
Mientras
sus deseos de alejarse y el cansancio de querer descansar se enfrentaban,
Tae-hyun tomó suavemente la muñeca de Yeon-woo.
“Ya
es tarde, será difícil volver”.
“….”.
El
cielo ya se había oscurecido por completo. Así que lo que decía Tae-hyun no era
completamente falso. Yeon-woo no dijo nada más, solo suspiró, pensando que, si
no fuera por Tae-hyun arrastrándolo, no habría terminado así.
“Solo
por hoy. Como ya es tarde”.
“…
Este es el lugar”.
Tae-hyun
la condujo hacia un ascensor privado en un rincón del estacionamiento. Cuando
acercó su teléfono al terminal del ascensor, éste comenzó a subir
automáticamente hasta el piso que habían seleccionado. Yeon-woo no pudo
esconder su sorpresa.
“¿Cuándo
te volviste tan rico?”.
Con
la sorpresa, las palabras salieron de sus labios sin quererlo. De inmediato se
dio cuenta de su error, pero ya sabía que Tae-hyun lo había oído. Sin decir
palabra, él abrió la puerta y la condujo dentro.
Clack.
El
sonido de la puerta cerrándose fue agudo, pero Tae-hyun la bloqueaba de manera
que no podía ver el vestíbulo.
“Entra.
No hay nada especial”.
Esas
palabras rasparon extrañamente el corazón de Yeon-woo. Aunque sabía que no
debía comparar, de repente se sintió como si él, que había estado ahorrando con
tanto esfuerzo para crear un hogar para ambos, fuera ridículo. Frente a
Tae-hyun, todo lo que él tenía parecía carecer de valor. Su casa, sus bienes,
incluso su cuerpo.
¿Será
por complejos de inferioridad? No quería mostrar cómo se sentía, así que entró
en la casa en silencio, quitándose los zapatos. Al ver lo vacío del lugar, que
parecía recién mudado, su furia comenzó a calmarse ligeramente.
En
ese momento, Tae-hyun extendió la mano hacia su delgada chaqueta. Yeon-woo,
sorprendido, se encogió de hombros y se giró, mientras él mostraba una
expresión algo avergonzada.
“Solo
quería tomar tu abrigo…”.
“...”.
“El
cuarto más al fondo es el mejor. Ahí estarás más cómodo”.
Tae-hyun
señaló hacia el pasillo. Yeon-woo siguió su dedo, y él, con más cuidado, trató
de tomar el abrigo de Yeon-woo.
“Quítatelo.
Lo dejaré en el armario”.
“…
Lo dejaré en el cuarto”.
Fue
un pensamiento extraño, pero en ese momento, Tae-hyun le dio la impresión de
ser un leñador que intenta robarle la capa de un hada. Yeon-woo, apretando su
abrigo con fuerza, giró su cuerpo. Tae-hyun, al quedarse con las manos en el
aire, se quedó con una expresión rígida, pero Yeon-woo no pudo ver la confusión
que sentía.
Al
abrir la puerta del cuarto más al fondo, Yeon-woo sintió un aroma familiar que
lo hizo detenerse por un momento. El dulce aroma que siempre había asociado con
Tae-hyun estaba impregnado por todo el cuarto, y de repente comprendió lo que
había estado oliendo todo este tiempo.
“No
era solo el olor de su piel…”.
Siempre
había pensado que el olor de Tae-hyun era dulce, pero ahora se dio cuenta de
que en realidad era una mezcla de feromonas. Había estado demasiado distraído
para conectarlo antes, pero ahora, en su confusión, todo cobraba sentido.
“Así
que mi sentido de percepción se ha agudizado, aunque no haya experimentado los
efectos todavía”.
Cuanto
más lo pensaba, más extraño le parecía. Si esto hubiera sucedido antes de su
separación, habría sido algo profundamente conmovedor. Pero ahora, después de
que su relación se hubiera fracturado, todo eso solo servía para aumentar su
tristeza.
El
aroma que llenaba la habitación ayudó a calmar el malestar que sentía en su
estómago. Aunque le parecía una ironía, no podía dejar ir esa sensación de paz
que, después de tanto tiempo, finalmente había encontrado.
Y
así, sin darse cuenta, Yeon-woo se quedó dormido.
***
Después
de que Yeon-woo entrara en la habitación, Tae-hyun permaneció en el pasillo
durante un buen rato, mirando la puerta. Estaba preocupado de que Yeon-woo no
pudiera soportarlo más y saliera corriendo, o incluso que se desmayara dentro.
Lo había arrastrado hasta aquí, a pesar de que Yeon-woo estaba demasiado
agotado para resistirse, pero ahora, al estar sentado en un lugar tan extraño,
podría recuperarse y estallar de rabia.
Sin
embargo, no importaba cuánto esperara, la puerta no se abría. De hecho, estaba
empezando a dudar si Yeon-woo siquiera estaba dentro. Todo estaba tan
silencioso que ya no podía asegurarlo.
“….”.
Finalmente,
Tae-hyun dejó escapar un suspiro de alivio y bajó la cabeza.
Con
la tensión disminuyendo, recordó la cara de Yeon-woo, quien lo había mirado con
furia en el baño del orfanato. Un rostro que no veía desde hacía mucho tiempo,
pero aún tan vívido. Sí, Yeon-woo era alguien que podía enojarse de esa manera.
Era como si acabara de darse cuenta de algo muy tarde.
Eso
significaba que Yeon-woo había estado soportando mucho más de lo que pensaba
frente a él. Esa comprensión, tan obvia pero dolorosa, lo hizo sentir como si
algo se estuviera desangrando dentro de él. No había forma de expresar eso solo
con unas palabras de disculpas. La desesperación lo invadió.
“…Debo.
Debo hacer sopa”.
Girando
lentamente, Tae-hyun comenzó a pensar en los ingredientes que tenía en la
nevera. Hacía tiempo que había planeado llenar esta casa y traer a Yeon-woo
aquí.
Sus
manos, al preparar los ingredientes, se movían rápidamente. Quería terminar de
cocinar y tener una excusa para ver a Yeon-woo. La persona que antes podía ver
en cualquier momento, ahora solo podía encontrarla con mil excusas.
“Al
menos, si su cuerpo mejora…”.
Si
el cuerpo que se había deshecho por su culpa mejoraba, tal vez Yeon-woo dejaría
de rechazarlo. En ese caso, debería retirarse en silencio si él le pedía que se
fuera. Se dijo a sí mismo, repitiendo esa decisión mientras removía la sopa, su
corazón palpitando con ansiedad.
Con
prisa, terminó de cocinar y se paró frente a la puerta de Yeon-woo.
“Voy
a entrar”.
No
podía pedir permiso, solo lo dijo como un aviso. Si le preguntaba, Yeon-woo
probablemente diría que no lo dejara entrar, que no le importaba si comía o si
moría de hambre.
Sin
embargo, para su sorpresa, la puerta permaneció completamente silenciosa.
“…Yeon-woo.
Voy a entrar”.
¿Está
enojado y por eso no responde? Ignorando el dolor en su pecho, Tae-hyun abrió
lentamente la puerta. No sabía qué expresión poner, pero en el momento en que
vio a Yeon-woo tirado en el suelo, la ansiedad se disparó.
“¡Kim
Yeon-woo!”.
¡Crash,
clink!
Con
el sonido estridente de platos cayendo al suelo, Tae-hyun gritó su nombre, como
si le arrebatara el aliento.
Su
corazón se detuvo. Taeh-yun dejó caer lo que tenía en las manos y corrió hacia
la habitación. Al ver a Yeon-woo tirado frente a la cama, no podía pensar en
nada. Su mente se nubló por completo.
