11. Resplandor de la tarde (2)

 


11. Resplandor de la tarde (2)

 

“¿Lo estás haciendo a propósito?”.

La voz de Yeon-woo, que se había elevado por un instante como si ardiera en llamas, se enfrió de golpe con una frialdad cortante.

“¿Para qué andaría yo hablando de ti por ahí?”.

Esa calma helada arrastró a Tae-hyun, que hasta hace un segundo balbuceaba atrapado por el miedo, hasta el fondo. Su voz, agrietada como un campo seco, enmudeció, y aquella boca que escupía amenazas absurdas quedó sellada.

“¿Qué ganaría yo con eso?”.

El rostro de Yeon-woo, inclinado como si cuestionara algo con total desapego, se veía completamente extraño. No era el Kim Yeon-woo que siempre le sonreía cálidamente. Era él, sí, pero al mismo tiempo, no lo era.

“Lee Tae-hyun”.

Su voz, ahora con firmeza como si intentara convencerlo, era la misma con la que solía calmar a los estudiantes. Una voz que Tae-hyun siempre había detestado. A pesar de que hacía poco, en otra situación muy distinta, esa misma voz lo había rechazado con dureza cuando intentó aconsejarlo. Ahora, no podía ni mover los labios.

Solo sentía su mente congelarse por completo.

“¿No estarás confundido?”.

Por alguna razón, se le hizo un nudo en la garganta.

¿Se emocionó? No, no era eso.

Quizás fue la presión que sintió en la cabeza al darse cuenta de que, ahora sí, algo estaba realmente mal.

“¿Confundido con qué...? ¿Yo?”.

Tae-hyun apenas logró formar una respuesta, pero Yeon-woo simplemente lo observó en silencio. Aquella mirada fría le resultaba tan ajena, o quizás tan aterradora, que, sin querer, Tae-hyun se acercó y extendió una mano hacia él. Pero Yeon-woo, con un simple gesto, le apartó la mano de un golpe.

Drrrk.

Con el sonido de un leve golpe, Tae-hyun se quedó paralizado. La puerta de la oficina del director se abrió, y entró el director con una sonrisa radiante. En sus manos traía una bandeja de madera con té caliente.

“¿Por qué están de pie? Vamos, siéntense”.

Como si no percibiera la tensión en el aire, el director los llamó con amabilidad. Quizás fue por los recuerdos que evocaba, pero ni Yeon-woo ni Tae-hyun pudieron desobedecer. Como robots programados, o como niños que, tras una pelea, eran arrastrados por un adulto, ambos se sentaron frente al director sin decir una palabra.

El director les ofreció en silencio una taza de té con una bolsita de raíz de campanilla sumergida en ella.

“Yeon-woo. Eres Yeon-woo, ¿verdad?”.

“…”.

“El Yeon-woo que siempre se escondía detrás de Tae-hyun”.

Ante esas palabras, Yeon-woo no pudo evitar sorprenderse. No esperaba que el director recordara al niño que fue. Quizá sí a Tae-hyun, ahora actor exitoso, pero no a él.

Yeon-woo lo miró atónito. Sin embargo, el director no lo presionó para que respondiera. Simplemente colocó con cuidado las tazas frente a ellos.

“Beban. No tienen buena cara”.

Yeon-woo y Tae-hyun empezaron a beber el té sin rechistar. Era como si sus palabras tuvieran algún tipo de hechizo. Quizás porque nunca habían tenido una figura adulta constante en sus vidas. Resultaba extraño ver lo dócil que se mostraban.

Por un buen rato, solo se escuchó el leve sonido del sorber del té. Finalmente, el director dejó su taza y miró a Yeon-woo con una expresión afable.

“Los niños que regresan después de tanto tiempo suelen tener una razón”.

“…”.

“¿Podrías decirme por qué has venido, Yeon-woo?”.

Llamar "niño" a un hombre de veintinueve años sonaba extraño, pero viniendo del director, aquel término despertó en Yeon-woo una extraña melancolía. Era una voz tan cálida que casi le hacía creer que aún tenía un lugar al que regresar.

Yeon-woo miró de reojo a Taeh-yun, que seguía a su lado en silencio, sujetando la taza. Quería tener esta conversación sin él presente, pero sabía que, si no hablaba ahora, probablemente no volvería jamás.

¿Por qué la vida está hecha solo de decisiones?

Aunque ya lo sabía, la situación inesperada le provocó un poco de frustración.

El director, al ver que Yeon-woo no hablaba, continuó con cuidado:

“Lo de cuando eran niños”.

“…”.

“¿Es que ahora quieres denunciar?”.

Esa palabra hizo que toda su frustración, que apenas empezaba a brotar, estallara al instante. No era lo que esperaba oír, y por eso mismo, fue aún más impactante.

“¿Denunciar…?”.

La voz de Yeon-woo temblaba de forma lastimosa.

“El subdirector… ¿sigue… vivo?”.

Las palabras que salieron de la boca de Yeon-woo lo congelaron al instante no solo a él, sino también a Tae-hyun, que estaba a su lado.

***

“Ugh… guaj…”.

De repente, sintiendo unas náuseas intensas, Yeon-woo corrió al baño y comenzó a vomitar sin parar. Tae-hyun, angustiado, se quedó afuera del cubículo, esperando con inquietud.

Estaba atrapado en una contradicción, sin saber si debía llamarlo o no. Se sentía más hundido que nunca.

“¿Tú ya lo sabías?”.

Apenas escuchó que el subdirector seguía con vida, Yeon-woo lo miró con una furia punzante y preguntó. Aunque le alegraba verlo más vivo que en los últimos tiempos, la dureza con la que habló era tan filosa que Tae-hyun no pudo decir ni una palabra.

“Te estoy preguntando si lo sabías”.

La voz, tan fría que helaba, casi lo dejó sin sentidos. Quería gritar que no, que cómo iba a saber algo así. Pero sus labios no se movían, como si estuvieran sellados con pegamento.

El silencio era horriblemente espeso.

“Yo pensé que lo había matado”.

Intentó recordar al subdirector, ahora apenas una figura borrosa y deformada, pero le fue difícil. Estaba convencido de que había muerto en aquel salón en llamas. El tiempo que pasó con Yeon-woo en paz era, se dio cuenta de golpe, un milagro.

“Yeon-woo…”.

Con la mente hecha un caos, Yeon-woo se tapó la boca y salió corriendo del despacho del director. Había pasado mucho tiempo, pero aún recordaba perfectamente la estructura del lugar, como si pudiera verla con los ojos cerrados. Aunque sabía que Yeon-woo no tendría problemas en encontrar el baño, una ansiedad inexplicable hizo que Tae-hyun lo siguiera de cerca.

“Yeon-woo”.

Cuando los sonidos de las arcadas comenzaron a calmarse, Tae-hyun no pudo ocultar su inquietud y volvió a llamarlo.

“Cof cof”.

En lugar de una respuesta, escuchó una tos húmeda. Luego, un golpe seco —¡pum!— y la puerta del baño tembló.

“¡Kim Yeon-woo!”.

Asustado por si se había desmayado, intentó abrir la puerta, pero desde dentro, acompañado por una tos, una voz débil pero firme se escuchó. Aunque los separaba una puerta, parecía hablarle desde al lado.

“No la abras”.

Aunque estaba ronca, su voz tenía una fuerza extraña. Tae-hyun agarró con fuerza la parte superior de la puerta, tan débil como una pared de paneles delgados, y se contuvo con esfuerzo para no arrancarla.

Tal vez se oía su respiración agitada, porque la voz de Yeon-woo volvió a salir.

“Vete. No quiero que me veas así”.

Esa frase le dolió como si un clavo oxidado se le clavara en el corazón. Una punzada aguda lo hizo fruncir el ceño.

“¿Y cómo estás, según tú?”.

En los peores momentos de Yeon-woo, siempre estaba Tae-hyun. Desde niños, no podía soportar verlo sufrir, y aunque jugaba con otros, sus ojos siempre buscaban a Yeon-woo. Por eso él era quien primero notaba cuando algo le pasaba.

¿Por qué era así?

Ah, ya lo recordaba.

Una vez, mientras corrían por el patio, ambos tropezaron y cayeron. Tae-hyun, que de niño lloraba fácilmente, rompió en llanto allí mismo, haciendo evidente su dolor. Quizá por su apariencia especial desde pequeño, los profesores corrieron a consolarlo, lo levantaron en brazos y revisaron si tenía alguna herida.

En cambio, Yeon-woo, que también había caído, lo miró en silencio y se fue cojeando a sentarse solo bajo un gran árbol al borde del campo. Se sentó encogido, con la cabeza gacha y los brazos rodeando sus piernas, sin mirar siquiera las gotas de sangre que perlaban sobre su rodilla.

En ese instante, al ver esa sangre, Tae-hyun bajó la vista a su propia rodilla. Estaba casi limpia, solo un poco de tierra. Tan intacta que sintió como si lo hubieran golpeado en la cabeza.

Así comenzó todo.

Antes de que Yeon-woo lo dejara, ¿qué estaba haciendo él?

Una rabia inexplicable le subió de golpe por la garganta. Un enojo áspero y amargo, con sabor a autodesprecio.

“¿Eh? ¿Cómo estás? Dímelo, Kim Yeon-woo”.

La voz, baja y sombría, hizo que incluso la tos que aún se oía cesara. El silencio se volvió tan pesado que parecía que no había nadie más al otro lado de la puerta. De nuevo, algo se agitó dentro de Tae-hyun.

“Sal. Ahora mismo”.

¿Por qué siempre pasaba esto?

Yeon-woo, que siempre se escondía, y él mismo, que no sabía hacer otra cosa más que enojarse… todo le resultaba frustrante. Sabía que no era la mejor manera, pero no podía soportar imaginar a Yeon-woo acurrucado en ese sucio lugar.

¿Tú por qué?

¿Qué hiciste mal?

¿Era por la ira que hervía dentro de él? De repente, la puerta crujió como si se estuviera deformando. Desde dentro, se escuchó un largo suspiro.

Y entonces, entre la puerta mal encajada, apareció el rostro pálido de Yeon-woo, mirándolo fijamente.

¡Bang! La puerta se abrió de golpe.

“¡Te dije que no quería que me vieras así!”.

“…”.

“¡¿Por qué nunca escuchas lo que te digo?!”.

“…”.

“¡¿Por qué?!”.

El grito repentino dejó a Yeon-woo con el rostro rojo de rabia. Viéndolo así, Tae-hyun apretó los dientes con fuerza.

Sentía que las emociones que le bullían en el pecho podrían desbordarse en cualquier momento.

Aunque la puerta ya estaba abierta, seguir mirando a Yeon-woo, que permanecía débilmente de pie en el estrecho cubículo, era demasiado doloroso. Si no fuera por los endebles paneles que lo sostenían, parecía que se desplomaría en cualquier momento. Extender la mano hacia él fue una decisión inevitable.

“Lo siento”.

“¡Suéltame!”.

“Lo siento, Yeon-woo”.

Cuando Yeon-woo cayó sin fuerzas, Tae-hyun lo atrapó entre sus brazos y lo rodeó con fuerza. A pesar de la chaqueta, podía sentir lo delgado que estaba su cuerpo, y por reflejo, cerró los ojos con fuerza.

Yeon-woo rompió a llorar, quizás por la impotencia de sentirse arrastrado por Tae-hyun.

Tal vez lloraba porque no tenía la fuerza para apartarlo, o tal vez por el rencor acumulado hacia toda esta situación. Lloró largo rato.

Aunque no parecía que eso fuera lo único que cargaba en su interior, no dijo nada más.

Tae-hyun solo deseaba que, a través de ese llanto, pudiera desahogar su rabia contra los fantasmas del pasado y sentirse un poco más libre.

Hic... Hic…

El llanto explosivo fue cediendo poco a poco hasta convertirse en sollozos ahogados, tan conocidos por Tae-hyun, como si Yeon-woo estuviera acostumbrado a reprimir sus emociones en silencio.

Aun así, no lo soltó.

Y así, por un buen rato, ambos permanecieron allí, como clavados al suelo.

Fue un momento largo, duro y doloroso.

***

Llorar no era algo que se pudiera tomar a la ligera.

Después de haber llorado tan intensamente después de tanto tiempo, recordó algo que había olvidado.

Llorar y vaciar los sentimientos era increíblemente agotador.

Yeon-woo, arrastrado por Tae-hyun, subió al coche estacionado en el aparcamiento trasero del orfanato. Ya no tenía fuerzas para volver al orfanato, y la sola idea de ir a algún lugar más le agotaba aún más.

Tae-hyun sentó a Yeon-woo en el asiento del copiloto y, después de tomar una botella de agua de la guantera, se la ofreció. El sonido del plástico al abrirse fue débil, y su mano extendiendo la botella parecía cuidadosa.

“Toma”.

Yeon-woo miró la botella transparente que le extendía frente a sus ojos. No quería hacer nada. Sin embargo, Tae-hyun seguía insistiendo en que hiciera algo, y eso le frustraba aún más.

Cuando Yeon-woo no aceptó la botella y solo lo miraba, Tae-hyun insistió en voz baja.

“Dijiste que después de llorar hay que hidratarse”.

En su niñez, Tae-hyun solía llorar con frecuencia, y Yeon-woo siempre le decía con una expresión impasible que debía reponer los líquidos perdidos. Le pasaba un vaso de acero inoxidable con agua fría, completamente helado, acercándoselo a los labios. Tae-hyun, que encontraba interesante la actitud activa de Yeon-woo, solía aceptar el agua y beberla.

“….”.

Al recordar aquel tiempo, Yeon-woo finalmente dirigió su mirada hacia Tae-hyun, que aún sostenía la botella. Suspira suavemente como si estuviera cansado de la situación, y saca una pequeña bolsa de medicamentos de su abrigo, tragando una pastilla junto con el agua.

“… ¿Qué es esto?”.

Dejando la botella medio vacía en el asiento, Yeon-woo no respondió, solo se giró levemente, dejando escapar otro suspiro.

“Kim Yeon-woo”.

“….”.

“¿Qué es esto?”.

Tae-hyun insistió, pero la mirada de Yeon-woo seguía fija en la ventana. Su voz, cansada, salió con un tono frío.

“¿Para qué necesitas saber?”.

Era una respuesta fría, como si hubiera puesto una barrera.

“Fui a ver a tu médico”.

“… ¿Qué?”.

Yeon-woo lo miró de nuevo, sus ojos redondos sorprendidos por la noticia. Ante esa mirada, Tae-hyun sintió repentinamente una sed incómoda.

“Dijeron que esto te pasó por mi culpa, que me odia mucho por eso”.

“…Esa persona es un charlatán. Estaba diciendo tonterías”.

“Kim Yeon-woo”.

Mientras guardaba la botella de agua, Tae-hyun no pudo apartar su mirada de Yeon-woo. Aunque estaba sentado junto a él, no podía evitar sentirse más ansioso por la idea de que Yeon-woo pudiera desaparecer en cualquier momento.

“¿Qué es?”.

“…….”.

Yeon-woo apretó los labios con terquedad. Si hubiera sabido que terminaría así, habría tomado la medicina más tarde. No entendía por qué le molestaba tanto no haberla tomado a tiempo. Al final, había sacado la bolsa de medicamentos frente a Tae-hyun como si esperara que él lo notara. Se sentía ridículo.

El que le había pedido a Tae-hyun que se separaran había sido él mismo. Sin embargo, ahora, en esta situación, se sentía decepcionado de sí mismo por estar tan cerca de él. Quería alejarse de Taeh-yun a toda costa. Estaba tan cansado que ni siquiera podía moverse, pero pensaba que debía haber un motel cerca donde podría descansar un rato. Pero justo cuando intentaba abrir la puerta del coche,

¡clic!

El sonido de la puerta del coche bloqueándose hizo que Tae-hyun encendiera el motor y comenzara a conducir.

“…Para el coche”.

Yeon-woo, mirando con cara de incredulidad cómo Tae-hyun salía del aparcamiento del orfanato, le ordenó nuevamente.

“Lee Taeh-yun. ¡Para el coche!”.

A pesar de la firmeza con que lo dijo, su voz carecía de fuerza, como si ya estuviera demasiado agotado. Yeon-woo, molesto consigo mismo por verse tan débil, comenzó a tirar de la manija de la puerta. Pero, por supuesto, la puerta no se abrió, y el coche siguió su camino, alejándose del orfanato y entrando en una carretera sin pavimentar que parecía interminable.

“Póntelo”.

Tae-hyun, ignorando el caos de Yeon-woo al lado, mantuvo la mirada fija en la carretera, mientras decía con calma.

“¡Para el coche!”.

“No voy a decirlo dos veces. Póntelo”.

Siempre tan calmado, Tae-hyun no parecía afectar por las rabias de Yeon-woo. La furia de Yeon-woo, cada vez más intensa, le parecía casi incomprensible. El comportamiento de Tae-hyun, tan impredecible hoy, estaba haciendo que su cabeza, ya confundida, estuviera a punto de estallar.

Sin poner el cinturón de seguridad, miró a Tae-hyun con toda su ira, sabiendo que lo único que podía hacer en ese momento era eso. La rabia crecía dentro de él al ver a Tae-hyun tan tranquilo.

Pero el objetivo de su furia, Tae-hyun, seguía completamente impasible. Dentro del coche, mientras la velocidad aumentaba, su voz se mantenía tranquila.

“Lo dijiste antes”.

“… ¿Qué dije?”.

“Me dijiste que por qué no te hacía caso”.

“¿Y ahora qué? ¿Lo estás haciendo porque te lo estoy diciendo?”.

El cielo se oscurecía lentamente. El sonido del motor, el crujido de los neumáticos contra el suelo y la voz enfadada de Yeon-woo, junto con la calma de Tae-hyun, parecían un extraño contraste.

“Sí. A partir de ahora”.

“Tae-hyun, ¿pero qué te pasa?”.

El asombro y la rabia se mezclaban en la voz de Yeon-woo, que ahora sonaba fría. La furia que sentía hace unos momentos parecía haberse desvanecido como si la hubieran apagado con un cubo de agua fría.

Finalmente, las puertas del coche de Tae-hyun no se abrieron. El coche siguió su curso por la autopista, rumbo a Seúl, y entró en un vecindario.

Después de conducir durante una hora, Tae-hyun estacionó el coche en un aparcamiento desconocido. Abrió la puerta del copiloto y, sin esfuerzo, sacó a Yeon-woo del coche, tomándolo por el brazo.

“Baja”.

Por supuesto, Yeon-woo golpeó su mano con brusquedad, como si intentara calmar su ira, y cerró los ojos con fuerza.

“¿Dónde estamos?”.

“Te lo dije, no te dejaré hasta que te pongas bien”.

“…Pero ¿qué te pasa, realmente?”.

La mano de Tae-hyun se enrojeció por la fuerza de Yeon-woo, y él no pudo evitar mirar brevemente antes de cerrar los ojos con fuerza nuevamente. Permanecer en ese coche de Tae-hyun, sabiendo que no podía irse, era una actitud irónica. Además, no podía quedarse allí indefinidamente. Estaba atrapado en un dilema, sin salida.

Tae-hyun cubrió su mano roja y volvió a extender la mano.

“¿Me dejas tomarla?”.

“No voy”.

Siempre calmado, siempre maduro. La imagen de él que Yeon-woo había intentado mantener, o defender, se desmoronaba. Algo se rompía dentro de él. Su ira subía. ¿Qué significaba esa separación? Las facetas que tanto había intentado ocultar, las partes más infantiles que pensaba que ya no existían, comenzaban a salir a la superficie.

Tae-hyun, con su boca apretada, se acercó a Yeon-woo, inclinándose. Apoyó la mano en el borde del asiento del copiloto y se acercó, como si fuera más grande que nunca.

“¿Volveremos al parque de atracciones?”.

La boca de Yeon-woo, que había permanecido cerrada, se abrió con sorpresa.

“Pase lo que pase, te encontraré donde sea que estés”.

“…Qué gran declaración de stalker”.

“Entonces, no te hagas el difícil y simplemente bájate”.

Hah.