De
rodillas, levantó el cuello de Yeon-woo y lo abrazó. Su cuerpo, que solía ser
tan familiar, estaba flácido, y el sudor frío comenzó a resbalar por su
espalda. Era mucho más liviano de lo que recordaba, y su corazón volvió a latir
con fuerza.
“¿Por
qué, por qué así? Yeon-woo.
Kim Yeon-woo”.
No
pudo evitar que su voz temblara. En cuestión de segundos, una tormenta de
pensamientos invadió su mente, pero ninguno tuvo sentido. ¿Ha pasado algo
grave? ¿Le dio demasiado estrés a alguien que ya no estaba bien de salud? ¿O
acaso estaba tan impactado por estar en el mismo lugar con él?
¿O
tal vez… su feromona artificial no estaba bien ajustada y causó un choque por
estar tan cerca de la suya?
Los
temblores en sus manos empeoraron mientras sostenía el cuerpo de Yeon-woo.
Sintió que si no lo abrazaba con más fuerza, lo perdería de inmediato.
“…Ugh”.
Los
párpados de Yeon-woo se agitaron y emitió un suave gemido. Fue en ese momento
cuando la mente de Tae-hyun comenzó a enfocar, volviendo a la realidad.
La
voz que había intentado pronunciar su nombre sonaba extraña, como si algo en su
garganta estuviera roto.
Poco
a poco, Yeon-woo despertó, sobresaltado por la extraña sensación en su cuerpo.
A pesar de que Tae-hyun lo estaba sosteniendo, él no lo soltaba y trató de
tragar las emociones mientras le preguntaba.
“…
¿Por qué estás así?”.
Su
garganta estaba seca, las palabras apenas salían.
“¿Y
tú? ¿Por qué… suéltame?”.
Cuando
Yeon-woo intentó apartarse, Tae-hyun apretó la fuerza en su brazo. Sin embargo,
rápidamente quitó las manos, sin poder soportar la expresión distante de Yeon-woo.
La
distancia entre ellos se hizo tan clara que lo golpeó como una bofetada. De
repente se dio cuenta de lo lejos que estaban ahora.
“…Pensé
que te habías desmayado. Eso es todo”.
Un
montón de palabras se quedaron atrapadas en su garganta, pero solo salió esa
excusa, como si fuera un balbuceo. Después, mordió sus labios, dejando escapar
una sensación de desesperación. Rápidamente se giró y comenzó a recoger los
trozos de platos rotos. Sin poder sentir nada, las piezas afiladas cortaron sus
manos, pero no sentía nada.
“…
¿Hiciste todo eso…?”.
“Ya
lo recogí. No te muevas, todavía hay trozos rotos”.
Tae-hyun,
que había estado desesperado por acercarse, comenzó a alejarse, temeroso de que
Yeon-woo se acercara. Echó los restos en el cubo de basura, los lavó
rápidamente con agua y, tomando una toalla, respiró hondo antes de regresar a
la habitación.
Cuando
entró, trató de evitar la mirada de Yeon-woo, que lo observaba con cara de
sorpresa. Se apresuró a limpiar el suelo, mientras que la voz de Yeon-woo sonó
con tono sombrío.
“No
duermas en el suelo, vas a empeorar”.
“…
¿Eh?”.
“Siéntate.
Voy a calentar la sopa otra vez”.
Mientras
observaba la espalda de Tae-hyun cerrando la puerta en silencio, Yeon-woo
parpadeó, atónito. ¿Había ocurrido algo mientras él dormía? No podía entender
el comportamiento tan inquieto de Tae-hyun. ¿No era siempre alguien tan sereno
y grande frente a él?
“…
¿Por qué está actuando así?”.
Como
si estuviera siendo atraído por un imán, Yeon-woo abrió la puerta y salió al
salón. Con pasos pesados, se acercó, y vio cómo Tae-hyun se sobresaltaba al oír
sus pasos resonar.
“No
te preocupes. No tengo ganas de comer”.
No
tenía fuerzas para comer. Prefería retomar el sueño que había perdido. El
descanso que había sentido después de tanto tiempo fue tan dulce que se sintió
un poco avergonzado por haber estado tan enfadado de no querer entrar a esta
casa.
Sin
esperar respuesta, se dio media vuelta para irse, pero la pregunta de Tae-hyun
lo alcanzó.
“¿Por
qué no comes?”.
Su
voz sonaba diferente, floja, algo que no esperaba de él. Tae-hyun normalmente
habría ordenado que comiera a la fuerza, pero esta vez la voz sonaba débil, lo
que hizo que Yeon-woo volviera a mirarlo.
“Si
no quieres comer, no lo hagas”.
Pero,
a pesar de la voz apagada, lo que dijo sonaba como una amenaza.
“…
¿Vas a mantenerme cautivo?”.
La
reacción afilada de Yeon-woo hizo que Tae-hyun, en cambio, recobrara algo de
compostura y lo mirara con su típica indiferencia.
“Te
dije que te dejaría ir cuando estuvieras bien”.
“…
¿Y tú qué autoridad tienes para hacer eso?”.
La
pregunta, lanzada con tono impasible, era más afilada que cualquier otra. Tae-hyun
intentó ignorarla, girando la cabeza.
“Ya
está todo listo. Siéntate en la mesa”.
¿Siempre
había sido tan incomprensible? La falta de comunicación de Tae-hyun hizo que el
pecho de Yeon-woo se sintiera pesado.
Quería
gritar que no, pero ni siquiera recordaba la última vez que había levantado la
voz, así que, entre el sentimiento de desánimo y algo de irritación, se dejó
llevar por la sensación de confusión. Y, a pesar de todo, el aroma de la sopa
que Tae-hyun había preparado lo tentó, llenando la habitación con su fragancia.
Antes,
cuando estaba solo, incluso el olor de la comida le causaba náuseas, pero ahora
no podía entender por qué ese olor le resultaba tan delicioso. Atrapado en su
propia confusión, vio a Tae-hyun, quien había colocado la sopa en la mesa en
silencio y sacaba una silla para sentarse.
“Siéntate.
La sopa está tibia, no está tan caliente”.
“….”.
Sí,
lo que era incómodo y difícil era Tae-hyun, no él. Con un sonido algo más
fuerte de lo habitual, Yeon-woo empujó la silla y se sentó con un golpe. Se
sintió como un estudiante obligado a venir a una consulta en la escuela, y esa
sensación lo dejó desconcertado.
Al
final, como el estudiante obligado a hablar, Yeon-woo comenzó a comer la sopa
con desdén, llenándose la boca de forma desafiante.
“¿Cuántas
veces al día tienes que tomar la medicina?”.
Verlo
preocuparse por él de esa forma le pareció tan absurdo que una pequeña risa
escapó de sus labios.
“¿Qué
pasa? ¿Me vas a forzar a tomarla también?”.
“….”.
Esperaba
que Tae-hyun respondiera con algo como “Sí, claro que sí”, pero
sorprendentemente, él no dijo nada. Yeon-woo tragó la sopa que le quedaba en la
boca y lo miró fijamente, como si estuvieran teniendo un duelo de miradas.
“Lee
Tae-hyun”.
“La
sopa. Aún queda mucho”.
Sentía
como si estuviera hablando con un robot programado solo para alimentar a
alguien. Su actitud, consistente y constante, acabó con cualquier chispa de
rebeldía que quedaba en Yeon-woo. Finalmente, dejó la cuchara en la mesa, se
levantó sin decir una palabra y se fue a su habitación.
¡Bang!