Con un suspiro de molestia, se incorporó. ¿Será por haber estado sentado tanto tiempo? De repente, el mundo a su alrededor dio vueltas y su cuerpo tambaleó. Tae-hyun intentó sostenerlo instintivamente, pero Yeon-woo lo empujó débilmente. Si él quisiera, podría haberlo retenido a la fuerza, pero esta vez no lo hizo. Tae-hyun dejó caer su mano que había sido rechazada y observó en silencio a Yeon-woo, que se estaba sosteniendo del coche, respirando con dificultad.

“No me toques. Ya no somos nada”.

Yeon-woo, tratando nuevamente de trazar una línea, Tae-hyun respondió con calma:

“Si alguien cae frente a ti en la calle, lo ayudarías. No eres peor que un transeúnte, ¿verdad?”.

Con su actitud descarada, que no parecía inmutarse, Yeon-woo sintió cómo su ira comenzaba a hervir. A pesar de que se sentía mareado y débil, un deseo feroz comenzó a nacer dentro de él. Estaba tratando de terminar con él, de alejarse de su vida, pero Tae-hyun seguía apareciendo de manera indiferente, diciéndole lo que quería. Sentía un deseo bajo y vil de herirlo, de hacerle daño. Enfrentarse con este sentimiento de desesperación le hizo apretar los ojos con fuerza.

“¿Al menos no vas a decirme dónde estamos?”.

Con la esperanza de que el mareo pasara, Yeon-woo susurró mientras se sostenía del coche. Aunque pensó que Tae-hyun quizás no lo escucharía, la respuesta llegó de inmediato. Lo curioso fue que Tae-hyun parecía tener una expresión extraña, llena de sufrimiento.

“… Mi casa”.

“¿Aquí?”.

El lugar no era una villa en las afueras de Seúl, sino un edificio residencial de lujo. Yeon-woo sintió un sabor amargo en su boca, como si hubiera escuchado una broma de mal gusto. Sin poder evitarlo, soltó una pequeña risa sarcástica.

“Así que por eso no hablabas”.

Hoo. Suspiro profundamente mientras se endereza. Su ropa, que estaba hecha un desastre por el largo día, la sacudió con la mano, como si intentara mostrar lo arruinado que estaba todo.

“Así que has comprado una casa como esta”.

“… ¿?”.

Yeon-woo levantó la cabeza, su rostro ya enfriado y distante.

“¿Te encontraste con alguien aquí?”.

“... ¿Qué?”.

El desprecio claro en el rostro de Yeon-woo hizo que Tae-hyun se congelara por un momento. Pero luego, al darse cuenta de lo que había malinterpretado, su expresión también se endureció. Se sentía bastante injusto.

“¿Piensas que estuve con alguien? ¿Con Park Haejin? ¿O con otro idiota?”.

Tae-hyun dio un paso hacia Yeon-woo, acercándose mucho más rápido de lo que esperaba. Yeon-woo frunció el ceño y lo empujó débilmente. Pensaba que Tae-hyun se quedaría donde estaba, pero en lugar de eso, él retrocedió, tal como Yeon-woo lo empujaba.

“No te acerques”.

“… De acuerdo. No lo haré”.

“….”.

“Entonces, entra. Come algo, duerme bien”.

¿De verdad creía que podría descansar en una casa desconocida? ¿O simplemente quería creerlo? O tal vez, al final, lo que despertaba en él era un deseo posesivo hacia Yeon-woo.

Mientras sus deseos de alejarse y el cansancio de querer descansar se enfrentaban, Tae-hyun tomó suavemente la muñeca de Yeon-woo.

“Ya es tarde, será difícil volver”.

“….”.

El cielo ya se había oscurecido por completo. Así que lo que decía Tae-hyun no era completamente falso. Yeon-woo no dijo nada más, solo suspiró, pensando que, si no fuera por Tae-hyun arrastrándolo, no habría terminado así.

“Solo por hoy. Como ya es tarde”.

“… Este es el lugar”.

Tae-hyun la condujo hacia un ascensor privado en un rincón del estacionamiento. Cuando acercó su teléfono al terminal del ascensor, éste comenzó a subir automáticamente hasta el piso que habían seleccionado. Yeon-woo no pudo esconder su sorpresa.

“¿Cuándo te volviste tan rico?”.

Con la sorpresa, las palabras salieron de sus labios sin quererlo. De inmediato se dio cuenta de su error, pero ya sabía que Tae-hyun lo había oído. Sin decir palabra, él abrió la puerta y la condujo dentro.

Clack.

El sonido de la puerta cerrándose fue agudo, pero Tae-hyun la bloqueaba de manera que no podía ver el vestíbulo.

“Entra. No hay nada especial”.

Esas palabras rasparon extrañamente el corazón de Yeon-woo. Aunque sabía que no debía comparar, de repente se sintió como si él, que había estado ahorrando con tanto esfuerzo para crear un hogar para ambos, fuera ridículo. Frente a Tae-hyun, todo lo que él tenía parecía carecer de valor. Su casa, sus bienes, incluso su cuerpo.

¿Será por complejos de inferioridad? No quería mostrar cómo se sentía, así que entró en la casa en silencio, quitándose los zapatos. Al ver lo vacío del lugar, que parecía recién mudado, su furia comenzó a calmarse ligeramente.

En ese momento, Tae-hyun extendió la mano hacia su delgada chaqueta. Yeon-woo, sorprendido, se encogió de hombros y se giró, mientras él mostraba una expresión algo avergonzada.

“Solo quería tomar tu abrigo…”.

“...”.

“El cuarto más al fondo es el mejor. Ahí estarás más cómodo”.

Tae-hyun señaló hacia el pasillo. Yeon-woo siguió su dedo, y él, con más cuidado, trató de tomar el abrigo de Yeon-woo.

“Quítatelo. Lo dejaré en el armario”.

“… Lo dejaré en el cuarto”.

Fue un pensamiento extraño, pero en ese momento, Tae-hyun le dio la impresión de ser un leñador que intenta robarle la capa de un hada. Yeon-woo, apretando su abrigo con fuerza, giró su cuerpo. Tae-hyun, al quedarse con las manos en el aire, se quedó con una expresión rígida, pero Yeon-woo no pudo ver la confusión que sentía.

Al abrir la puerta del cuarto más al fondo, Yeon-woo sintió un aroma familiar que lo hizo detenerse por un momento. El dulce aroma que siempre había asociado con Tae-hyun estaba impregnado por todo el cuarto, y de repente comprendió lo que había estado oliendo todo este tiempo.

“No era solo el olor de su piel…”.

Siempre había pensado que el olor de Tae-hyun era dulce, pero ahora se dio cuenta de que en realidad era una mezcla de feromonas. Había estado demasiado distraído para conectarlo antes, pero ahora, en su confusión, todo cobraba sentido.

“Así que mi sentido de percepción se ha agudizado, aunque no haya experimentado los efectos todavía”.

Cuanto más lo pensaba, más extraño le parecía. Si esto hubiera sucedido antes de su separación, habría sido algo profundamente conmovedor. Pero ahora, después de que su relación se hubiera fracturado, todo eso solo servía para aumentar su tristeza.

El aroma que llenaba la habitación ayudó a calmar el malestar que sentía en su estómago. Aunque le parecía una ironía, no podía dejar ir esa sensación de paz que, después de tanto tiempo, finalmente había encontrado.

Y así, sin darse cuenta, Yeon-woo se quedó dormido.

***

Después de que Yeon-woo entrara en la habitación, Tae-hyun permaneció en el pasillo durante un buen rato, mirando la puerta. Estaba preocupado de que Yeon-woo no pudiera soportarlo más y saliera corriendo, o incluso que se desmayara dentro. Lo había arrastrado hasta aquí, a pesar de que Yeon-woo estaba demasiado agotado para resistirse, pero ahora, al estar sentado en un lugar tan extraño, podría recuperarse y estallar de rabia.

Sin embargo, no importaba cuánto esperara, la puerta no se abría. De hecho, estaba empezando a dudar si Yeon-woo siquiera estaba dentro. Todo estaba tan silencioso que ya no podía asegurarlo.

“….”.

Finalmente, Tae-hyun dejó escapar un suspiro de alivio y bajó la cabeza.

Con la tensión disminuyendo, recordó la cara de Yeon-woo, quien lo había mirado con furia en el baño del orfanato. Un rostro que no veía desde hacía mucho tiempo, pero aún tan vívido. Sí, Yeon-woo era alguien que podía enojarse de esa manera. Era como si acabara de darse cuenta de algo muy tarde.

Eso significaba que Yeon-woo había estado soportando mucho más de lo que pensaba frente a él. Esa comprensión, tan obvia pero dolorosa, lo hizo sentir como si algo se estuviera desangrando dentro de él. No había forma de expresar eso solo con unas palabras de disculpas. La desesperación lo invadió.

“…Debo. Debo hacer sopa”.

Girando lentamente, Tae-hyun comenzó a pensar en los ingredientes que tenía en la nevera. Hacía tiempo que había planeado llenar esta casa y traer a Yeon-woo aquí.

Sus manos, al preparar los ingredientes, se movían rápidamente. Quería terminar de cocinar y tener una excusa para ver a Yeon-woo. La persona que antes podía ver en cualquier momento, ahora solo podía encontrarla con mil excusas.

“Al menos, si su cuerpo mejora…”.

Si el cuerpo que se había deshecho por su culpa mejoraba, tal vez Yeon-woo dejaría de rechazarlo. En ese caso, debería retirarse en silencio si él le pedía que se fuera. Se dijo a sí mismo, repitiendo esa decisión mientras removía la sopa, su corazón palpitando con ansiedad.

Con prisa, terminó de cocinar y se paró frente a la puerta de Yeon-woo.

“Voy a entrar”.

No podía pedir permiso, solo lo dijo como un aviso. Si le preguntaba, Yeon-woo probablemente diría que no lo dejara entrar, que no le importaba si comía o si moría de hambre.

Sin embargo, para su sorpresa, la puerta permaneció completamente silenciosa.

“…Yeon-woo. Voy a entrar”.

¿Está enojado y por eso no responde? Ignorando el dolor en su pecho, Tae-hyun abrió lentamente la puerta. No sabía qué expresión poner, pero en el momento en que vio a Yeon-woo tirado en el suelo, la ansiedad se disparó.

“¡Kim Yeon-woo!”.

¡Crash, clink!

Con el sonido estridente de platos cayendo al suelo, Tae-hyun gritó su nombre, como si le arrebatara el aliento.

Su corazón se detuvo. Taeh-yun dejó caer lo que tenía en las manos y corrió hacia la habitación. Al ver a Yeon-woo tirado frente a la cama, no podía pensar en nada. Su mente se nubló por completo.

De rodillas, levantó el cuello de Yeon-woo y lo abrazó. Su cuerpo, que solía ser tan familiar, estaba flácido, y el sudor frío comenzó a resbalar por su espalda. Era mucho más liviano de lo que recordaba, y su corazón volvió a latir con fuerza.

“¿Por qué, por qué así? Yeon-woo. Kim Yeon-woo”.

No pudo evitar que su voz temblara. En cuestión de segundos, una tormenta de pensamientos invadió su mente, pero ninguno tuvo sentido. ¿Ha pasado algo grave? ¿Le dio demasiado estrés a alguien que ya no estaba bien de salud? ¿O acaso estaba tan impactado por estar en el mismo lugar con él?

¿O tal vez… su feromona artificial no estaba bien ajustada y causó un choque por estar tan cerca de la suya?

Los temblores en sus manos empeoraron mientras sostenía el cuerpo de Yeon-woo. Sintió que si no lo abrazaba con más fuerza, lo perdería de inmediato.

“…Ugh”.

Los párpados de Yeon-woo se agitaron y emitió un suave gemido. Fue en ese momento cuando la mente de Tae-hyun comenzó a enfocar, volviendo a la realidad.

La voz que había intentado pronunciar su nombre sonaba extraña, como si algo en su garganta estuviera roto.

Poco a poco, Yeon-woo despertó, sobresaltado por la extraña sensación en su cuerpo. A pesar de que Tae-hyun lo estaba sosteniendo, él no lo soltaba y trató de tragar las emociones mientras le preguntaba.

“… ¿Por qué estás así?”.

Su garganta estaba seca, las palabras apenas salían.

“¿Y tú? ¿Por qué… suéltame?”.

Cuando Yeon-woo intentó apartarse, Tae-hyun apretó la fuerza en su brazo. Sin embargo, rápidamente quitó las manos, sin poder soportar la expresión distante de Yeon-woo.

La distancia entre ellos se hizo tan clara que lo golpeó como una bofetada. De repente se dio cuenta de lo lejos que estaban ahora.

“…Pensé que te habías desmayado. Eso es todo”.

Un montón de palabras se quedaron atrapadas en su garganta, pero solo salió esa excusa, como si fuera un balbuceo. Después, mordió sus labios, dejando escapar una sensación de desesperación. Rápidamente se giró y comenzó a recoger los trozos de platos rotos. Sin poder sentir nada, las piezas afiladas cortaron sus manos, pero no sentía nada.

“… ¿Hiciste todo eso…?”.

“Ya lo recogí. No te muevas, todavía hay trozos rotos”.

Tae-hyun, que había estado desesperado por acercarse, comenzó a alejarse, temeroso de que Yeon-woo se acercara. Echó los restos en el cubo de basura, los lavó rápidamente con agua y, tomando una toalla, respiró hondo antes de regresar a la habitación.

Cuando entró, trató de evitar la mirada de Yeon-woo, que lo observaba con cara de sorpresa. Se apresuró a limpiar el suelo, mientras que la voz de Yeon-woo sonó con tono sombrío.

“No duermas en el suelo, vas a empeorar”.

“… ¿Eh?”.

“Siéntate. Voy a calentar la sopa otra vez”.

Mientras observaba la espalda de Tae-hyun cerrando la puerta en silencio, Yeon-woo parpadeó, atónito. ¿Había ocurrido algo mientras él dormía? No podía entender el comportamiento tan inquieto de Tae-hyun. ¿No era siempre alguien tan sereno y grande frente a él?

“… ¿Por qué está actuando así?”.

Como si estuviera siendo atraído por un imán, Yeon-woo abrió la puerta y salió al salón. Con pasos pesados, se acercó, y vio cómo Tae-hyun se sobresaltaba al oír sus pasos resonar.

“No te preocupes. No tengo ganas de comer”.

No tenía fuerzas para comer. Prefería retomar el sueño que había perdido. El descanso que había sentido después de tanto tiempo fue tan dulce que se sintió un poco avergonzado por haber estado tan enfadado de no querer entrar a esta casa.

Sin esperar respuesta, se dio media vuelta para irse, pero la pregunta de Tae-hyun lo alcanzó.

“¿Por qué no comes?”.

Su voz sonaba diferente, floja, algo que no esperaba de él. Tae-hyun normalmente habría ordenado que comiera a la fuerza, pero esta vez la voz sonaba débil, lo que hizo que Yeon-woo volviera a mirarlo.

“Si no quieres comer, no lo hagas”.

Pero, a pesar de la voz apagada, lo que dijo sonaba como una amenaza.

“… ¿Vas a mantenerme cautivo?”.

La reacción afilada de Yeon-woo hizo que Tae-hyun, en cambio, recobrara algo de compostura y lo mirara con su típica indiferencia.

“Te dije que te dejaría ir cuando estuvieras bien”.

“… ¿Y tú qué autoridad tienes para hacer eso?”.

La pregunta, lanzada con tono impasible, era más afilada que cualquier otra. Tae-hyun intentó ignorarla, girando la cabeza.

“Ya está todo listo. Siéntate en la mesa”.

¿Siempre había sido tan incomprensible? La falta de comunicación de Tae-hyun hizo que el pecho de Yeon-woo se sintiera pesado.

Quería gritar que no, pero ni siquiera recordaba la última vez que había levantado la voz, así que, entre el sentimiento de desánimo y algo de irritación, se dejó llevar por la sensación de confusión. Y, a pesar de todo, el aroma de la sopa que Tae-hyun había preparado lo tentó, llenando la habitación con su fragancia.

Antes, cuando estaba solo, incluso el olor de la comida le causaba náuseas, pero ahora no podía entender por qué ese olor le resultaba tan delicioso. Atrapado en su propia confusión, vio a Tae-hyun, quien había colocado la sopa en la mesa en silencio y sacaba una silla para sentarse.

“Siéntate. La sopa está tibia, no está tan caliente”.

“….”.

Sí, lo que era incómodo y difícil era Tae-hyun, no él. Con un sonido algo más fuerte de lo habitual, Yeon-woo empujó la silla y se sentó con un golpe. Se sintió como un estudiante obligado a venir a una consulta en la escuela, y esa sensación lo dejó desconcertado.

Al final, como el estudiante obligado a hablar, Yeon-woo comenzó a comer la sopa con desdén, llenándose la boca de forma desafiante.

“¿Cuántas veces al día tienes que tomar la medicina?”.

Verlo preocuparse por él de esa forma le pareció tan absurdo que una pequeña risa escapó de sus labios.

“¿Qué pasa? ¿Me vas a forzar a tomarla también?”.

“….”.

Esperaba que Tae-hyun respondiera con algo como “Sí, claro que sí”, pero sorprendentemente, él no dijo nada. Yeon-woo tragó la sopa que le quedaba en la boca y lo miró fijamente, como si estuvieran teniendo un duelo de miradas.

“Lee Tae-hyun”.

“La sopa. Aún queda mucho”.

Sentía como si estuviera hablando con un robot programado solo para alimentar a alguien. Su actitud, consistente y constante, acabó con cualquier chispa de rebeldía que quedaba en Yeon-woo. Finalmente, dejó la cuchara en la mesa, se levantó sin decir una palabra y se fue a su habitación.

¡Bang! El sonido de la puerta cerrándose resonó levemente. Esa pequeña vibración, tan típica de Yeon-woo, hizo que la cara de Tae-hyun se llenara de amargura, como si se hubiera acumulado una capa de frustración sobre su rostro. Era la expresión de un niño que acaba de perder a sus padres, llena de arrepentimiento y temor.

Así terminó ese largo y agotador día.

***

"Yeon-woo".

Su voz, desde algún momento, se convirtió en algo que, solo al escucharlo, le hacía retorcerse de dolor, como si estuviera raspando la piel con una lija.

"Si me dejas, no podrás ser más que un simple ser humano".

El subdirector del orfanato, quien, a pesar de mostrar una fachada amable, era más violento que nadie.

"Seres como tú son monstruos. Nos dividen entre alfa y omega".

Él era un monstruo que entendía el poder de las palabras.

"Vivirás toda tu vida como un beta, y como maestro".

Las palabras pegajosas, como serpientes que se enroscan alrededor del cuerpo, se convirtieron en maldiciones y grilletes que atraparon el cuerpo del joven Yeon-woo. Era como si estuviera siendo sometido a una tortura cruel, como si sus extremidades estuvieran atadas, enfrentándose al miedo de la muerte.

"No… no quiero… no quiero…".

Había mostrado su corazón por primera vez a un adulto, pero lo que recibió fue solo explotación fría. Aunque tarde, intentó sacar la última pizca de coraje para defenderse. Intentó recordar la cara de Tae-hyun, que había pisoteado y aplastado el dulce que el subdirector le había dado, y fruncía el ceño de rabia.

Desde fuera, el bullicio de los niños disfrutando del campamento se oía alegremente. En la oscuridad que comenzaba a caer, parecía que ellos vivían en el paraíso.

¿Sería porque era un niño malo, como decía él, que terminé así? ¿Cuándo terminaría esta "redención" que mencionaba? Aunque no pudiera integrarme con los demás, solo quería regresar a esos días en los que, al menos, podía mirarlos desde lejos.

"Suéltame, por favor. Ya no quiero esto…".

Cuando Yeon-woo luchó y torció su cuerpo con todas sus fuerzas, la sonrisa como una máscara que cubría el rostro del subdirector se rompió de repente.

"Has aprendido muy malos hábitos".

"¡Ugh!".

"Voy a limpiarte esa suciedad. ¿Vale?".

Con los ojos más perdidos de lo usual, el subdirector apretó la cara de Yeon-woo con sus manos brutales, hasta casi asfixiarlo. Extrañamente, la cara de Tae-hyun, que había estado furioso con el rostro enrojecido, se superpuso con la de la criatura monstruosa ante él.

***

Tae-hyun estaba de pie frente a la puerta cerrada, como si estuviera clavado al suelo. Aunque había insistido en traer a Yeon-woo, ahora no sabía qué hacer. Se sentía como un barco sin remo.