El sonido de la puerta cerrándose resonó levemente. Esa pequeña vibración, tan
típica de Yeon-woo, hizo que la cara de Tae-hyun se llenara de amargura, como
si se hubiera acumulado una capa de frustración sobre su rostro. Era la
expresión de un niño que acaba de perder a sus padres, llena de arrepentimiento
y temor.
Así
terminó ese largo y agotador día.
***
"Yeon-woo".
Su
voz, desde algún momento, se convirtió en algo que, solo al escucharlo, le
hacía retorcerse de dolor, como si estuviera raspando la piel con una lija.
"Si
me dejas, no podrás ser más que un simple ser humano".
El
subdirector del orfanato, quien, a pesar de mostrar una fachada amable, era más
violento que nadie.
"Seres
como tú son monstruos. Nos dividen entre alfa y omega".
Él
era un monstruo que entendía el poder de las palabras.
"Vivirás
toda tu vida como un beta, y como maestro".
Las
palabras pegajosas, como serpientes que se enroscan alrededor del cuerpo, se
convirtieron en maldiciones y grilletes que atraparon el cuerpo del joven Yeon-woo.
Era como si estuviera siendo sometido a una tortura cruel, como si sus
extremidades estuvieran atadas, enfrentándose al miedo de la muerte.
"No…
no quiero… no quiero…".
Había
mostrado su corazón por primera vez a un adulto, pero lo que recibió fue solo
explotación fría. Aunque tarde, intentó sacar la última pizca de coraje para
defenderse. Intentó recordar la cara de Tae-hyun, que había pisoteado y
aplastado el dulce que el subdirector le había dado, y fruncía el ceño de
rabia.
Desde
fuera, el bullicio de los niños disfrutando del campamento se oía alegremente.
En la oscuridad que comenzaba a caer, parecía que ellos vivían en el paraíso.
¿Sería
porque era un niño malo, como decía él, que terminé así? ¿Cuándo terminaría
esta "redención" que mencionaba? Aunque no pudiera integrarme con los
demás, solo quería regresar a esos días en los que, al menos, podía mirarlos
desde lejos.
"Suéltame,
por favor. Ya no quiero esto…".
Cuando
Yeon-woo luchó y torció su cuerpo con todas sus fuerzas, la sonrisa como una
máscara que cubría el rostro del subdirector se rompió de repente.
"Has
aprendido muy malos hábitos".
"¡Ugh!".
"Voy
a limpiarte esa suciedad. ¿Vale?".
Con
los ojos más perdidos de lo usual, el subdirector apretó la cara de Yeon-woo
con sus manos brutales, hasta casi asfixiarlo. Extrañamente, la cara de Tae-hyun,
que había estado furioso con el rostro enrojecido, se superpuso con la de la
criatura monstruosa ante él.
***
Tae-hyun
estaba de pie frente a la puerta cerrada, como si estuviera clavado al suelo.
Aunque había insistido en traer a Yeon-woo, ahora no sabía qué hacer. Se sentía
como un barco sin remo.
Incluso
si me odiaba.
Quería
ayudarlo a recuperar su salud, incluso si tenía que hacerlo de manera
obstinada. Kim Yeon-woo nunca había sido bueno cuidándose a sí mismo. A veces
comía alimentos nutritivos, pero eso era más bien compartir las sobras mientras
Tae-hyun cuidaba su propia salud.
"Este
maldito sabe eso".
Después
del estreno de El verano pasado, se comportó como si estuviera poseído. Como un
cuervo buscando algo brillante en algún lugar. Ahora comprendía que, en ese
momento, Yeon-woo también estaba esforzándose por encontrar su propio
equilibrio.
Había
llegado hasta aquí, pero ¿sería capaz de aceptar algo más de él?
Siempre
pensó que estaría a su lado, pero al final fue Yeon-woo quien decidió alejarse.
Si insistía más, no sabía qué decisión extrema podría tomar él, y eso le daba
miedo.
"Yeon-woo".
Susurró
su nombre cerca de la puerta, apoyando su frente contra él. No sabía si quería
que lo oyera o si prefería que no lo oyera, pero su llamada salió lentamente,
desvaneciéndose en el aire.
Sigh...
Suspiró
profundamente, como una costumbre que lo aliviaba un poco, y se quedó allí
durante un rato. Cuando pensó que Yeon-woo no iba a salir de la habitación,
levantó lentamente la cabeza.
"…No
quiero…".
La
voz ahogada de Yeon-woo, acompañada de sollozos, llegó desde adentro. Era un
llanto tan pequeño que si no estuviera tan cerca de la puerta, no lo habría
oído.
"…".
La
debilidad en esa voz hizo que, sin darse cuenta, Tae-hyun apretara los dientes.
Cuando vivían en el orfanato, Yeon-woo solía llorar de esa manera por las
noches. Siempre cuando el subdirector le causaba pesadillas.
Quizás
porque hoy escuchó que ese hombre seguía vivo. De repente, una ola de
resentimiento hacia el director del orfanato lo invadió. Tae-hyun, sin
pensarlo, abrió la puerta en silencio.
La
habitación estaba muy oscura, y Yeon-woo, acurrucado en la cama, parecía haber
sido devorado por esa oscuridad. Extrañamente, su corazón se hundió.
"No
lo hagas…".
Yeon-woo,
temblando como un perrito abandonado, entró en la visión congelada de Tae-hyun.
Después de una pausa, Tae-hyun se acercó rápidamente y le acarició el cabello
empapado en sudor frío.
"Yeon-woo".
"…Hhh…".
"Está
bien. Solo fue un sueño".
Pero
al decir eso, no pudo evitar reírse amargamente de sí mismo.
Yeon-woo
probablemente estaba sintiendo el dolor de una pesadilla real, pero él estaba
sentado allí cómodamente, diciendo que estaba bien. ¿Qué cambiaría con esas
palabras? Tal vez solo serviría para aliviar un poco su propia culpa.
Finalmente,
Tae-hyun apretó los ojos con fuerza y comenzó a sacudir suavemente el hombro de
Yeon-woo.
"Levántate.
Kim Yeon-woo".
"…".
"Ese
maldito… lo mataré de verdad esta vez".
Había
visto esa cara repulsiva envuelta en llamas.
¿Será
que, por el hecho de que era un recuerdo de hace más de veinte años, algo en su
mente se había distorsionado? Mientras tragaba su furia, sacudió los hombros de
Yeon-woo. Quizás por la rabia, sintió un dolor punzante en su nuca.
"…Ah.
Maldito".
Sin
darse cuenta, estaba liberando feromonas. Hacia Kim Yeon-woo.
Las
feromonas podían liberarse por varias razones, pero para Tae-hyun, que solo
había conocido a Yeon-woo, las feromonas eran solo un símbolo de su vínculo. Al
aferrarse a una persona que sufría y sentirse como si él mismo estuviera
excitado, Tae-hyun se sintió asqueado consigo mismo. Mientras trataba de
contener las feromonas rápidamente, fue cuando sucedió.
"…Ugh…".
Yeon-woo,
que antes lloraba de manera ahogada, comenzó a acercarse lentamente a los
brazos de Tae-hyun, como si pudiera sentir las feromonas. Al inhalar
profundamente, sus sollozos empezaron a calmarse. Ante esa escena milagrosa,
Tae-hyun se quedó congelado.
"¿Tú…
acaso…?".
¿Podría
ser que ahora podía sentir las feromonas? ¿Por esa maldita intervención?
Si
esto hubiera sido antes, Tae-hyun habría estado feliz, pensando que Yeon-woo
finalmente se había manifestado como un omega, y habría celebrado. Pero ahora,
solo sentía miedo. Le aterraba pensar en cómo Yeon-woo, en su estado tan
vulnerable, podría cambiar.