Incluso si me odiaba.

Quería ayudarlo a recuperar su salud, incluso si tenía que hacerlo de manera obstinada. Kim Yeon-woo nunca había sido bueno cuidándose a sí mismo. A veces comía alimentos nutritivos, pero eso era más bien compartir las sobras mientras Tae-hyun cuidaba su propia salud.

"Este maldito sabe eso".

Después del estreno de El verano pasado, se comportó como si estuviera poseído. Como un cuervo buscando algo brillante en algún lugar. Ahora comprendía que, en ese momento, Yeon-woo también estaba esforzándose por encontrar su propio equilibrio.

Había llegado hasta aquí, pero ¿sería capaz de aceptar algo más de él?

Siempre pensó que estaría a su lado, pero al final fue Yeon-woo quien decidió alejarse. Si insistía más, no sabía qué decisión extrema podría tomar él, y eso le daba miedo.

"Yeon-woo".

Susurró su nombre cerca de la puerta, apoyando su frente contra él. No sabía si quería que lo oyera o si prefería que no lo oyera, pero su llamada salió lentamente, desvaneciéndose en el aire.

Sigh...

Suspiró profundamente, como una costumbre que lo aliviaba un poco, y se quedó allí durante un rato. Cuando pensó que Yeon-woo no iba a salir de la habitación, levantó lentamente la cabeza.

"…No quiero…".

La voz ahogada de Yeon-woo, acompañada de sollozos, llegó desde adentro. Era un llanto tan pequeño que si no estuviera tan cerca de la puerta, no lo habría oído.

"…".

La debilidad en esa voz hizo que, sin darse cuenta, Tae-hyun apretara los dientes. Cuando vivían en el orfanato, Yeon-woo solía llorar de esa manera por las noches. Siempre cuando el subdirector le causaba pesadillas.

Quizás porque hoy escuchó que ese hombre seguía vivo. De repente, una ola de resentimiento hacia el director del orfanato lo invadió. Tae-hyun, sin pensarlo, abrió la puerta en silencio.

La habitación estaba muy oscura, y Yeon-woo, acurrucado en la cama, parecía haber sido devorado por esa oscuridad. Extrañamente, su corazón se hundió.

"No lo hagas…".

Yeon-woo, temblando como un perrito abandonado, entró en la visión congelada de Tae-hyun. Después de una pausa, Tae-hyun se acercó rápidamente y le acarició el cabello empapado en sudor frío.

"Yeon-woo".

"…Hhh…".

"Está bien. Solo fue un sueño".

Pero al decir eso, no pudo evitar reírse amargamente de sí mismo.

Yeon-woo probablemente estaba sintiendo el dolor de una pesadilla real, pero él estaba sentado allí cómodamente, diciendo que estaba bien. ¿Qué cambiaría con esas palabras? Tal vez solo serviría para aliviar un poco su propia culpa.

Finalmente, Tae-hyun apretó los ojos con fuerza y comenzó a sacudir suavemente el hombro de Yeon-woo.

"Levántate. Kim Yeon-woo".

"…".

"Ese maldito… lo mataré de verdad esta vez".

Había visto esa cara repulsiva envuelta en llamas.

¿Será que, por el hecho de que era un recuerdo de hace más de veinte años, algo en su mente se había distorsionado? Mientras tragaba su furia, sacudió los hombros de Yeon-woo. Quizás por la rabia, sintió un dolor punzante en su nuca.

"…Ah. Maldito".

Sin darse cuenta, estaba liberando feromonas. Hacia Kim Yeon-woo.

Las feromonas podían liberarse por varias razones, pero para Tae-hyun, que solo había conocido a Yeon-woo, las feromonas eran solo un símbolo de su vínculo. Al aferrarse a una persona que sufría y sentirse como si él mismo estuviera excitado, Tae-hyun se sintió asqueado consigo mismo. Mientras trataba de contener las feromonas rápidamente, fue cuando sucedió.

"…Ugh…".

Yeon-woo, que antes lloraba de manera ahogada, comenzó a acercarse lentamente a los brazos de Tae-hyun, como si pudiera sentir las feromonas. Al inhalar profundamente, sus sollozos empezaron a calmarse. Ante esa escena milagrosa, Tae-hyun se quedó congelado.

"¿Tú… acaso…?".

¿Podría ser que ahora podía sentir las feromonas? ¿Por esa maldita intervención?

Si esto hubiera sido antes, Tae-hyun habría estado feliz, pensando que Yeon-woo finalmente se había manifestado como un omega, y habría celebrado. Pero ahora, solo sentía miedo. Le aterraba pensar en cómo Yeon-woo, en su estado tan vulnerable, podría cambiar.

Pero cuando Tae-hyun finalmente logró contener las feromonas, el rostro de Yeon-woo, que había comenzado a relajarse, volvió a torcerse. Al ver su ceño fruncido, Tae-hyun, temeroso, liberó de nuevo sus feromonas.

"…Ugh".

El flujo de feromonas le causaba dolor, como si lo apuñalaran con un cuchillo. El dolor desconocido lo hizo sudar frío, pero no dejó de liberar las feromonas.

"…Yeon-woo, ¿esto te ayuda?".

"…Ugh".

El rostro que se había contraído de dolor se relajó, y Yeon-woo exhaló una respiración tranquila. Los ojos rojos comenzaron a recuperar su color original, y Tae-hyun, sin pensar, acarició los párpados de Yeon-woo. Ahora, su piel estaba más delgada, y la sensación al tocarla le pareció aún más cruel.

"Al menos en esto soy útil para ti".

"…".

"Qué ridículo".

Apretando los labios para soportar el dolor, continuó liberando las feromonas. Aunque al principio era difícil, poco a poco parecía acostumbrarse al dolor. Tae-hyun miraba a Yeon-woo, que estaba jadeando y exhalando colores, y murmuraba para sí mismo.

"Si me esfuerzo más, ahora… ¿me verás de nuevo?".

"…".

"Pensaba que el amor no era algo que se pudiera forzar, Yeon-woo".

"…".

"Era una tontería. Solo las palabras de un perezoso".

"…".

"Siempre… perdón por llegar tarde".

Tae-hyun se dio cuenta, demasiado tarde, de lo que realmente importaba.

Después de haber entendido lo mal que estaba Yeon-woo cuando era niño, prometió no volver a cometer el mismo error. Pero como un maldito cuervo, se obsesionó con perseguir algo brillante y, al final, dejó escapar el tesoro que tenía en sus manos.

Finalmente, el dolor de su nuca, cada vez que liberaba feromonas, le pareció una pequeña redención. La burla de Kang Seokyeong resonó vagamente, pero se desvaneció rápidamente frente al dolor.

"Siempre busco respuestas equivocadas".

"…".

"¿Qué pasará esta vez, hm?".

La mano de Tae-hyun que acariciaba los ojos de Yeon-woo lentamente pasó por su cabello sudoroso. Mientras deseaba que este extraño y pacífico momento no terminara nunca.

***

Yeon-woo despertó sintiéndose más liviano, como hacía mucho tiempo no lo hacía. El dolor constante de su cuerpo y la punzada en su abdomen se habían calmado, lo que le dio una sensación de desconcierto, como si todo fuera un sueño. Al desaparecer el dolor físico, su mente se despejó, y pudo ver con claridad lo mal que se encontraba emocionalmente. Se dio cuenta de que, a pesar de haber seguido a Tae-hyun hasta aquí, lo había hecho sin saber muy bien por qué, como si estuviera completamente acorralado.

Se levantó de la cama, encontrándose en medio de la habitación, aún impregnada con el aroma de las feromonas de Tae-hyun. Quizá era por ser un alfa dominante, pero esa fragancia permanecía mucho tiempo en el aire, lo cual le sorprendió. Le resultaba familiar, tanto la fragancia como el hecho de que su cuerpo, ahora alterado por las feromonas artificiales, no las rechazaba. Eso provocó que una alarma sonara en su cabeza, si se quedaba allí, inevitablemente terminaría aferrándose a Tae-hyun. A pesar de las palabras crueles que le había lanzado en el pasado, siempre había estado cerca de él. Fue precisamente para no convertirse en un obstáculo en su vida que había huido desesperadamente, pero si seguía en ese lugar, acabaría cediendo, sin poder evitarlo.

"No puedo hacer eso".

Aunque le había hecho mucho daño, Tae-hyun había sido la persona que más le dio. Si no hubiera sido por él, su vida se habría desmoronado bajo la explotación del director del orfanato y la indiferencia de los demás. No quería convertirse en un obstáculo para Tae-hyun.

"Tienes que volar más alto y más lejos".

Quería convertirse en alguien que pudiera ver a Tae-hyun desde cualquier lugar, pero para eso tenía que irse de allí. No quería pensar en quién podría haber estado en esa casa, ni en con quién había compartido risas o conversaciones. Después de la despedida, no quería imaginarse esas cosas.

Finalmente, con una determinación clara, como un general listo para la batalla, apretó los puños y abrió la puerta, saliendo al exterior.

Un aroma a comida deliciosa llenaba la casa.

"¿Ya despertaste?".

Tae-hyun, que estaba cocinando en la cocina, preguntó sin girarse. Sin responder, Yeon-woo se sentó en la mesa. La mesa sencilla, que no encajaba con la lujosa casa, le recordó a sí mismo, como si fuera una extensión de su propia vida.

Tae-hyun, sin esperar respuesta, colocó un tazón de sopa de algas ya preparada frente a Yeon-woo y frente a él. Su gesto era tan natural, como si hubieran cenado juntos ayer o anteayer.

"Come. Aunque no te guste".

Mientras Tae-hyun levantaba la cuchara, Yeon-woo notó que su rostro estaba pálido. ¿Acaso no había dormido bien anoche? El vendaje en su cuello parecía nuevo. ¿Será que la herida no había sanado completamente? Pensó en eso mientras sacudía la cabeza, queriendo dejar esos pensamientos atrás.

"Ya basta. No sigas pensando en eso, Kim Yeon-woo".

Sin poder evitarlo, su concentración se desvió hacia Tae-hyun una vez más. Sabía que si continuaba de esa forma, todo seguiría igual. Respiró profundamente y se preparó mentalmente.

"Tienes muchas heridas".

Trató de hablar sin aparentar, mirándolo mientras decía esas palabras.

"Colócate bien el vendaje. No eres un actor, ¿qué es eso?".

Tae-hyun, que estaba por llevarse la cuchara a la boca, levantó la mirada lentamente, como si estuviera sintiendo la tensión en sus palabras. Su actitud parecía apagada, y eso desordenó los pensamientos de Yeon-woo.

"... Si me lo pones tú, sería mejor".

"¿Por qué debería hacerlo yo?".

"....".

"Pregúntale a Park Haejin".

Yeon-woo se dio cuenta de que esa no era la respuesta que quería dar. ¿Desde cuándo se había convertido en alguien tan rencoroso? Un suspiro largo escapó de sus labios, mientras Tae-hyun, sin mirar, mordía sus labios con fuerza, mirando hacia otro lado.

"Lo siento, por todo eso".

"... ¿Qué?".

Yeon-woo se sorprendió al escuchar esas palabras y sus ojos se abrieron de par en par.

"Lo siento. Por hacerte preocupar por alguien como él".

"...".

"Por haberte dejado espacio para que me malinterpretaras".

Tae-hyun parecía totalmente diferente de ayer, su postura completamente hundida, como si esperara un veredicto. Su figura encorvada era tan ajena que Yeon-woo no pudo evitar mirar su rostro confundido. Aunque parecía un poco más saludable que ayer, su rostro brillaba con una intensidad extraña, lo que hizo que Tae-hyun apretara sus labios con más fuerza. Con manos temblorosas, como un estudiante que confesaba su error por primera vez, apretó sus rodillas.

"Está bien, ya".

Sin embargo, la respuesta de Yeon-woo, calmada y sencilla, sorprendió a Tae-hyun. No hubo acusaciones, ni gritos, ni lágrimas. Tan solo esas palabras tranquilizadoras: "Está bien, ya".

Extrañamente, en ese momento, Tae-hyun sintió una extraña caída en su pecho, como si su corazón cayera al escuchar esas palabras, como cuando escuchó el llanto de Yeon-woo la noche anterior.

Yeon-woo, en silencio, observó el cambio en Tae-hyun. Ya no había palabras de consuelo ni de alivio. La transformación de Tae-hyun, ahora claramente visible, le hizo comprender lo que había hecho mal, y cómo había alejado a esa persona que, de alguna manera, siempre había estado cerca.

"Ah".

Ahora entendía qué había arruinado. Entendía a quién había rechazado cuando extendió su mano en busca de consuelo. Un profundo sentimiento de angustia invadió su pecho, y el ardor en sus ojos se volvió más intenso.

Después de unos momentos de silencio, Yeon-woo se levantó de la silla y empujó su silla hacia atrás.

"Me voy a casa".

"... No puedes".

La voz de Tae-hyun sonó con un tono reprimido, como si hubiera sido golpeado en el pecho, y esas palabras escaparon sin que pudiera evitarlo.

Aunque sus palabras sonaban decididas, su voz temblaba débilmente, como si ya supiera el final y estuviera triste por ello.

"No voy a hablar de ti. ¿Para qué lo haría?".

Las palabras de Tae-hyun, que le habían salido como si fueran desechos, regresaban tal cual. Ah, ¿cómo debería describir este sentimiento? Es solo una palabra, tal vez algo sin importancia. Eso pensaba, pero escucharla le hacía sentir como si él mismo se estuviera ensuciando.

"Esas palabras... fueron un error".

Parecía que su garganta se había apretado, y aunque intentó justificarse, Yeon-woo solo lo miró fugazmente, luego giró la cabeza y se apartó.

"... ¿Por qué siempre tienes tantas cosas malas que decirme?".

Yeon-woo sonreía. Era como si estuviera completamente desapegado de Tae-hyun, como si lo hubiera dejado ir sin pensarlo dos veces.

Tae-hyun simplemente se quedó congelado frente a él.

"Te repugna, lo sé, pero eso es lo único que he aprendido".

"...".

"Dicen que incluso los errores pueden tener alguna intención, ¿no? Freud lo decía".

"Yeon-woo...".

"Entiendo que ahora me odies. Lo entiendo".

La sonrisa débil de Yeon-woo se desvaneció.

"Siempre he sido una persona difícil, una carga para todos".

"...".

"En el pasado y en el presente siempre ha sido así. Solo creí que tú lo entendías".

"No es así".

"Tú solo... me aguantaste, ¿no? ¿Verdad?".

Las palabras, que hasta ese momento habían fluido sin mayor esfuerzo, se cortaron de golpe. Yeon-woo mordió su labio con fuerza. Las lágrimas que había estado conteniendo finalmente empezaron a salir, y sus ojos se enrojecieron.

"Tae-hyun...".

"...".

"¿Por qué pides perdón? ¿Por qué ahora te disculpas?".

"...".

"¿Es porque ahora me ves así que sientes culpa?".

La mirada de Yeon-woo recorrió su propio cuerpo, como si él mismo fuera ajeno a su situación. Con los ojos enrojecidos, sus ojos reflejaban una pequeña dosis de desprecio hacia sí mismo.

"Esto...".

"Yeon-woo, no es eso".

Tae-hyun se levantó rápidamente, tratando de sujetar a Yeon-woo, pero él, con una rapidez sorprendente, dio un paso atrás.

"Fue mi decisión".

"...".

"Tú lo escuchaste todo, ¿verdad? Sabías cómo estaba. Con tu personalidad, probablemente habrías ido a un médico o habrías cambiado las cosas en el centro".

"...".

Yeon-woo, que hasta ese momento había estado con el cuerpo ligeramente inclinado, enderezó su postura. No se dio cuenta de que esa postura lo hacía ver más frágil.

"Esto fue lo mejor que pude hacer, considerando que te amaba".

"...".

"El resultado es mío. No es tuyo".

"..."

"Así que me voy. Este lugar me ahoga".

Yeon-woo levantó la cabeza y miró alrededor de la casa.

"Es extraño".

Mientras observaba a Yeon-woo cerrar los ojos con fuerza y luego abrirlos, Tae-hyun no podía decir nada. Ayer, su boca no se había callado ni por un momento, pero ahora parecía estar pegada, como si le hubieran sellado la boca.

Yeon-woo, mirándolo fijamente mientras él no podía hablar, dio media vuelta. Quería detenerlo mientras se dirigía hacia la puerta, pero de alguna manera su cuerpo no se movió. En el instante en que los ojos de Tae-hyun se llenaron de confusión, sonó el timbre.

Ding dong.

***

“Cuánto tiempo. ¿Has venido a ver a Tae-hyun?”.

El representante de la agencia de Tae.hyun saludó a Yeon.woo como si no supiera nada. Pero fue precisamente esa actitud despreocupada la que le hizo sentir que él sabía mucho más de lo que aparentaba. Yeon.woo asintió levemente para saludar, sintiendo que esa casa le resultaba aún más incómoda.

Luego giró el cuerpo para mirar a Tae.hyun.

“Me voy”.

Otra despedida. Cuántas veces la habían repetido ya. Se estaba volviendo insoportable. ¿Siempre es así de difícil decir adiós cuando una relación lleva tanto tiempo? Con el corazón cansado, soltó un profundo suspiro, pero antes de que pudiera ponerse los zapatos, alguien le sujetó del brazo.

“No. No así”.

“Creo que ya lo dije todo”.

“Espera, solo espera un momento”.

El rostro de Tae-hyun, tenso y urgente, parecía el de un animal acorralado. Por eso Yeon-woo no pudo sacudirse su mano con frialdad.

Tae-hyun llamó al representante, que entraba tranquilamente en la casa.

“¿Qué es esa mirada sucia, Tae-hyun? ¿De verdad vas a hacer esto?”.

La voz del representante, cargada de desconcierto, se desvanecía sin fuerza.

“Ya le dije que me tomaría un descanso por un tiempo”.

El sorprendido fue Yeon-woo. Lo miró con los ojos bien abiertos, fulminando con la mirada a Tae-hyun, que aún lo sujetaba.

“¿Vas a rechazar de verdad la oferta del director Kim? Sabes que aún no estás en posición de hacer eso”.

“No trabajo con nadie relacionado con Park Haejin”.

“Este actor tuyo…”.

“Si me envía otro guion, lo revisaré. Pero no vuelva a aparecer así de repente. Cambiaré la contraseña la próxima vez”.

“Tú, ¡maldito…!”.

“Por favor, váyase. Estábamos teniendo una conversación importante”.

No había ni un gramo de amabilidad en su voz hacia el representante. Al contrario, parecía desprender una frialdad cortante, como si estuviera enfrentándose a un enemigo.

Las miradas de ambos chocaron con violencia. El representante, entonces, lanzó una mirada feroz a Yeon-woo, como si él fuera el culpable de todo. Nada que ver con la actitud amistosa de hace unos minutos.

Tae-hyun se interpuso rápidamente entre ellos, bloqueando la mirada del representante. Este cerró los ojos con fuerza, como conteniendo su ira, y exhaló un largo suspiro.

“Por lo menos, ven a la entrega de premios de fin de año”.

“….”.

“Eres candidato. Si te ausentas de eso también, no me quedaré de brazos cruzados. ¿Entendido?”.

El representante salió de la casa dando pisotones ruidosos, dejando claro su descontento. Solo cuando la pesada puerta se cerró con estrépito, Tae-hyun soltó con cuidado la mano de Yeon-woo.

“Perdón. Si no le digo nada, se pone aún más molesto”.

Tae-hyun se pasó la mano por el rostro con gesto incómodo. Yeon-woo, aún sin comprender nada, le preguntó con una expresión incrédula.

“¿Qué fue todo eso?”.

Se sujetó la muñeca que él había sostenido, apretándola con la otra mano, mientras contenía la emoción en su voz. Pero Tae.hyun no respondió a su pregunta. Solo quería retomar la conversación que tenían antes de ser interrumpidos.

“¿No podrías darme solo una oportunidad?”.

Su voz era apresurada, como si estuviera a punto de perderlo todo.

Yeon-woo lo miró de frente con una expresión completamente incrédulo.

“¿Una oportunidad?”.

Repitió la palabra con una frialdad absoluta.