Pero
cuando Tae-hyun finalmente logró contener las feromonas, el rostro de Yeon-woo,
que había comenzado a relajarse, volvió a torcerse. Al ver su ceño fruncido,
Tae-hyun, temeroso, liberó de nuevo sus feromonas.
"…Ugh".
El
flujo de feromonas le causaba dolor, como si lo apuñalaran con un cuchillo. El
dolor desconocido lo hizo sudar frío, pero no dejó de liberar las feromonas.
"…Yeon-woo,
¿esto te ayuda?".
"…Ugh".
El
rostro que se había contraído de dolor se relajó, y Yeon-woo exhaló una
respiración tranquila. Los ojos rojos comenzaron a recuperar su color original,
y Tae-hyun, sin pensar, acarició los párpados de Yeon-woo. Ahora, su piel
estaba más delgada, y la sensación al tocarla le pareció aún más cruel.
"Al
menos en esto soy útil para ti".
"…".
"Qué
ridículo".
Apretando
los labios para soportar el dolor, continuó liberando las feromonas. Aunque al
principio era difícil, poco a poco parecía acostumbrarse al dolor. Tae-hyun
miraba a Yeon-woo, que estaba jadeando y exhalando colores, y murmuraba para sí
mismo.
"Si
me esfuerzo más, ahora… ¿me verás de nuevo?".
"…".
"Pensaba
que el amor no era algo que se pudiera forzar, Yeon-woo".
"…".
"Era
una tontería. Solo las palabras de un perezoso".
"…".
"Siempre…
perdón por llegar tarde".
Tae-hyun
se dio cuenta, demasiado tarde, de lo que realmente importaba.
Después
de haber entendido lo mal que estaba Yeon-woo cuando era niño, prometió no
volver a cometer el mismo error. Pero como un maldito cuervo, se obsesionó con
perseguir algo brillante y, al final, dejó escapar el tesoro que tenía en sus
manos.
Finalmente,
el dolor de su nuca, cada vez que liberaba feromonas, le pareció una pequeña
redención. La burla de Kang Seokyeong resonó vagamente, pero se desvaneció
rápidamente frente al dolor.
"Siempre
busco respuestas equivocadas".
"…".
"¿Qué
pasará esta vez, hm?".
La
mano de Tae-hyun que acariciaba los ojos de Yeon-woo lentamente pasó por su
cabello sudoroso. Mientras deseaba que este extraño y pacífico momento no
terminara nunca.
***
Yeon-woo
despertó sintiéndose más liviano, como hacía mucho tiempo no lo hacía. El dolor
constante de su cuerpo y la punzada en su abdomen se habían calmado, lo que le
dio una sensación de desconcierto, como si todo fuera un sueño. Al desaparecer
el dolor físico, su mente se despejó, y pudo ver con claridad lo mal que se
encontraba emocionalmente. Se dio cuenta de que, a pesar de haber seguido a Tae-hyun
hasta aquí, lo había hecho sin saber muy bien por qué, como si estuviera
completamente acorralado.
Se
levantó de la cama, encontrándose en medio de la habitación, aún impregnada con
el aroma de las feromonas de Tae-hyun. Quizá era por ser un alfa dominante,
pero esa fragancia permanecía mucho tiempo en el aire, lo cual le sorprendió.
Le resultaba familiar, tanto la fragancia como el hecho de que su cuerpo, ahora
alterado por las feromonas artificiales, no las rechazaba. Eso provocó que una
alarma sonara en su cabeza, si se quedaba allí, inevitablemente terminaría
aferrándose a Tae-hyun. A pesar de las palabras crueles que le había lanzado en
el pasado, siempre había estado cerca de él. Fue precisamente para no
convertirse en un obstáculo en su vida que había huido desesperadamente, pero
si seguía en ese lugar, acabaría cediendo, sin poder evitarlo.
"No
puedo hacer eso".
Aunque
le había hecho mucho daño, Tae-hyun había sido la persona que más le dio. Si no
hubiera sido por él, su vida se habría desmoronado bajo la explotación del
director del orfanato y la indiferencia de los demás. No quería convertirse en
un obstáculo para Tae-hyun.
"Tienes
que volar más alto y más lejos".
Quería
convertirse en alguien que pudiera ver a Tae-hyun desde cualquier lugar, pero
para eso tenía que irse de allí. No quería pensar en quién podría haber estado
en esa casa, ni en con quién había compartido risas o conversaciones. Después
de la despedida, no quería imaginarse esas cosas.
Finalmente,
con una determinación clara, como un general listo para la batalla, apretó los
puños y abrió la puerta, saliendo al exterior.
Un
aroma a comida deliciosa llenaba la casa.
"¿Ya
despertaste?".
Tae-hyun,
que estaba cocinando en la cocina, preguntó sin girarse. Sin responder, Yeon-woo
se sentó en la mesa. La mesa sencilla, que no encajaba con la lujosa casa, le
recordó a sí mismo, como si fuera una extensión de su propia vida.
Tae-hyun,
sin esperar respuesta, colocó un tazón de sopa de algas ya preparada frente a
Yeon-woo y frente a él. Su gesto era tan natural, como si hubieran cenado
juntos ayer o anteayer.
"Come.
Aunque no te guste".
Mientras
Tae-hyun levantaba la cuchara, Yeon-woo notó que su rostro estaba pálido.
¿Acaso no había dormido bien anoche? El vendaje en su cuello parecía nuevo.
¿Será que la herida no había sanado completamente? Pensó en eso mientras
sacudía la cabeza, queriendo dejar esos pensamientos atrás.
"Ya
basta. No sigas pensando en eso, Kim Yeon-woo".
Sin
poder evitarlo, su concentración se desvió hacia Tae-hyun una vez más. Sabía
que si continuaba de esa forma, todo seguiría igual. Respiró profundamente y se
preparó mentalmente.
"Tienes
muchas heridas".
Trató
de hablar sin aparentar, mirándolo mientras decía esas palabras.
"Colócate
bien el vendaje. No eres un actor, ¿qué es eso?".
Tae-hyun,
que estaba por llevarse la cuchara a la boca, levantó la mirada lentamente,
como si estuviera sintiendo la tensión en sus palabras. Su actitud parecía
apagada, y eso desordenó los pensamientos de Yeon-woo.
"...
Si me lo pones tú, sería mejor".
"¿Por
qué debería hacerlo yo?".
"....".
"Pregúntale
a Park Haejin".
Yeon-woo
se dio cuenta de que esa no era la respuesta que quería dar. ¿Desde cuándo se
había convertido en alguien tan rencoroso? Un suspiro largo escapó de sus
labios, mientras Tae-hyun, sin mirar, mordía sus labios con fuerza, mirando
hacia otro lado.
"Lo
siento, por todo eso".
"...
¿Qué?".
Yeon-woo
se sorprendió al escuchar esas palabras y sus ojos se abrieron de par en par.
"Lo
siento. Por hacerte preocupar por alguien como él".
"...".
"Por
haberte dejado espacio para que me malinterpretaras".
Tae-hyun
parecía totalmente diferente de ayer, su postura completamente hundida, como si
esperara un veredicto. Su figura encorvada era tan ajena que Yeon-woo no pudo
evitar mirar su rostro confundido. Aunque parecía un poco más saludable que
ayer, su rostro brillaba con una intensidad extraña, lo que hizo que Tae-hyun
apretara sus labios con más fuerza. Con manos temblorosas, como un estudiante
que confesaba su error por primera vez, apretó sus rodillas.