“Solo ayúdame… a recuperarme…”.

“Lee Tae-hyun”.

Pero su súplica fue cortada en seco antes de que pudiera completarla.

“¿Qué parte de lo que te he dicho no entendiste?”.

Su voz, aunque contenida, dejaba ver claramente la ira. Tae-hyun sintió que algo había salido mal, pero no sabía cómo arreglarlo.

“Me voy”.

La línea trazada con ese tono gélido fue algo que ni siquiera él se atrevió a cruzar esta vez. La feromona que se escapó de él sin darse cuenta siguió a Yeon-woo mientras se alejaba, pero al llegar frente a la puerta cerrada, también se desvaneció, sin rumbo.

***

La casa a la que había regresado después de tanto tiempo estaba impregnada de un silencio extraño.

Aunque tenía la certeza de que Tae-hyun ya no volvería a ese lugar, la sensación era claramente distinta. No era algo que sólo se sintiera al abrir la puerta y entrar: incluso al pasar por el vestíbulo común y subir las escaleras, se percibía la desolación de una casa abandonada por su dueño.

Yeon-woo pasó por todo eso sin prestarle mucha atención, hasta llegar frente a la puerta de su hogar. Se mezclaban en él dos sensaciones contradictorias, una cierta comodidad por estar en casa de nuevo, y al mismo tiempo, una incomodidad que le decía que no debería haber vuelto.

Frente a la puerta había una gran caja de envío que el centro hospitalario había enviado. No recordaba haber llevado tantas cosas consigo como para justificar una caja tan grande. Dudó si abrirla o no, pero finalmente la inspeccionó con la mirada y abrió la puerta.

Cuando se fue de esa casa, creyó que algo cambiaría.

Y sí, había cambiado, pero no en la dirección que él esperaba. Esa realización le pareció irónica.

“Así soy yo…”

Murmuró, rascándose la nuca con una sonrisa incómoda.

Entró y se dejó caer pesadamente sobre el sofá cubierto de polvo. Las partículas flotaban en el aire, y en la pantalla negra del televisor frente a él se reflejaba su rostro distorsionado.

Lo observó por un momento largo y luego echó un vistazo alrededor. Al percibir un leve aroma a feromonas que antes no había notado, arrugó ligeramente la nariz y suspiró.

“Debería mudarme”.

Era evidente que no podía permanecer allí sin pensar en Tae-hyun. Consciente de ello, Yeon-woo empezó a ordenar sus cosas evitando los lugares donde el aroma de Tae-hyun todavía se sentía. Al dejar las pertenencias de Tae-hyun y seleccionar qué tirar de las suyas, las bolsas de basura se llenaron rápidamente.

Ver las bolsas llenas lo hizo sentir sofocado. No tenía muchas cosas, y sin embargo, todo parecía llenarse enseguida. Como si su obstinado corazón se manifestara de esa forma, suspiró profundamente y se levantó.

“En la tienda de conveniencia vendían más bolsas, ¿no?”.

Buscó su billetera, que andaba por ahí, y se dirigió a la tienda más cercana. Quizás por la hora, entre la tarde y la noche, no había nadie en las calles. Antes, eso le habría parecido solitario, hoy, en cambio, le ofrecía un gran consuelo.

Caminando lentamente bajo el viento frío, compró las bolsas y volvió a casa. Al llegar, algo en la caja frente a la puerta le molestó. ¿Estaba así cuando salió? Al observarla, notó que la parte superior de la etiqueta de envío estaba arrancada.

“¿Qué es esto...?”.

Le incomodó, pero no parecía faltar nada. Tal vez simplemente no lo había notado antes, distraído como estaba.

Era frustrante no poder confiar en sus propios sentidos. Decidió dejar de pensar en ello y volvió a entrar.

Por suerte, al ir llenando la nueva bolsa con las cosas que debía desechar, su ánimo fue poco a poco calmándose. No sabía cuánto tiempo había pasado cuando, sintiendo algo de vértigo, cerró los ojos un momento. Cuando los abrió, ya habían pasado dos horas.

“Hora de tomar la medicina…”.

Con el cuerpo cada vez más pesado, se levantó con esfuerzo. Como no había agua en la nevera, tragó las pastillas con agua del grifo y suspiró largamente. Todo parecía estar bien y, al mismo tiempo, sentía una fatiga abrumadora que le hacía querer dejarlo todo.

“¿Será que me está dando depresión…?”.

Aun después de haber sido él quien terminó todo… quizás le costaba aceptar la pérdida.

“Bueno, al menos mi salud ha mejorado mucho”.

Aunque aún no estaba listo para volver a trabajar, vivir ya no era un problema grave, según las palabras del doctor Kang Seokyeong. Esa idea era, de algún modo, un consuelo.

Amarró bien la bolsa y se levantó. Al mirar el apartamento, ahora parcialmente vacío, muchos pensamientos le vinieron a la cabeza. Pensó en las personas que había conocido, aparte de Tae-hyun, el director, el profesor Ha-rang, y Yeji. Al recordar sus rostros sonrientes, una brisa cálida empezó a colarse en su pecho adolorido.

Con ese impulso, encendió el portátil que estaba en la mesa del comedor. Al sentarse frente a él, le invadió una curiosa sensación de alivio, como si hubiese vuelto a una vida cotidiana normal.

Buscó en el tablón de anuncios del congreso algún programa de terapia grupal. En el centro de su mentor aún no había ninguno disponible. Tal vez porque el lugar funcionaba de forma más discreta, recibiendo solo a personas referidas.

Exhalando profundamente para aliviar la tensión, comenzó a escribirle un correo a su mentor. Se sentía algo apenado por no haber contactado antes, pero su ánimo adormecido le permitió ignorar esa incomodidad.

 

Estimado profesor:

Le saluda Kim Yeon-woo.

Espero sinceramente que se encuentre bien.

He sabido de usted ocasionalmente a través del doctor Kang Seokyeong.

Le pido disculpas por no haberme comunicado antes, he tenido muchas situaciones personales.

El motivo de este correo es que me gustaría participar, si es posible en el futuro, en alguna de las terapias grupales que organiza en el centro.

Sé que este mensaje puede parecer repentino, pero usted es la única persona en quien puedo pensar ahora.

Le agradecería mucho si pudiera comprender y aceptar este correo inesperado.

Aunque no sea ahora, realmente me gustaría asistir en algún momento.

Creo que apenas ahora estoy empezando a entender algunas de las cosas que me dijo durante mis sesiones de análisis.

Creí que había vivido con empeño, pero el camino solitario que tomé me hizo entender, quizás tarde, que cuando uno se desvía, no hay nadie que lo ayude a corregirse.

 

Quedo atento a su respuesta.

Le deseo, como siempre, buena salud.

 

Atentamente,

Kim Yeon-woo.

 

Después de escribir el correo rápidamente con lo que le venía a la mente, Yeon-woo lo envió y exhaló profundamente.

En esta casa, incluso el aire parecía impregnado de las feromonas de Tae-hyun.

Si lo hubiese sabido antes, ¿habría cambiado algo? ¿O simplemente habría sido una desesperanza aún mayor?

Mientras divagaba con esos pensamientos inútiles, salió a la entrada.

Trajo la caja de afuera y la abrió con las manos. Al revolver un poco su interior, encontró su celular, aquel que había dejado casi tirado en el centro. Lo miró un largo rato, apagado, y luego lo arrojó de nuevo dentro de la caja. Seguramente tendría que comprarse uno nuevo.

Al ir trasladando los objetos de la caja a la bolsa de basura, Yeon-woo asintió levemente, sin darse cuenta.

Quitar a Tae-hyun de su vida se parecía bastante a esta limpieza. Casi no quedaba nada que fuera completamente suyo. Intentar definirse como Kim Yeon-woo sin Tae-hyun resultaba abrumador.

Amarró bien la bolsa y la sacó. Ya el cielo se había oscurecido.

Yeon-woo exhaló lentamente, su aliento blanco formando una figura nítida que pronto se disipó.

“Tenías razón”.

Sus ojos se ensombrecieron siguiendo el rastro fugaz del vapor.

“Si no hubiera hecho terapia, Yeji tampoco habría acabado así. Y tú no me habrías odiado tanto…”.

Tal vez debería haber sido tu mánager en lugar de tu terapeuta.

¿O eso habría hecho que te cansaras de mí más rápido?

¿O tal vez habría debido buscar esa medicina milagrosa antes?

Esa actitud tan ingenua de esperar a que se manifestara por sí sola… quizá fue lo que precipitó nuestra tragedia.

“...Idiota. Basta. Todo eso son suposiciones inútiles”.

Golpeó ligeramente su cabeza con la palma para dispersar la tormenta de pensamientos y se giró.

Sin saber que, como ese aliento que acababa de exhalar, lo observaban ojos tras el portón común mientras regresaba a su casa.

***

Tae-hyun estaba detenido en un callejón no muy lejos de la casa. Sentado dentro del coche con los cristales fuertemente polarizados, apretó con fuerza el volante al ver a Yeon-woo temblando mientras entraba en casa. Las venas de su mano sobresalieron con tensión.

Si alguien le pidiera que pusiera en palabras por qué había corrido tras Yeon-woo o por qué sentía el pecho tan apretado, no sabría cómo responder. Simplemente había acudido allí con el sentimiento urgente de que, si no lo hacía, se arrepentiría mucho más después.

Quizás era porque Yeon-woo, quien solía explicarle con calma su propio estado cuando todo le parecía confuso y turbio, ahora estaba lejos. Desde que él le anunció la ruptura, sentía que tenía los pies atrapados en el barro, hundiéndose poco a poco en algún lugar oscuro.

Y al darse cuenta de eso, le resultaba tan evidente cuánto se había esforzado Yeon-woo por apoyarlo emocionalmente, que Tae-hyun no podía evitar despreciarse. Ambos eran huérfanos de la misma edad, pero ¿cuánto había luchado Yeon-woo para convertirse en su apoyo emocional? Ahora que por fin lo veía claro, sentía náuseas de sí mismo.

“¿Quién fue el que resultó ser una carga? Como un mocoso en plena adolescencia, haciendo berrinche con los padres...”.

No pudo continuar la frase. Se mordió los labios con tanta fuerza que casi sangró y dejó caer la frente sobre el volante con un golpe sordo. Un suspiro largo y profundo se escapó de sus labios.

Ya no sabía ni por dónde empezar.

Ya habían terminado.

Técnicamente, Yeon-woo lo había dejado, así que lo correcto era aceptar la ruptura y desaparecer en silencio. Y aun así, no podía hacerlo.

Aunque solo fuera hasta que Yeon-woo recuperara su salud.

Solo hasta que el cuerpo que él había arruinado con su maldita "Feromona" se curara.

Se repetía esa excusa como si fuera un mantra, pero el momento en que Yeon-woo le dio la espalda con tanto desánimo, incluso eso se convirtió en una mera justificación egoísta.

“¿Desde cuándo estabas aguantando esto… tú?”.

Solo ver a alguien huyendo, arrinconado por haberlo soportado tanto, le dolía en el alma. ¿Cómo lo había soportado Yeon-woo, todos esos gestos, esas miradas cargadas de hastío?

¿Tenía que soportarlos?

El rostro agotado que aún intentaba mantenerlos unidos, la voz cansada que le propuso matrimonio…

Desde la ruptura, esas imágenes se habían quedado grabadas en sus ojos y oídos, incapaces de borrarse.

“¿Quién fue el que te hizo hartarte? Pégame si quieres. Dime que soy un maldito acosador tipo Misery, que soy un loco. Hazlo, Yeon-woo”. Murmuraba palabras que no serían escuchadas, mirando fijamente la ventana aún iluminada.

¿Y cuánto tiempo pasó así? Justo cuando empezaba a pensar que ya era hora de regresar…

Vio a un anciano hurgando en la basura que Yeon-woo había sacado.

Un anciano con un rostro extrañamente familiar.

La mirada de Tae-hyun se volvió fría y sombría.

***

Cuando regresó tras tirar la basura, encontró un correo de su mentor. Él le había propuesto no una consulta, sino un encuentro. En su centro, las consultas grupales no comenzarían hasta principios del próximo año, pero mencionó que quería invitarlo como co-facilitador en el futuro.

Sintiendo una punzada de culpa por ser tan ingrato, le envió un correo de agradecimiento a su mentor y, al día siguiente, cuando se preparaba para encontrarse con él, salió de casa por primera vez en mucho tiempo, nervioso y apresurado desde la mañana.

Al salir, algo colgaba del pomo de la puerta de entrada.

“… ¿Qué es esto?”.

Era una pesada bolsa térmica.

Con algo de temor, la abrió y dentro encontró un tazón de gachas calientes en un frasco de vidrio.

[Come tanto como me odies. -Tae-hyun.-]

Al ver el post-it amarillo en la tapa, un suspiro de incredulidad escapó de los labios de Yeon-woo. Después de todo lo que había soportado, ¿era así de fuerte la culpa? La actitud persistente de Tae-hyun le parecía simplemente absurda.

“….”.

Con el dedo, Yeon-woo despejó el post-it amarillo y volvió a colgar la bolsa en el pomo de la puerta.

“…Voy a llegar tarde”.

A pesar de sus esfuerzos por no mirar atrás, su cabeza seguía girando hacia la bolsa de gachas colgada, como si la llamara constantemente.

Pero Yeon-woo apretó los labios y siguió bajando las escaleras. Sus pasos no eran tan ligeros como cuando salió de casa, pero convencido de que lo que debía hacer ahora no era lamentarse por lo que había quedado atrás, sino avanzar hacia el futuro.

***

"Kim Yeon-woo, ¿cuánto tiempo ha pasado?".

El consultorio privado que no era el centro dirigido por su mentor se encontraba en un complejo de apartamentos. Yeon-woo, con una expresión algo avergonzada, inclinó ligeramente la cabeza en señal de saludo y entregó el regalo que había traído.

"Cuánto tiempo sin vernos, profesor. ¿Ha estado bien?".

"Claro. Ahora te veo a ti, Yeon-woo, y todo está bien".

Con una sonrisa brillante, el profesor saludó a Yeon-woo y, después de hacer un gesto a la persona que estaba sentada en la sala de estar, lo condujo a una habitación.

"Este lugar también ha pasado mucho tiempo, ¿verdad?".

"No ha cambiado nada".

"Claro. Algo tiene que permanecer igual para que los pacientes se sientan reconfortados cuando vengan de vez en cuando, ¿no? Entra.".

"Sí".

El sentimiento de ver un espacio que no había cambiado en nada, excepto por el paso del tiempo, fue extraño. Era diferente al sentimiento que había tenido cuando se encontró con la oficina del director en el orfanato.

Mientras observaba las arrugas que se habían acentuado en el rostro de su mentor al colocar una taza de té frente a él, Yeon-woo sonrió.

"De hecho, de vez en cuando escucho algo de Seokyeong".

"Ah, ¿es así?"0

"Seokyeong, aunque es algo distante, tiene un corazón amable. ¿Está recibiendo un buen tratamiento?".

"Sí... más o menos".

Al escuchar la palabra "tratamiento", los labios de Yeon-woo, que se habían torcido en una ligera sonrisa, se desplomaron hacia abajo. No es que quisiera hacer algo al respecto, sino que simplemente sus labios se caían, como si contuviera las lágrimas. Al ver la caída de sus labios, el mentor levantó su taza de té.

"Bebe. Hace frío afuera".

Mientras bebía el té, un silencio tranquilo se mantuvo entre ellos.

"Seokyeong me dijo que tomaste una licencia. ¿Estás descansando bien?".

Pero Yeon-woo no pudo responder a esa pregunta. Podría haber dicho algo con palabras vacías para hacer como si estuviera socializando, pero al final, esa sería una respuesta superficial que se descubriría rápidamente.

Al ver a Yeon-woo exhalando silenciosamente, su mentor suspiró levemente y dejó la taza sobre la mesa.

"Preguntar si está descansando bien viendo esa cara, realmente soy un malvado, ¿verdad?".

"Profesor, no es así. ¿Por qué dice eso?".

"No tienes que esforzarte tanto incluso en momentos como este. Este es un lugar seguro, y sé que tú también lo sabes".

"....".

Yeon-woo no pudo responder a esas palabras. Desde el momento en que entró, algo en su estómago había estado inquieto, y ahora se sentía como si estuviera cayendo al mar, con los síntomas empeorando poco a poco.

"Ese amigo...".

"¿Eh?".

La mente de Yeon-woo tardó un rato en entender lo que su mentor quería decir. Ese amigo...

"¿Tae-hyun?".

¿Había escuchado algo diferente de Kang Seokyeong? Al oír el nombre de Tae-hyun, pronunciado con voz firme a pesar de que ya había pasado mucho tiempo desde su análisis educativo, los ojos de Yeon-woo empezaron a temblar sin rumbo.

"Ah... eso...".

De hecho, los ojos de Yeon-woo, que siempre estaban secos, empezaron a arder. "¿Eh...?" En ese momento, las lágrimas comenzaron a llenar por completo los ojos de Yeon-woo y a rodar por su rostro.

"¿Eh? ¿Vas a llorar...?".

Aunque sentía esa sensación en el estómago, no pensaba que hubiera sido algo emocional lo que lo hubiera afectado, pero en un momento inesperado, las lágrimas comenzaron a caer como si se rompiera una represa.

Yeon-woo, avergonzado, intentó secarse el rostro con las manos, y su mentor lentamente empujó la caja de pañuelos hacia él.

"¿Qué sentías en ese momento?".

"......¿Qué?".

"Has pasado por mucho, Yeon-woo".

Kang Seokyeong claramente había dicho algo, pero a Yeon-woo le costaba concentrarse en ello. Al final, fracasó, y las lágrimas que no entendía bien ahora comenzaron a mezclarse con sollozos.

"...Snif...".

Sabía que no era una buena imagen presentarse así, llorando después de tanto tiempo para saludar y pedirle ayuda para la próxima sesión de terapia grupal, pero no podía detenerse. La vergüenza, la tristeza y el impacto de recibir consuelo después de tanto tiempo fueron demasiado para el corazón de Yeon-woo, que se derrumbó por completo.

Hasta que llegara el próximo paciente, Yeon-woo lloró durante largo rato.

***

Con la cara hinchada, Yeon-woo se lavó rápidamente con agua fría en el baño y salió del consultorio casi corriendo. Aunque sentía que las personas que se cruzaban con él en el ascensor del apartamento lo miraban disimuladamente, no podía hacer nada al respecto. Mirara hacia la izquierda o hacia la derecha, su rostro mostraba claramente la huella de un hombre que había llorado sin cesar.

Sin embargo, no se sentía completamente avergonzado, ya que, por alguna razón, el peso en su pecho que había estado allí durante tanto tiempo, como si tuviera una piedra aplastándole el corazón, había desaparecido un poco. Desde que comenzó el aburrimiento de Tae-hyun, empezó a tomar medicinas, y luego recibió un trasplante de feromonas, siempre había tenido esa sensación pesada y ruidosa, como si algo estuviera atascado dentro de él. Ahora, finalmente, eso parecía haberse aliviado.

‘¿Será que tenía tantas emociones acumuladas?’.

Las palabras de consuelo que se repetía a sí mismo, de que todo estaba bien, ahora le parecían irónicas, ya que lo cierto es que no estaba nada bien. Se dio cuenta de lo tonto que había sido, un torpe que no tenía ninguna habilidad para la consulta.

Con una sonrisa irónica hacia sí mismo, Yeon-woo salió del apartamento y entró en la primera tienda de teléfonos móviles que vio.

"Quisiera hacer una nueva suscripción".

Su rostro estaba hinchado y rojo, pero el empleado de la tienda no parecía preocuparse por eso. Le sonrió ampliamente y lo saludó.

"Claro, señor. ¿Hay algún modelo en particular que le interese?".

Yeon-woo echó un vistazo a los modelos expuestos en la vitrina y luego sonrió. Recordó el dinero que había estado ahorrando para comprar una casa en la que viviría con Tae-hyun, y de repente, una extraña sensación lo invadió. La lujosa casa donde había pasado solo una noche con Tae-hyun pasó brevemente por su mente, y sintió una rara impulso.

"Deme el más caro".

Era la primera vez en su vida que, en lugar de adquirir algo que perteneciera a Tae-hyun, compraba algo valioso para sí mismo.