"Está
bien, ya".
Sin
embargo, la respuesta de Yeon-woo, calmada y sencilla, sorprendió a Tae-hyun.
No hubo acusaciones, ni gritos, ni lágrimas. Tan solo esas palabras
tranquilizadoras: "Está bien, ya".
Extrañamente,
en ese momento, Tae-hyun sintió una extraña caída en su pecho, como si su
corazón cayera al escuchar esas palabras, como cuando escuchó el llanto de Yeon-woo
la noche anterior.
Yeon-woo,
en silencio, observó el cambio en Tae-hyun. Ya no había palabras de consuelo ni
de alivio. La transformación de Tae-hyun, ahora claramente visible, le hizo
comprender lo que había hecho mal, y cómo había alejado a esa persona que, de
alguna manera, siempre había estado cerca.
"Ah".
Ahora
entendía qué había arruinado. Entendía a quién había rechazado cuando extendió
su mano en busca de consuelo. Un profundo sentimiento de angustia invadió su
pecho, y el ardor en sus ojos se volvió más intenso.
Después
de unos momentos de silencio, Yeon-woo se levantó de la silla y empujó su silla
hacia atrás.
"Me
voy a casa".
"...
No puedes".
La
voz de Tae-hyun sonó con un tono reprimido, como si hubiera sido golpeado en el
pecho, y esas palabras escaparon sin que pudiera evitarlo.
Aunque
sus palabras sonaban decididas, su voz temblaba débilmente, como si ya supiera
el final y estuviera triste por ello.
"No
voy a hablar de ti. ¿Para qué lo haría?".
Las
palabras de Tae-hyun, que le habían salido como si fueran desechos, regresaban
tal cual. Ah, ¿cómo debería describir este sentimiento? Es solo una palabra,
tal vez algo sin importancia. Eso pensaba, pero escucharla le hacía sentir como
si él mismo se estuviera ensuciando.
"Esas
palabras... fueron un error".
Parecía
que su garganta se había apretado, y aunque intentó justificarse, Yeon-woo solo
lo miró fugazmente, luego giró la cabeza y se apartó.
"...
¿Por qué siempre tienes tantas cosas malas que decirme?".
Yeon-woo
sonreía. Era como si estuviera completamente desapegado de Tae-hyun, como si lo
hubiera dejado ir sin pensarlo dos veces.
Tae-hyun
simplemente se quedó congelado frente a él.
"Te
repugna, lo sé, pero eso es lo único que he aprendido".
"...".
"Dicen
que incluso los errores pueden tener alguna intención, ¿no? Freud lo
decía".
"Yeon-woo...".
"Entiendo
que ahora me odies. Lo entiendo".
La
sonrisa débil de Yeon-woo se desvaneció.
"Siempre
he sido una persona difícil, una carga para todos".
"...".
"En
el pasado y en el presente siempre ha sido así. Solo creí que tú lo
entendías".
"No
es así".
"Tú
solo... me aguantaste, ¿no? ¿Verdad?".
Las
palabras, que hasta ese momento habían fluido sin mayor esfuerzo, se cortaron
de golpe. Yeon-woo mordió su labio con fuerza. Las lágrimas que había estado
conteniendo finalmente empezaron a salir, y sus ojos se enrojecieron.
"Tae-hyun...".
"...".
"¿Por
qué pides perdón? ¿Por qué ahora te disculpas?".
"...".
"¿Es
porque ahora me ves así que sientes culpa?".
La
mirada de Yeon-woo recorrió su propio cuerpo, como si él mismo fuera ajeno a su
situación. Con los ojos enrojecidos, sus ojos reflejaban una pequeña dosis de
desprecio hacia sí mismo.
"Esto...".
"Yeon-woo,
no es eso".
Tae-hyun
se levantó rápidamente, tratando de sujetar a Yeon-woo, pero él, con una
rapidez sorprendente, dio un paso atrás.
"Fue
mi decisión".
"...".
"Tú
lo escuchaste todo, ¿verdad? Sabías cómo estaba. Con tu personalidad,
probablemente habrías ido a un médico o habrías cambiado las cosas en el
centro".
"...".
Yeon-woo,
que hasta ese momento había estado con el cuerpo ligeramente inclinado,
enderezó su postura. No se dio cuenta de que esa postura lo hacía ver más
frágil.
"Esto
fue lo mejor que pude hacer, considerando que te amaba".
"...".
"El
resultado es mío. No es tuyo".
"..."
"Así
que me voy. Este lugar me ahoga".
Yeon-woo
levantó la cabeza y miró alrededor de la casa.
"Es
extraño".
Mientras
observaba a Yeon-woo cerrar los ojos con fuerza y luego abrirlos, Tae-hyun no
podía decir nada. Ayer, su boca no se había callado ni por un momento, pero
ahora parecía estar pegada, como si le hubieran sellado la boca.
Yeon-woo,
mirándolo fijamente mientras él no podía hablar, dio media vuelta. Quería
detenerlo mientras se dirigía hacia la puerta, pero de alguna manera su cuerpo
no se movió. En el instante en que los ojos de Tae-hyun se llenaron de
confusión, sonó el timbre.
Ding
dong.
***
“Cuánto
tiempo. ¿Has venido a ver a Tae-hyun?”.
El
representante de la agencia de Tae.hyun saludó a Yeon.woo como si no supiera
nada. Pero fue precisamente esa actitud despreocupada la que le hizo sentir que
él sabía mucho más de lo que aparentaba. Yeon.woo asintió levemente para
saludar, sintiendo que esa casa le resultaba aún más incómoda.
Luego
giró el cuerpo para mirar a Tae.hyun.
“Me
voy”.
Otra
despedida. Cuántas veces la habían repetido ya. Se estaba volviendo
insoportable. ¿Siempre es así de difícil decir adiós cuando una relación lleva
tanto tiempo? Con el corazón cansado, soltó un profundo suspiro, pero antes de
que pudiera ponerse los zapatos, alguien le sujetó del brazo.
“No.
No así”.
“Creo
que ya lo dije todo”.
“Espera,
solo espera un momento”.
El
rostro de Tae-hyun, tenso y urgente, parecía el de un animal acorralado. Por
eso Yeon-woo no pudo sacudirse su mano con frialdad.
Tae-hyun
llamó al representante, que entraba tranquilamente en la casa.
“¿Qué
es esa mirada sucia, Tae-hyun? ¿De verdad vas a hacer esto?”.
La
voz del representante, cargada de desconcierto, se desvanecía sin fuerza.
“Ya
le dije que me tomaría un descanso por un tiempo”.
El
sorprendido fue Yeon-woo. Lo miró con los ojos bien abiertos, fulminando con la
mirada a Tae-hyun, que aún lo sujetaba.
“¿Vas
a rechazar de verdad la oferta del director Kim? Sabes que aún no estás en
posición de hacer eso”.
“No
trabajo con nadie relacionado con Park Haejin”.
“Este
actor tuyo…”.
“Si
me envía otro guion, lo revisaré. Pero no vuelva a aparecer así de repente.
Cambiaré la contraseña la próxima vez”.
“Tú,
¡maldito…!”.
“Por
favor, váyase. Estábamos teniendo una conversación importante”.
No
había ni un gramo de amabilidad en su voz hacia el representante. Al contrario,
parecía desprender una frialdad cortante, como si estuviera enfrentándose a un
enemigo.
Las
miradas de ambos chocaron con violencia. El representante, entonces, lanzó una
mirada feroz a Yeon-woo, como si él fuera el culpable de todo. Nada que ver con
la actitud amistosa de hace unos minutos.
Tae-hyun
se interpuso rápidamente entre ellos, bloqueando la mirada del representante.
Este cerró los ojos con fuerza, como conteniendo su ira, y exhaló un largo
suspiro.
“Por
lo menos, ven a la entrega de premios de fin de año”.
“….”.
“Eres
candidato. Si te ausentas de eso también, no me quedaré de brazos cruzados.
¿Entendido?”.
El
representante salió de la casa dando pisotones ruidosos, dejando claro su
descontento. Solo cuando la pesada puerta se cerró con estrépito, Tae-hyun
soltó con cuidado la mano de Yeon-woo.
“Perdón.
Si no le digo nada, se pone aún más molesto”.
Tae-hyun
se pasó la mano por el rostro con gesto incómodo. Yeon-woo, aún sin comprender
nada, le preguntó con una expresión incrédula.
“¿Qué
fue todo eso?”.
Se
sujetó la muñeca que él había sostenido, apretándola con la otra mano, mientras
contenía la emoción en su voz. Pero Tae.hyun no respondió a su pregunta. Solo
quería retomar la conversación que tenían antes de ser interrumpidos.
“¿No
podrías darme solo una oportunidad?”.
Su
voz era apresurada, como si estuviera a punto de perderlo todo.
Yeon-woo
lo miró de frente con una expresión completamente incrédulo.
“¿Una
oportunidad?”.
Repitió
la palabra con una frialdad absoluta.
“Solo
ayúdame… a recuperarme…”.
“Lee
Tae-hyun”.
Pero
su súplica fue cortada en seco antes de que pudiera completarla.
“¿Qué
parte de lo que te he dicho no entendiste?”.
Su
voz, aunque contenida, dejaba ver claramente la ira. Tae-hyun sintió que algo
había salido mal, pero no sabía cómo arreglarlo.
“Me
voy”.
La
línea trazada con ese tono gélido fue algo que ni siquiera él se atrevió a
cruzar esta vez. La feromona que se escapó de él sin darse cuenta siguió a Yeon-woo
mientras se alejaba, pero al llegar frente a la puerta cerrada, también se
desvaneció, sin rumbo.
***
La
casa a la que había regresado después de tanto tiempo estaba impregnada de un
silencio extraño.
Aunque
tenía la certeza de que Tae-hyun ya no volvería a ese lugar, la sensación era
claramente distinta. No era algo que sólo se sintiera al abrir la puerta y
entrar: incluso al pasar por el vestíbulo común y subir las escaleras, se
percibía la desolación de una casa abandonada por su dueño.
Yeon-woo
pasó por todo eso sin prestarle mucha atención, hasta llegar frente a la puerta
de su hogar. Se mezclaban en él dos sensaciones contradictorias, una cierta
comodidad por estar en casa de nuevo, y al mismo tiempo, una incomodidad que le
decía que no debería haber vuelto.
Frente
a la puerta había una gran caja de envío que el centro hospitalario había
enviado. No recordaba haber llevado tantas cosas consigo como para justificar
una caja tan grande. Dudó si abrirla o no, pero finalmente la inspeccionó con
la mirada y abrió la puerta.
Cuando
se fue de esa casa, creyó que algo cambiaría.
Y
sí, había cambiado, pero no en la dirección que él esperaba. Esa realización le
pareció irónica.
“Así
soy yo…”
Murmuró,
rascándose la nuca con una sonrisa incómoda.
Entró
y se dejó caer pesadamente sobre el sofá cubierto de polvo. Las partículas
flotaban en el aire, y en la pantalla negra del televisor frente a él se
reflejaba su rostro distorsionado.
Lo
observó por un momento largo y luego echó un vistazo alrededor. Al percibir un
leve aroma a feromonas que antes no había notado, arrugó ligeramente la nariz y
suspiró.
“Debería
mudarme”.
Era
evidente que no podía permanecer allí sin pensar en Tae-hyun. Consciente de
ello, Yeon-woo empezó a ordenar sus cosas evitando los lugares donde el aroma
de Tae-hyun todavía se sentía. Al dejar las pertenencias de Tae-hyun y
seleccionar qué tirar de las suyas, las bolsas de basura se llenaron
rápidamente.
Ver
las bolsas llenas lo hizo sentir sofocado. No tenía muchas cosas, y sin
embargo, todo parecía llenarse enseguida. Como si su obstinado corazón se
manifestara de esa forma, suspiró profundamente y se levantó.
“En
la tienda de conveniencia vendían más bolsas, ¿no?”.
Buscó
su billetera, que andaba por ahí, y se dirigió a la tienda más cercana. Quizás
por la hora, entre la tarde y la noche, no había nadie en las calles. Antes,
eso le habría parecido solitario, hoy, en cambio, le ofrecía un gran consuelo.
Caminando
lentamente bajo el viento frío, compró las bolsas y volvió a casa. Al llegar,
algo en la caja frente a la puerta le molestó. ¿Estaba así cuando salió? Al
observarla, notó que la parte superior de la etiqueta de envío estaba
arrancada.
“¿Qué
es esto...?”.
Le
incomodó, pero no parecía faltar nada. Tal vez simplemente no lo había notado
antes, distraído como estaba.
Era
frustrante no poder confiar en sus propios sentidos. Decidió dejar de pensar en
ello y volvió a entrar.
Por
suerte, al ir llenando la nueva bolsa con las cosas que debía desechar, su
ánimo fue poco a poco calmándose. No sabía cuánto tiempo había pasado cuando,
sintiendo algo de vértigo, cerró los ojos un momento. Cuando los abrió, ya
habían pasado dos horas.
“Hora
de tomar la medicina…”.
Con
el cuerpo cada vez más pesado, se levantó con esfuerzo. Como no había agua en
la nevera, tragó las pastillas con agua del grifo y suspiró largamente. Todo
parecía estar bien y, al mismo tiempo, sentía una fatiga abrumadora que le
hacía querer dejarlo todo.
“¿Será
que me está dando depresión…?”.
Aun
después de haber sido él quien terminó todo… quizás le costaba aceptar la
pérdida.
“Bueno,
al menos mi salud ha mejorado mucho”.
Aunque
aún no estaba listo para volver a trabajar, vivir ya no era un problema grave,
según las palabras del doctor Kang Seokyeong. Esa idea era, de algún modo, un
consuelo.
Amarró
bien la bolsa y se levantó. Al mirar el apartamento, ahora parcialmente vacío,
muchos pensamientos le vinieron a la cabeza. Pensó en las personas que había
conocido, aparte de Tae-hyun, el director, el profesor Ha-rang, y Yeji. Al
recordar sus rostros sonrientes, una brisa cálida empezó a colarse en su pecho
adolorido.
Con
ese impulso, encendió el portátil que estaba en la mesa del comedor. Al
sentarse frente a él, le invadió una curiosa sensación de alivio, como si
hubiese vuelto a una vida cotidiana normal.
Buscó
en el tablón de anuncios del congreso algún programa de terapia grupal. En el
centro de su mentor aún no había ninguno disponible. Tal vez porque el lugar
funcionaba de forma más discreta, recibiendo solo a personas referidas.
Exhalando
profundamente para aliviar la tensión, comenzó a escribirle un correo a su
mentor. Se sentía algo apenado por no haber contactado antes, pero su ánimo
adormecido le permitió ignorar esa incomodidad.
Estimado
profesor:
Le
saluda Kim Yeon-woo.
Espero
sinceramente que se encuentre bien.
He
sabido de usted ocasionalmente a través del doctor Kang Seokyeong.
Le
pido disculpas por no haberme comunicado antes, he tenido muchas situaciones
personales.
El
motivo de este correo es que me gustaría participar, si es posible en el
futuro, en alguna de las terapias grupales que organiza en el centro.
Sé
que este mensaje puede parecer repentino, pero usted es la única persona en
quien puedo pensar ahora.
Le
agradecería mucho si pudiera comprender y aceptar este correo inesperado.
Aunque
no sea ahora, realmente me gustaría asistir en algún momento.
Creo
que apenas ahora estoy empezando a entender algunas de las cosas que me dijo
durante mis sesiones de análisis.
Creí
que había vivido con empeño, pero el camino solitario que tomé me hizo entender,
quizás tarde, que cuando uno se desvía, no hay nadie que lo ayude a corregirse.
Quedo
atento a su respuesta.
Le
deseo, como siempre, buena salud.
Atentamente,
Kim
Yeon-woo.
Después
de escribir el correo rápidamente con lo que le venía a la mente, Yeon-woo lo
envió y exhaló profundamente.
En
esta casa, incluso el aire parecía impregnado de las feromonas de Tae-hyun.
Si
lo hubiese sabido antes, ¿habría cambiado algo? ¿O simplemente habría sido una
desesperanza aún mayor?
Mientras
divagaba con esos pensamientos inútiles, salió a la entrada.
Trajo
la caja de afuera y la abrió con las manos. Al revolver un poco su interior,
encontró su celular, aquel que había dejado casi tirado en el centro. Lo miró
un largo rato, apagado, y luego lo arrojó de nuevo dentro de la caja.
Seguramente tendría que comprarse uno nuevo.
Al
ir trasladando los objetos de la caja a la bolsa de basura, Yeon-woo asintió
levemente, sin darse cuenta.
Quitar
a Tae-hyun de su vida se parecía bastante a esta limpieza. Casi no quedaba nada
que fuera completamente suyo. Intentar definirse como Kim Yeon-woo sin Tae-hyun
resultaba abrumador.
Amarró
bien la bolsa y la sacó. Ya el cielo se había oscurecido.
Yeon-woo
exhaló lentamente, su aliento blanco formando una figura nítida que pronto se
disipó.
“Tenías
razón”.
Sus
ojos se ensombrecieron siguiendo el rastro fugaz del vapor.
“Si
no hubiera hecho terapia, Yeji tampoco habría acabado así. Y tú no me habrías
odiado tanto…”.
Tal
vez debería haber sido tu mánager en lugar de tu terapeuta.
¿O
eso habría hecho que te cansaras de mí más rápido?
¿O
tal vez habría debido buscar esa medicina milagrosa antes?
Esa
actitud tan ingenua de esperar a que se manifestara por sí sola… quizá fue lo
que precipitó nuestra tragedia.
“...Idiota.
Basta. Todo eso son suposiciones inútiles”.
Golpeó
ligeramente su cabeza con la palma para dispersar la tormenta de pensamientos y
se giró.
Sin
saber que, como ese aliento que acababa de exhalar, lo observaban ojos tras el
portón común mientras regresaba a su casa.
***
Tae-hyun
estaba detenido en un callejón no muy lejos de la casa. Sentado dentro del
coche con los cristales fuertemente polarizados, apretó con fuerza el volante
al ver a Yeon-woo temblando mientras entraba en casa. Las venas de su mano
sobresalieron con tensión.
Si
alguien le pidiera que pusiera en palabras por qué había corrido tras Yeon-woo
o por qué sentía el pecho tan apretado, no sabría cómo responder. Simplemente
había acudido allí con el sentimiento urgente de que, si no lo hacía, se
arrepentiría mucho más después.
Quizás
era porque Yeon-woo, quien solía explicarle con calma su propio estado cuando
todo le parecía confuso y turbio, ahora estaba lejos. Desde que él le anunció
la ruptura, sentía que tenía los pies atrapados en el barro, hundiéndose poco a
poco en algún lugar oscuro.
Y
al darse cuenta de eso, le resultaba tan evidente cuánto se había esforzado
Yeon-woo por apoyarlo emocionalmente, que Tae-hyun no podía evitar
despreciarse. Ambos eran huérfanos de la misma edad, pero ¿cuánto había luchado
Yeon-woo para convertirse en su apoyo emocional? Ahora que por fin lo veía
claro, sentía náuseas de sí mismo.
“¿Quién
fue el que resultó ser una carga? Como un mocoso en plena adolescencia,
haciendo berrinche con los padres...”.
No
pudo continuar la frase. Se mordió los labios con tanta fuerza que casi sangró
y dejó caer la frente sobre el volante con un golpe sordo. Un suspiro largo y
profundo se escapó de sus labios.
Ya
no sabía ni por dónde empezar.
Ya
habían terminado.
Técnicamente,
Yeon-woo lo había dejado, así que lo correcto era aceptar la ruptura y
desaparecer en silencio. Y aun así, no podía hacerlo.
Aunque
solo fuera hasta que Yeon-woo recuperara su salud.
Solo
hasta que el cuerpo que él había arruinado con su maldita "Feromona"
se curara.
Se
repetía esa excusa como si fuera un mantra, pero el momento en que Yeon-woo le
dio la espalda con tanto desánimo, incluso eso se convirtió en una mera
justificación egoísta.
“¿Desde
cuándo estabas aguantando esto… tú?”.
Solo
ver a alguien huyendo, arrinconado por haberlo soportado tanto, le dolía en el
alma. ¿Cómo lo había soportado Yeon-woo, todos esos gestos, esas miradas
cargadas de hastío?
¿Tenía
que soportarlos?
El
rostro agotado que aún intentaba mantenerlos unidos, la voz cansada que le
propuso matrimonio…
Desde
la ruptura, esas imágenes se habían quedado grabadas en sus ojos y oídos,
incapaces de borrarse.
“¿Quién
fue el que te hizo hartarte? Pégame si quieres. Dime que soy un maldito
acosador tipo Misery, que soy un loco. Hazlo, Yeon-woo”. Murmuraba palabras que
no serían escuchadas, mirando fijamente la ventana aún iluminada.
¿Y
cuánto tiempo pasó así? Justo cuando empezaba a pensar que ya era hora de
regresar…
Vio
a un anciano hurgando en la basura que Yeon-woo había sacado.
Un
anciano con un rostro extrañamente familiar.
La
mirada de Tae-hyun se volvió fría y sombría.
***
Cuando
regresó tras tirar la basura, encontró un correo de su mentor. Él le había
propuesto no una consulta, sino un encuentro. En su centro, las consultas
grupales no comenzarían hasta principios del próximo año, pero mencionó que
quería invitarlo como co-facilitador en el futuro.
Sintiendo
una punzada de culpa por ser tan ingrato, le envió un correo de agradecimiento
a su mentor y, al día siguiente, cuando se preparaba para encontrarse con él,
salió de casa por primera vez en mucho tiempo, nervioso y apresurado desde la
mañana.
Al
salir, algo colgaba del pomo de la puerta de entrada.
“…
¿Qué es esto?”.
Era
una pesada bolsa térmica.
Con
algo de temor, la abrió y dentro encontró un tazón de gachas calientes en un
frasco de vidrio.
[Come
tanto como me odies. -Tae-hyun.-]
Al
ver el post-it amarillo en la tapa, un suspiro de incredulidad escapó de los
labios de Yeon-woo. Después de todo lo que había soportado, ¿era así de fuerte
la culpa? La actitud persistente de Tae-hyun le parecía simplemente absurda.
“….”.
Con
el dedo, Yeon-woo despejó el post-it amarillo y volvió a colgar la bolsa en el
pomo de la puerta.
“…Voy
a llegar tarde”.
A
pesar de sus esfuerzos por no mirar atrás, su cabeza seguía girando hacia la
bolsa de gachas colgada, como si la llamara constantemente.
Pero
Yeon-woo apretó los labios y siguió bajando las escaleras. Sus pasos no eran
tan ligeros como cuando salió de casa, pero convencido de que lo que debía
hacer ahora no era lamentarse por lo que había quedado atrás, sino avanzar
hacia el futuro.
***
"Kim
Yeon-woo, ¿cuánto tiempo ha pasado?".
El
consultorio privado que no era el centro dirigido por su mentor se encontraba
en un complejo de apartamentos. Yeon-woo, con una expresión algo avergonzada,
inclinó ligeramente la cabeza en señal de saludo y entregó el regalo que había
traído.
"Cuánto
tiempo sin vernos, profesor. ¿Ha estado bien?".
"Claro.
Ahora te veo a ti, Yeon-woo, y todo está bien".
Con
una sonrisa brillante, el profesor saludó a Yeon-woo y, después de hacer un
gesto a la persona que estaba sentada en la sala de estar, lo condujo a una
habitación.
"Este
lugar también ha pasado mucho tiempo, ¿verdad?".
"No
ha cambiado nada".
"Claro.
Algo tiene que permanecer igual para que los pacientes se sientan reconfortados
cuando vengan de vez en cuando, ¿no? Entra.".
"Sí".
El
sentimiento de ver un espacio que no había cambiado en nada, excepto por el
paso del tiempo, fue extraño. Era diferente al sentimiento que había tenido
cuando se encontró con la oficina del director en el orfanato.
Mientras
observaba las arrugas que se habían acentuado en el rostro de su mentor al
colocar una taza de té frente a él, Yeon-woo sonrió.
"De
hecho, de vez en cuando escucho algo de Seokyeong".
"Ah,
¿es así?"0
"Seokyeong,
aunque es algo distante, tiene un corazón amable. ¿Está recibiendo un buen
tratamiento?".
"Sí...
más o menos".
Al
escuchar la palabra "tratamiento", los labios de Yeon-woo, que se
habían torcido en una ligera sonrisa, se desplomaron hacia abajo. No es que
quisiera hacer algo al respecto, sino que simplemente sus labios se caían, como
si contuviera las lágrimas. Al ver la caída de sus labios, el mentor levantó su
taza de té.
"Bebe.
Hace frío afuera".
Mientras
bebía el té, un silencio tranquilo se mantuvo entre ellos.
"Seokyeong
me dijo que tomaste una licencia. ¿Estás descansando bien?".
Pero
Yeon-woo no pudo responder a esa pregunta. Podría haber dicho algo con palabras
vacías para hacer como si estuviera socializando, pero al final, esa sería una
respuesta superficial que se descubriría rápidamente.
Al
ver a Yeon-woo exhalando silenciosamente, su mentor suspiró levemente y dejó la
taza sobre la mesa.
"Preguntar
si está descansando bien viendo esa cara, realmente soy un malvado,
¿verdad?".
"Profesor,
no es así. ¿Por qué dice eso?".
"No
tienes que esforzarte tanto incluso en momentos como este. Este es un lugar
seguro, y sé que tú también lo sabes".
"....".
Yeon-woo
no pudo responder a esas palabras. Desde el momento en que entró, algo en su
estómago había estado inquieto, y ahora se sentía como si estuviera cayendo al
mar, con los síntomas empeorando poco a poco.
"Ese
amigo...".
"¿Eh?".
La
mente de Yeon-woo tardó un rato en entender lo que su mentor quería decir. Ese
amigo...
"¿Tae-hyun?".
¿Había
escuchado algo diferente de Kang Seokyeong? Al oír el nombre de Tae-hyun,
pronunciado con voz firme a pesar de que ya había pasado mucho tiempo desde su
análisis educativo, los ojos de Yeon-woo empezaron a temblar sin rumbo.
"Ah...
eso...".
De
hecho, los ojos de Yeon-woo, que siempre estaban secos, empezaron a arder.
"¿Eh...?" En ese momento, las lágrimas comenzaron a llenar por
completo los ojos de Yeon-woo y a rodar por su rostro.
"¿Eh?
¿Vas a llorar...?".
Aunque
sentía esa sensación en el estómago, no pensaba que hubiera sido algo emocional
lo que lo hubiera afectado, pero en un momento inesperado, las lágrimas
comenzaron a caer como si se rompiera una represa.
Yeon-woo,
avergonzado, intentó secarse el rostro con las manos, y su mentor lentamente
empujó la caja de pañuelos hacia él.
"¿Qué
sentías en ese momento?".
"......¿Qué?".
"Has
pasado por mucho, Yeon-woo".
Kang
Seokyeong claramente había dicho algo, pero a Yeon-woo le costaba concentrarse
en ello. Al final, fracasó, y las lágrimas que no entendía bien ahora
comenzaron a mezclarse con sollozos.
"...Snif...".
Sabía
que no era una buena imagen presentarse así, llorando después de tanto tiempo
para saludar y pedirle ayuda para la próxima sesión de terapia grupal, pero no
podía detenerse. La vergüenza, la tristeza y el impacto de recibir consuelo
después de tanto tiempo fueron demasiado para el corazón de Yeon-woo, que se
derrumbó por completo.
Hasta
que llegara el próximo paciente, Yeon-woo lloró durante largo rato.
***
Con
la cara hinchada, Yeon-woo se lavó rápidamente con agua fría en el baño y salió
del consultorio casi corriendo. Aunque sentía que las personas que se cruzaban
con él en el ascensor del apartamento lo miraban disimuladamente, no podía
hacer nada al respecto. Mirara hacia la izquierda o hacia la derecha, su rostro
mostraba claramente la huella de un hombre que había llorado sin cesar.
Sin
embargo, no se sentía completamente avergonzado, ya que, por alguna razón, el
peso en su pecho que había estado allí durante tanto tiempo, como si tuviera
una piedra aplastándole el corazón, había desaparecido un poco. Desde que
comenzó el aburrimiento de Tae-hyun, empezó a tomar medicinas, y luego recibió
un trasplante de feromonas, siempre había tenido esa sensación pesada y
ruidosa, como si algo estuviera atascado dentro de él. Ahora, finalmente, eso
parecía haberse aliviado.
‘¿Será
que tenía tantas emociones acumuladas?’.
Las
palabras de consuelo que se repetía a sí mismo, de que todo estaba bien, ahora
le parecían irónicas, ya que lo cierto es que no estaba nada bien. Se dio
cuenta de lo tonto que había sido, un torpe que no tenía ninguna habilidad para
la consulta.
Con
una sonrisa irónica hacia sí mismo, Yeon-woo salió del apartamento y entró en
la primera tienda de teléfonos móviles que vio.
"Quisiera
hacer una nueva suscripción".
Su
rostro estaba hinchado y rojo, pero el empleado de la tienda no parecía
preocuparse por eso. Le sonrió ampliamente y lo saludó.
"Claro,
señor. ¿Hay algún modelo en particular que le interese?".
Yeon-woo
echó un vistazo a los modelos expuestos en la vitrina y luego sonrió. Recordó
el dinero que había estado ahorrando para comprar una casa en la que viviría
con Tae-hyun, y de repente, una extraña sensación lo invadió. La lujosa casa
donde había pasado solo una noche con Tae-hyun pasó brevemente por su mente, y
sintió una rara impulso.
"Deme
el más caro".
Era
la primera vez en su vida que, en lugar de adquirir algo que perteneciera a Tae-hyun,
compraba algo valioso para sí mismo.
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